Italia, 1915-1918. El frente del Isonzo (X): la preparación de la sexta ofensiva.

¡Gas! No había sucedido nunca antes en el frente italiano, y hay que decir, en su descargo, que el general Boroevic, al mando de las fuerzas austro-húngaras en el sector, no estaba a favor, pero las órdenes llegaron de arriba y, el 29 de junio de 1916, se abrieron 250 cilindros de gas fosgeno, que descendió sobre las posiciones italianas en torno al monte San Michele.

El testimonio del cabo Valentino Righetti, del batallón Brescia, nos cuenta cómo llegó a una trinchera, durante la noche siguiente, pensando que había sido abandonada por completo dado el silencio que reinaba en ella. Sin embargo, los soldados seguían todos en su sitio, aunque dormidos, un sueño extrañamente pesado. Parece que al cabo le llevó hasta el amanecer descubrir que estaban muertos. Los soldados de la primera línea de trincheras carecían de máscaras antigás o las que tenían eran muy rudimentarias, y se habían asfixiado hasta la muerte. Los de la segunda línea parece que, viendo lo que se les venía encima, decidieron retirarse a toda prisa y, así, los atacantes pudieron cubrir sus objetivos con rapidez y tomar algunas de las posiciones italianas en torno al monte.

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Italia, 1915-1918. El frente del Isonzo (IX): el imperio contraataca.

Debía de tener cierta vena testaruda, el general Cadorna, pues nada más cancelarse la ofensiva de marzo a causa del mal tiempo, empezó a planificar un nuevo ataque, siempre en el mismo sitio, el frente del Isonzo. Quien también planificaba, como vimos en la entrada anterior, era el austríaco Holtzendorff, que estaba concentrando fuerzas para atacar en el Trentino. La noticia, por supuesto, acabó por llegar a oídos del alto mando italiano, y Cadorna ordenó al teniente general Brusati, comandante en jefe del Primer Ejército, que ocupara posiciones defensivas en las alturas de los Alpes tiroleses, y se atrincherara en ellas.

Contraataque italiano sobre el río Posina

Pasó el mes de abril, y preocupado finalmente por el aumento de información sobre la inminente ofensiva austríaca, el generalísimo italiano decidió hacer una pausa en sus preparativos para trasladarse al Tirol, cosa que hizo a primeros de mayo. Allí descubrió que Brusati no había hecho absolutamente nada de lo que le había ordenado, al contrario, había estado planificando un ataque propio, por lo que lo relevó inmediatamente del mando y ordenó a su sucesor que iniciara de inmediato el proceso de atrincheramiento. Pero era demasiado tarde.

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Italia, 1915-1918. El frente del Isonzo (VIII): la quinta batalla

En noviembre pasado os propusimos una serie de pequeños artículos sobre el frente del Isonzo, principal zona de operaciones de los ejércitos italianos durante la Primera Guerra Mundial. Nuestra historia se centró en 1915, el primero de la guerra para este último aliado, y dejamos las batallas siguientes para el futuro. Estos son los enlaces a aquellas entradas.

Italia, 1915-1918. El frente del Isonzo (I).

Italia, 1915-1918. El frente del Isonzo (II): desventajas de los ejércitos enfrentados.

Italia, 1915-1918. El frente del Isonzo (III): el avance inicial.

Italia, 1915-1918. El frente del Isonzo (IV): la primera batalla.

Italia, 1915-1918. El frente del Isonzo (V): la segunda batalla.

Italia, 1915-1918. El frente del Isonzo (VI): la tercera batalla.

Italia, 1915-1918. El frente del Isonzo (VII): la cuarta batalla.

Y retomamos ahora nuestra historia con la quinta batalla del Isonzo, que se desarrollaría entre el 11 y el 16 de marzo de 1916. Pero antes, un interludio que nos vuelva a situar en el campo de la gran estrategia.

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La gran masacre del 88 a. C.

En el año 88 a. C., un nuevo gobernante había conseguido asentarse en el trono del Ponto y aprovechando que en ese momento se enfrentaba a numerosos enemigos tanto externos como internos, en la propia península itálica, y además se debatía en medio de una cruenta serie de luchas civiles por el poder en la propia Urbe, había decidido entrar en guerra con la  República Romana, que podríamos considerar como la superpotencia de la época.

Conocido como «el rey veneno», Mitrídates dedicó toda su vida a inmunizarse contra ellos, y se dice que desarrolló un antídoto universal, conocido como mitridato.

