Atención, Panzer al ataque. (I)

 

Heinz Guderian fue, sin duda, uno de los “generales Panzer” más famosos de la segunda guerra mundial, y sus obras nos han legado una importante descripción tanto del desarrollo de estas armas como del modo alemán de emplearlas al principio de la Segunda Guerra Mundial. Sin embargo, a pesar de la fama alcanzada, cada vez son más los historiadores que le quitan parte del relieve que tiene para otorgárselo a otro: Ernst Volckheim, quien bien pudo ser el auténtico descubridor de muchas de las teorías que luego iban a ser popularizadas por el primero. ¿Por qué, entonces, se hizo Guderian tan famoso? Podemos apuntar varios motivos. Guderian siempre fue superior en rango, tuvo ocasión de ganar fama al frente de operaciones de carros y, muy probablemente también, sus obras, como Achtung Panzer! o sus memorias de guerra, se hicieron mucho más famosas.

Heinz Guderian

Y hay buenos motivos para ello, aquí ofrecemos algunos extractos de la primera de estas obras, en el que describe cómo ha de ser un ataque de carros de combate:

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Sherman, el carro de combate estadounidense de la Segunda Guerra Mundial (III)

Como en cualquier carro de combate de la época, a bordo de un Sherman el comandante era una pieza clave. Ya adelantamos en la entrada anterior que la misión primordial de este era dirigir y organizar a sus hombres, supervisar el correcto mantenimiento del carro y, durante la lucha, servir como “director de orquesta” de toda la tripulación. Cabe añadir, en este caso, que además se trata de lo que podríamos considerar una tripulación de ciegos, pues si bien otros miembros de la misma tienen acceso al exterior: el conductor, el tirador o el ametrallador, por ejemplo, siendo habitualmente el cargador el que se queda completamente a oscuras, es el jefe del carro el que, tanto para proteger a los demás como para detectar al enemigo antes de que este pueda destruirlos, debe estar siempre en alerta cuando entran en combate.

En los primeros modelos de Sherman la escotilla del jefe de carro estuvo equipada con un periscopio que este podía hacer rotar para observar el terreno en todas direcciones, sin embargo, los destinatarios de tan fastuosa comodidad pronto se dieron cuenta de que resultaba mucho más eficaz asomar la cabeza y mirar directamente en todas direcciones. Mejor todavía, mientras asomaba la cabeza el comandante del tanque podía hacer girar la torreta, de manera que además de seleccionar el objetivo podía pre apuntar el cañón hacia él, dejando al tirador la simple tarea de afinar dicha puntería para aumentar las posibilidades de dar en el blanco. La contrapartida era que se exponía a recibir las atenciones de un francotirador alemán, por eso, más adelante se instalará una cúpula blindada con seis visores.

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Sherman, el carro de combate estadounidense de la Segunda Guerra Mundial (II)

Dentro del proceso de formación de las tripulaciones de los carros de combate Sherman, que como bien apuntaba ESAU en la entrada anterior, se juntaban desde el momento mismo de empezar el entrenamiento, los ejercicios iban incrementándose en escala desde los más sencillos a los más complicados. Así, cada hombre se entrenaba primero individualmente antes de que toda la tripulación empezara a manejar el carro en maniobras a nivel de sección y luego de compañía.

Tripulación de un Sherman durante el entrenamiento en Camp Cooke, California, en febrero de 1944

Posteriormente, venían las maniobras a más alto nivel, hasta llegar a las divisiones y a los cuerpos de ejército. Norris Perkins, que participó en el gran ejercicio ejecutado en Luisiana en 1941, en el seno de la 2.ª División Acorazada del general Patton, recuerda:

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Sherman, el carro de combate estadounidense de la Segunda Guerra Mundial (I)

Apodado Ronson, como el mechero, por sus tripulantes, a causa de su tendencia a incendiarse cuando era alcanzado; considerado inferior a la mayor parte de los blindados germanos a los que se tuvo que enfrentar; y, según la historia anecdótica, más fiable como arma de guerra por su cantidad que por su calidad, el carro de combate Sherman parece haber pasado a la historia como un mal producto. Sin embargo, como sucede con casi todas las armas, lo verdaderamente importantes nunca fue la máquina en sí, sino aquellos que la tripulaban.

