Querido duce… Apreciaciones sobre la derrota italiana en Grecia (y II)

En la entrada anterior de esta serie nos habíamos quedado a medias de la carta enviada por Hitler a Mussolini a raíz del fracaso, en apenas quince días, de la aventura griega de este. La carta, cuyo primer párrafo quería ser de ánimo, pasaba a explicar las consecuencias derivadas del fracaso, tanto psicológicas como militares: Bulgaria en contra de unirse a la alianza, Rusia poniendo dificultades en las negociaciones, el temor a que la actitud yugoslava dejara de ser amistosa, y la preocupación por cómo se posicionará Turquía, todo ello sin olvidar el peligro que suponía para los pozos petrolíferos rumanos la presencia de bases de la RAF en suelo griego, a distancia de ataque.

Carro de combate italiano en las montañas griegas.

“Inglaterra está a punto de establecer bases aéreas en diversas localidades griegas –continuaba la misiva–, específicamente, dos cerca de Salónica, y otras dos, sin duda alguna, en Tracia. Desde el punto de vista militar, esta situación supone un peligro.

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Querido duce… Apreciaciones sobre la derrota italiana en Grecia (I)

Cuenta la leyenda que cuando Mussolini desencadenó su ataque contra Grecia, el 28 de octubre de 1940, un exultante duce dijo a Hitler, con quien se hallaba reunido en Florencia ese mismo día: “Mi führer, es demasiado tarde, ya estamos en marcha. Estaremos en Atenas en unos días, o en unas semanas”. El momento exacto en que Hitler se enteró de la invasión sigue sometido a disputa. Autores como Martin Van Creveld indican que los alemanes lo sabían desde diez días antes, según D. Lormier Hitler se habría enterado en la noche del 27 y citado a Mussolini con urgencia al día siguiente, y cuenta la leyenda que el dictador italiano se lo habría espetado al alemán aquella misma mañana, cuando ya era irreversible.

Benito Mussolini, el dictador italiano.

La historia, por lo demás, es bastante conocida. Los ejércitos italianos progresaron, al principio, pero luego la ofensiva se deshinchó y pronto fueron víctimas de los contraataques griegos. La marcha gloriosa tornó en desastre. El 14 de noviembre, Hitler envió al duce una carta, que reproducimos aquí por su interés, en la que se puede apreciar tanto la estrategia general de Alemania en los Balcanes como el enfado de su führer con su aventurero colega.

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Hospitales en el desierto, la historia de Sidi Rezegh.

A menudo se ha comparado, con razón, la campaña del norte de África de la Segunda Guerra Mundial con una especie de guerra naval donde nada importaba el terreno conquistado y el objetivo eran las tropas y las armas enemigas. Sin embargo, las unidades militares no pueden luchar en la nada, y por mucho que Libia fuera un lienzo vacío, la orografía y las distancias tuvieron también su importancia, ya que esa guerra naval dependía de ellos especialmente en dos aspectos: el suministro y la atención médica. El primero porque tenía que organizarse para llegar al punto exacto en que lo necesitaban los soldados propios; algo que en aquel confuso escenario no siempre era fácil, o posible. El segundo, porque en algún lugar tenían que establecerse los puestos de primeros auxilios, avanzados o de retaguardia, y toda infraestructura fija acababa por recibir la visita de las tropas móviles, de ambos bandos.

El 24 de noviembre de 1941 –en plena Operación Crusader–, la 6.º Unidad Médica de Campaña estableció un MDS (Medical Dressing Station, lo que vendría a ser un hospital de campaña) en un uadi a unos siete kilómetros al este de Sidi Rezegh (donde en aquel momento estaba combatiendo la división neozelandesa), que muy rápidamente se vio inundado de heridos. Al día siguiente, 25, ya habían llegado al centro 450 de ellos y el 26, según uno de los presentes, las cifras alcanzarían las proporciones de una riada. Lo cierto es que el 28 por la mañana, el hospital, que en principio debía ocuparse de la 6.ª Brigada neozelandesa, tenía a 826 pacientes, no solo de esta nacionalidad, sino también italianos y alemanes capturados durante los combates.

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Italia, 1915-1918. El frente del Isonzo (XI): Triste final para una victoria.

Aquel día de primeros de agosto, Cadorna podía congratularse de haber conseguido al fin lograr un objetivo importante, Gorizia había caído en manos de las tropas italianas, que además habían conseguido cruzar el río Isonzo, uno de los elementos fundamentales del sistema defensivo del Quinto Ejército austro-húngaro del general Boroevic.

Manuel Filiberto de Saboya, duque de Aosta, condecorando a un soldado

Entretanto, en los flancos del campo de batalla también se habían producido operaciones, con resultados dispares. En el flanco sur, el Tercer Ejército italiano, tras la toma del Monte San Michele, siguió presionando sobre el macizo de Doberdo. Como había sucedido en torno a Gorizia, el comandante en jefe imperial fue consciente de que con la pérdida de aquella posición clave su frente no iba a poder resistir, y aprovechando una pausa en los asaltos enemigos, retiró su 17.ª y 20.ª divisiones a la segunda línea defensiva, preparada por los ingenieros tiempo atrás. Para cuando los atacantes quisieron reaccionar, ya habían perdido la ventaja de sus primeras victorias y se enfrentaban de nuevo a una posición bien organizada. Aun así, podían apuntar en su haber objetivos como el Monte Sei Busi, la colina 197 y la propia localidad de Doberdo.

