La British Expeditionary Force (BEF) en Francia, 1939-40

Las fotografías de la campaña de Francia son, en general, una larga letanía de Panzer y material alemán, cosa que dado que fueron los vencedores, y de un modo espectacular, no resulta tan raro. Sin embargo, en esta ocasión vamos a quitar el protagonismo a los germanos y, en esta entrada, vamos a publicar fotos muy interesantes, todas ellas depositadas en los fondos del IWM, en las que se puede ver a las tropas británicas antes de que se iniciaran los combates, y como iban equipadas.

 

File:The British Army in France 1939 O117.jpg

Personalmente, uno de los elementos más interesantes de su parque de vehículos fue este curioso oruga, conocido como Bren Carrier, es decir, que servía para transportar la ametralladora Bren, que podemos ver en la casamata de la parte delantera izquierda del primer vehículo. También podemos apreciar su exiguo tamaño, a pesar de lo cual estos blindados iban a combatir en todos los escenarios en los que actuó el ejército británico.

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Churchill; El instante más oscuro.

Hace unas semanas interrumpía la serie de entradas dedicada al desarrollo del arma de portaaviones entre ambas guerras mundiales para hacer una breve e injusta reseña (no había sido capaz de verla entera) sobre la película Churchill. Debo decir que frente a mi estupor al pensar que las primeras escenas nos mostraban los restos del desembarco de Normandía, un lector me reconvino, en Facebook, para recordarme que se trataba de Gallipoli, el gran fracaso churchiliano, y tenía mucha razón a pesar de que, probablemente, los tiempos “han pasado casi treinta años” que tanto me escandalizaron entonces, sean el único dato claro que permita identificar la escena.

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Pero vamos al grano. En esta ocasión, y una vez terminada la serie aeronaval, he venido a meterme con la segunda película de Churchill que nos regaló 2017: El instante más oscuro. Antes de empezar a adelantar contenidos, cosa que ya voy avisando para quienes no la hayan visto, hacer un breve repaso por algunas características técnicas. Me gustó mucho la ambientación, sobre todo la atmósfera del cuartel general subterráneo del premier británico, por el que la cámara se desplaza con total facilidad sin dejar, en ningún momento, de transmitirnos lo atestado que estaba el espacio. Dos cosas llaman, curiosamente, la atención: el minúsculo y descarnado cubículo que corresponde a la secretaria; y el hecho de que en aquel atestado búnker se fume de forma constante. Hemos perdido, sin duda, la costumbre de ver el tabaco en lugares cerrados, y se nos hace extraño lo que no hace mucho era totalmente normal.

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El nacimiento del portaaviones (XI): Conclusiones: 1939-1945.

A lo largo de esta serie de entradas, larga ya, hemos ido explicando diferentes aspectos de la evolución del arma aeronaval en general y del portaaviones en particular durante el periodo entre las dos guerras mundiales del siglo XX. Dedicamos la primera de estas entradas a la Gran Guerra propiamente dicha, las siguientes a los diversos conceptos doctrinales sobre la organización, significado e importancia de las fuerzas aeronavales o a los planteamientos geoestratégicos que motivaron las decisiones tomadas respecto a dichos buques, y las finales al concepto de batalla naval desarrollado entre 1918 y 1939 y al lugar del portaaviones en la misma. El lector recién llegado podrá encontrarlas todas ordenadas resumidas y enlazadas al final de esta entrada.

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HMS Ark Royal, de la Royal Navy

Llegados a este punto y habiendo terminado el periplo por los diferentes aspectos del arco temporal que nos marcamos, no tendría mucha coherencia terminar sin un pequeño artículo dedicado al resultado de todo esto durante la Segunda Guerra Mundial. Entrando en materia, la afirmación obvia es que la guerra demostró, fehaciente, incluso contundentemente, que la era del acorazado había terminado. Entre 1939 y 1945 el portaaviones se convirtió en el protagonista principal de la guerra naval, y el acorazado quedó relegado al pasado. Este proceso se produjo en las tres marinas que hemos venido analizando a lo largo de estas entradas: la Royan Navy, la U. S. Navy y la Marina Imperial japonesa. Podríamos añadir que de las otras dos grandes marinas beligerantes, la italiana, que también había confiado en los acorazados, fue derrotada y nunca volvería a alcanzar el potencial desplegado en 1939; y la alemana, que había evolucionado de la gran batalla naval en la guerra de 1914-18 a la guerra de corso en 1939-45 –fue la única que encaró la segunda contienda con un planteamiento divergente respecto a las demás potencias, más por medios disponibles que por convencimiento– tampoco obtuvo el éxito esperado. Ambas fueron finalmente derrotadas también por el arma aeronaval.

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El nacimiento del portaaviones (X): Japón y Estados Unidos, llega la batalla aérea.

Ya adelantábamos en la entrada anterior que la desconfianza de la Royal Navy con respecto a la caza embarcada, incluso con la aviación embarcada en general, era un factor compartido por los japoneses. “La concepción estratégica de la Marina japonesa –escribió uno de sus aviadores– estaba basada, sin duda, en la doctrina de la aniquilación del enemigo en una batalla decisiva en la que los acorazados serían la columna vertebral de la flota nipona”.