En el Ejército Estadounidense, la instrucción de base, previa al envío de los soldados a su destino definitivo, tenía una duración de trece semanas (17, a partir de 1943), y se basaba en una serie de premisas férreas, como no entregar material alguno (fundamentalmente armas) a los soldados sin que hubieran asimilado la necesaria formación teórica con respecto a su funcionamiento, su manejo correcto y los peligros que este entraña. Cuando finalmente recibían su equipo, los soldados eran advertidos de que se les responsabilizaría de cualquier daño que causaran, al mismo o a otros, y las carencias en el mantenimiento eran severamente castigadas.

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El Cuartel General de Montgomery en Europa 1944-45 (y III)

Tras habernos referido, brevemente, en entradas anteriores, a algunas de las personas clave que formaron el cuartel general de Montgomery en Europa, y haber comentado como se desplazaba y se organizaba el mismo, vamos a fijarnos ahora en las misiones de este puesto de mando táctico, recordando que no hay que confundirlo con el cuartel general principal o con su sección logística.

Podemos referenciar las funciones de esta organización en tres cuestiones básicas: información, debe permitir que Montgomery esté perfectamente al tanto en todo momento de los combates que están llevando a cabo las unidades en el frente: donde, como y a ser posible contra quién; mando, esta organización no se encarga de emitir las órdenes a las unidades, sino que envía instrucciones verbales al cuartel general principal, que es el que se encarga de redactarlas (la rama correspondiente: blindados, ingenieros, artillería, etc.) y enviarlas a sus destinatarios; y enlace, dada su ubicación lo más cerca posible del frente, este cuartel general puede dirigir tanto el flujo de información hacia la retaguardia como el de órdenes hacia las tropas.

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El Cuartel General de Montgomery en Europa 1944-45 (II)

Tal día como hoy, 7 de junio de 1944, las LST (“Landing Ship Tanks”) 377, 378 y 379 se presentaron frente a las costas de Normandía, donde el día anterior se había producido la esperada “invasión” de la Europa ocupada por los alemanes. A bordo de estas naves iban los vehículos del Cuartel General Táctico de Montgomery, que habían sido embarcados en Gosport el día 4 por la mañana. La idea era trasladarlos desde las lanchas a un Rhino Ferry ubicado frente a la playa Juno el mismo día 6, pero hubo que esperar a la tarde siguiente para la 377, a la noche para la 378 y al 8 de junio para 379, a causa de la mala mar. De hecho, la operación no salió del todo bien y el mar se tragó el camión que transportaba la cantina de los oficiales y de los sargentos, perdiéndose todas las reservas de Whisky.

A continuación comenzó un proceso que se repetiría innumerables veces. Bill Woodward, el hombre a cargo de dictar las órdenes de traslado, seleccionó una zona geográfica, tras lo cual unos cuarenta hombres entre clases de tropa y oficiales partieron a reconocer el lugar con carburante y raciones para tres días. En estas misiones siempre iba uno de los edecanes de Montgomery, probablemente para asegurarse de que el lugar fuera del agrado del comandante en jefe.

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EL Cuartel General de Montgomery en Europa 1944-45 (I)

Cuando Bernard Montgomery supo que se le encomendaba el mando del 21.er Grupo de Ejércitos, la fuerza terrestre que desembarcaría y llevaría a cabo la campaña de Normandía, y que para ello iba a tener que abandonar el mando del 8.º Ejército, al que había dirigido en África y en Italia, decidió que se llevaría consigo a lo más selecto de su Cuartel General, algo que, a priori, el ejército británico no contemplaba en sus ordenanzas, y que sin duda debió de resultar sumamente gravoso para Oliver Leese, su sucesor, que a punto estuvo de quedarse con los restos, por no hablar de los “restos” propiamente dichos. Pero sabemos bien que Montgomery, si bien fue sin duda uno de los mejores generales de la guerra, nunca destacó por su diplomacia o por su simpatía.

Los elegidos fueron el general Francis de Guingand, su jefe de Estado Mayor; el general de brigada Graham, oficial administrativo; el general de brigada Richards, oficial de blindados; el teniente coronel Williams, su jefe de inteligencia; los capitanes J.R. Henderson y Noël Chavasse, sus ayudantes de campo; el teniente coronel Warren, su oficial de enlace con las unidades canadienses; el sargento Ship, conductor, y el sargento Edwards, su conductor de Jeep; el cabo English, su ordenanza; y el sargento mayor Howard, escribiente de Guingand.

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