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Italia, 1915-1918. El frente del Isonzo (X): ¡Gorizia!

El 6 de agosto de 1916, los italianos consiguieron por fin, a la sexta intentona, romper el frente austro-húngaro en el Isonzo, y llegar hasta el río. Para el general Boroevic, al mando del Quinto Ejército defensor, la situación tenía mal aspecto, ya que la ofensiva de Von Holtzendorff en el Tirol y las ofensivas rusas en Galizia habían provocado que se le retiraran muchas tropas, y no tenía con qué hacer frente a los embates italianos.

Erwin Zeidler von Görz, jefe de la 58.ª División

En lo que a la infantería se refiere, además de que buena parte de su 58.ª División había quedado atrapada al oeste del río, apenas tenía reservas, con lo que no podía llevar a cabo los violentos contraataques que tan bien le habían servido en el pasado para repeler a los italianos aprovechando el agotamiento de sus tropas una vez alcanzado el objetivo; con respecto a la artillería, le faltaba munición, pues muchos de sus depósitos habían sido destruidos por el bombardeo aliado, y además, el acertado fuego de contrabatería de Cadorna había acabado con buena parte de sus piezas. A todo esto, hay que añadir que Von Holtzendorff le había dado órdenes expresas de no retroceder, bajo ningún concepto. Iba a ser defraudado.

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Desperta Ferro Contemporánea N.º 21, Cuba 1898.

Cuba fue el principio del fin. Entre el 1 y el 3 de julio de 1898, primero con la conquista estadounidenses de El Caney y los Altos de San Juan, y después con la destrucción de la flota del almirante Cervera, se inició la pérdida del imperio ultramarino español. Posteriormente caerían Puerto Rico y las islas Filipinas, y el país acabaría sumiéndose en un estupor incrédulo y en la búsqueda de una nueva identidad nacional, tras quedar definitivamente enterrada la gesta colonizadora iniciada con el viaje de Cristóbal Colón, y tras echarse la llave al sepulcro del Cid, como dijo el regeneracionista Joaquín Costa.

Mucho habían cambiado las cosas desde aquel año de 1492, cuando los Reyes Católicos iniciaron el proceso imperial que llevaría a la principal nación ibérica a dominar la mayor parte del continente sudamericano. Siglo tras siglo, de allende el océano habían llegado primero los medios para una poderosa política imperial, y luego, problemas, cuando España, empobrecida y agotada, empezó a retirarse del club de países de primera línea para empezar a mirarse en el espejo de los tiempos pasados. Si la Guerra de la Independencia acabaría por señalar el pistoletazo de salida de la emancipación, para bien o para mal, de los territorios continentales, las islas tendrían que esperar un poco más: a las violentas guerras civiles provocadas por la pugna entre progreso y tradición que cuajaron los tres alzamientos carlistas a los que tuvo que enfrentarse el Gobierno español, a las diferencias con que la península quiso tratarlas y a la falta de medios económicos que permitieran, a falta del acuerdo que negó la carencia de voluntad política de alcanzarlo, pacificar a la perla de las Antillas.

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Italia, 1915-1918. El frente del Isonzo (XI): la la sexta ofensiva. La llegada al río.

La sexta batalla del Isonzo, también conocida como batalla de Gorizia, más adelante veremos porqué, empezó el 4 de agosto con una ofensiva de diversión en el sur del Carso. Tras un bombardeo de cuatro horas, el VII Cuerpo de Ejército italiano desencadenó un ataque de cuatro divisiones que no tardó en hacerse con la primera línea austriaca, pero luego convirtió en una batalla a gran escala en la que las cifras de bajas ascendieron con rapidez. El objetivo de esta acción era engañar al general Boroevic para que enviara tropas de refuerzo, pero este no picó, se limitó a ponerse en contacto con Von Holtzendorff, jefe de Estado Mayor del Ejército austro-húngaro, para que le enviara más tropas, cosa que este no pudo hacer debido a la necesidad que había de ellas en el frente ruso.

Panorámica del campo de batalla, Gorizia está al pie, y más allá las crestas tomadas por los italianos.

La verdadera ofensiva comenzó el 6 de agosto con un bombardeo de saturación efectuado por 900 piezas de artillería que duró desde las 6.45 horas hasta las 14.00. El resultado puso en valor el intenso trabajo realizado por el coronel Badoglio durante la fase de preparación, el frente defensor quedó prácticamente destrozado, especialmente en el sector de la 58.ª División dálmata del general Zeidler. La unidad, desplegada entre Podgora y Oslavia, quedó además aislada del resto del frente tanto por la destrucción de sus comunicaciones telefónicas como por el completo derrumbe de las trincheras de acceso de las tropas desde retaguardia.

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