Este era el contexto cuando tuvo lugar uno de los acontecimientos más extraordinarios de la historia de occidente, que sin embargo ha sido curiosamente olvidado a favor de otros similares, más tardíos y de menos entidad, pero que han calado mucho mejor en la imaginación popular. ¿Quién no recuerda el repentino descabezamiento de la Orden Templaria por el rey Felipe el Hermoso y el papa Clemente V? Múltiples leyendas de supervivencia, transformación y ocultismo nacieron de este hecho; pero la masacre de 80 000 ciudadanos romanos e itálicos (150 000 según algunas versiones) en la primavera del año antes indicado ha dado lugar a muy poca literatura, a pesar de la enigmática personalidad del hombre que la organizó: Mitrídates, el rey Ponto.

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El despliegue de los aviones enemigos de la Kido Butai (añadido).

Hace una semana cerrábamos una serie de entradas (ver links al final de este texto) sobre la gestión de los aviones de la Kido Butai, la fuerza aérea de la flota imperial japonesa, exponiendo el largo y farragoso proceso necesario para preparar los aparatos de combate antes de su despegue desde los portaaviones, y como bien comentaban Marco y Dani en el último capítulo de la misma, es interesante hacer una breve mención a las diferencias fundamentales con los portaaviones estadounidenses, sus enemigos y sus vencedores en la contienda en general y en la batalla de Midway en particular.

EL Hornet, uno de los tres portaaviones estadounidenses en Midway

Para empezar, es importante precisar las misiones encomendadas a estos buques por la doctrina estadounidense. Al principio, cuando apenas eran considerados un arma ofensiva, su función fundamental era detectar a distancia la flota enemiga para poder guiar a los buques de guerra hasta ella, enviar a sus aviones a sobrevolar el combate para que ayudaran a ajustar el fuego de la artillería y, finalmente, denegar el espacio aéreo al enemigo para que no pudiera hacer otro tanto.

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El despliegue de los aviones en la Kido Butai (y IV)

Mientras, como hemos visto en las tres entradas anteriores de esta serie, se rellenaban los depósitos de combustible de los aviones, se armaban y luego estos eran alzados hasta las pistas de cubierta, la flota en si maniobraba, separándose los cuatro portaaviones para que sus aparatos pudieran despegar  aterrizar sin interferir unos con otros. Mientras tenía lugar esta maniobra, las grandes antenas que flanqueaban las cubiertas, de algo más de doce metros de altura, giraban para ponerse en horizontal, a fin de no entorpecer las operaciones de vuelo. Se trataba de una maniobra que ponía de relieve una de las flaquezas de estos inmensos barcos, ya que en la nueva posición eran menos eficaces a la hora de emitir y recibir comunicaciones por radio.

Ya hemos indicado que los bombarderos en picado eran armados sobre cubierta, es lo que estaba sucediendo en el Akagi y el Kaga mientras se efectuaba la maniobra. Al igual que había sucedido en los hangares del Hiryu y del Soryu, los carros que trasladaban las bombas, esta vez del tipo 98, n.º25 –de 242 kg, cargadas con alto explosivo y destinadas para atacar blancos en tierra– se afanaban en llegar hasta los aparatos.

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El despliegue de los aviones en la Kido Butai (III)

El plan japonés para el primer ataque de la batalla de Midway, cuyo objetivo era liquidar el potencial bélico de la propia isla, había previsto emplear los aviones torpederos Nakajima B5N Kate (tipo 97 para los japoneses) de los portaaviones Hiryu y Soryu como bombarderos a nivel, ya vimos en entradas anteriores como estos aviones fueron reabastecidos y armados. Junto a ellos iban a volar los bombarderos en picado Aichi D3A Val (tipo 99) del Akagi y del Kaga, los dos leviatanes que formaban la 1.ª División de portaaviones, cuyo proceso de preparación narraremos ahora.

Impresionante vista del Akagi en abril de 1942, que no parece tan grande desde este punto de vista

A diferencia de lo que hemos narrado para los aviones torpederos, más pequeños, los Val tenían que ser armados sobre la cubierta de vuelo, y no en los hangares, debido a su gran tamaño y al plegado de sus alas. Para explicar esta circunstancia, lo primero que ha de tenerse en cuenta son las intensos esfuerzos a que se veía sometido un avión cuyo modo de empleo implicaba atacar dejándose caer casi en vertical sobre su presa para luego enderezar brutalmente el rumbo hacia la horizontal antes de seguir para ascender de nuevo y alejarse del fuego antiaéreo del blanco y sus unidades de apoyo.

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