Mitsubishi A6M5 Zero

Si en 1934, como hemos dicho, empezaron a cambiar su concepto de las capacidades de la caza embarcada, no sería hasta 1937, con ocasión de la batalla de Shanghai, cuando empezaron a desviarse del concepto ortodoxo según el cual la aviación estaba para apoyar a la línea de batalla. Esta acción en concreto y la guerra contra China en general demostraron la capacidad que tenían los portaaviones para proyectar su poder a larga distancia (en este caso tierra adentro) y llevaron al diseño de aviones de largo radio de acción y de aparatos como el famoso caza Zero.

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El nacimiento del portaaviones (IX): El diseño.

El concepto de batalla que comentábamos en las dos entradas anteriores, en las que explicamos que la primacía doctrinal seguía siendo del acorazado, y cual había de ser la función del portaaviones en la flota, influyeron decisivamente en el desarrollo de la aviación naval. Por ejemplo, la idea de buscar el dominio del mar mediante un combate decisivo hizo que las ideas de protección del comercio, o el concepto de portaaviones de escolta, quedaran en segundo plano en lo que a doctrina y, sobre todo, adjudicación de recursos, tanto industriales como económicos se refiere. Entre los imaginativos conceptos que jamás llegarían a ver la luz podemos incluir los “portaaviones mercantes”, el resultado de todo esto, menos onírico, fue que una gran potencia mercante como el Reino Unido iba a entrar en guerra, en 1939, sin un solo portaaviones de escolta destinado a la protección del comercio.

El HMS Ark Roya fue sin duda uno de los portaaviones más famosos de la Royal Navy

Además, la idea de que los portaaviones iban a tener que operar junto con la flota, y en las restringidas aguas europeas, tuvo mucho que ver con el enfoque empleado para el diseño de estos buques, que serían naves acorazadas, capaces de seguir operando y a flote a pesar de encajar daños importantes –una circunstancia que, por otro lado, decía muy poco de la fe de la Marina en sus propios cazas embarcados–.

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El nacimiento del portaaviones (VIII): la misión del portaaviones

Dedicamos la entrada anterior de esta serie a dar un corto repaso de cuál iba a ser, según los planificadores y estrategas del almirantazgo, la forma de operar de la flota británica en caso de guerra; fundamentalmente, que la línea de batalla propia entre en contacto con la del enemigo y se produzca el siempre tan esperado como temido combate de acorazados. También es interesante recordar que, llegados a este punto, si bien la idea de base no había evolucionado con respecto a la Primera Guerra Mundial, los acorazados, propiamente dichos, sí. En 1939 eran mucho más poderosos que en 1918.

File:British aircraft carriers at anchor c1945.jpg

La flota británica del Pacífico en 1945, con los portaaviones plenamente integrados.

 

Dentro de esta forma de combate se había introducido, además, la fuerza aeronaval. Aunque algunos hablaban de batalla “poco ortodoxa”, se consideraba necesario que uno o varios portaaviones acompañaran a las flotas. ¿Con qué propósito?

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El nacimiento del portaaviones (VII): la misión de la flota de combate

Habiendo evitado, en los últimos días, ver películas históricas que comentar, hoy si toca volver a los portaaviones. En las entradas que hemos ido publicando de esta serie, dedicada al desarrollo del arma aeronaval durante el periodo de entreguerras, sobre todo desde el punto de vista británico y en comparación con los Estados Unidos y Japón, nos hemos fijado en cuestiones como las necesidades estratégicas de unos y otros o en cuestiones organizativas, que tuvieron mucho que ver con la existencia de una fuerza aérea independiente en los diferentes países que desarrollaron un arma aérea para la Marina. Así, toca por fin entrar en harina y desarrollar el concepto de guerra naval que aplicaron estos países, y el lugar del portaaviones en ella. Empezaremos por el caso británico.

HMS Furious. En esta foto se aprecia perfectamente que se trataba de la conversión de un buque de guerra

 

Un documento del Almirantazgo redactado en 1918 establecía que la victoria final de los aliados se había debido, en gran medida, a la seguridad de las comunicaciones marítimas, que había sido garantizada por la Grand Fleet británica. “La Marina de guerra y la mercante habían sido el hasta de la lanza cuya punta fueron los ejércitos aliados […]. La seguridad de las comunicaciones marítimas ha sido la piedra angular del esfuerzo aliado, no solo para las campañas militares, sino también para el suministro y el sostenimiento de las industrias y poblaciones aliadas […]. Contrariamente, el cierre de las vías marítimas de nuestros enemigos entorpeció seriamente su esfuerzo militar y provocó una lenta desintegración de su capacidad de resistencia”. En su conjunto, se trataba de un documento de inspiración puramente mahaniana, en la que la acción de una gran flota en busca del enemigo resultaba crucial. Jutlandia, una gran batalla a cañonazos, aunque tal vez con más buques hundidos, era el modelo a seguir.

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