Ya adelantábamos en la entrada anterior que la desconfianza de la Royal Navy con respecto a la caza embarcada, incluso con la aviación embarcada en general, era un factor compartido por los japoneses. “La concepción estratégica de la Marina japonesa –escribió uno de sus aviadores– estaba basada, sin duda, en la doctrina de la aniquilación del enemigo en una batalla decisiva en la que los acorazados serían la columna vertebral de la flota nipona”.

Mitsubishi A6M5 Zero

Si en 1934, como hemos dicho, empezaron a cambiar su concepto de las capacidades de la caza embarcada, no sería hasta 1937, con ocasión de la batalla de Shanghai, cuando empezaron a desviarse del concepto ortodoxo según el cual la aviación estaba para apoyar a la línea de batalla. Esta acción en concreto y la guerra contra China en general demostraron la capacidad que tenían los portaaviones para proyectar su poder a larga distancia (en este caso tierra adentro) y llevaron al diseño de aviones de largo radio de acción y de aparatos como el famoso caza Zero.

Cuando hablamos de desvío, por supuesto, no nos referimos a un cambio radical; un buen ejemplo de ello fue la terminación de los superacorazados Yamato y Musashi. Sin embargo, entre este año y 1939, si bien el gasto nipón en acorazados triplicó el británico, también aumentó mucho el presupuesto dedicado a la aviación naval. Las ideas que acabamos de enunciar son plenamente válidas, también hay que decirlo, para la flota norteamericana, cuyas maniobras navales acababan sistemáticamente en un combate entre líneas de acorazados, un tipo de buque cuyo gasto quintuplicaba el de los británicos. Entonces ¿cuál fue la diferencia entre los países del pacífico y el Reino Unido? Básicamente, la escala de sus fuerzas aeronavales. Ambos países reunieron flotas aéreas mucho más numerosas y, en consecuencia, mucho más peligrosas, ya que se multiplicaban las posibilidades de que los aviones dañaran a los barcos enemigos, o de que los barcos propios sufrieran la acción de los aparatos enemigos. La primera consecuencia fue que la fase aérea del combate se alargó para poder neutralizar a la aeronaval enemiga; era el primer paso hacia las batallas puramente aéreas.

El acorazado japonés Musashi

Otro factor diferenciador, que hemos comentado en otras entradas, fue la geografía. Para los nipones, la guerra contra la potencia americana debía comenzar con un avance hacia el oeste de la flota enemiga. Dicha ruta, sería hostigada constantemente por la aviación y los submarinos, dañada y reducida para que, cuando llegara a aguas japonesas, la flota artillada pudiera despachar los restos en una gran batalla. Como vemos, el concepto permanecía pero el rol dela aviación cobraba más importancia ya que sería la primera línea de defensa; a lo que podemos añadir que también combatiría en las fases posteriores, como la gran batalla naval. Los aviones se enseñoreaban así de todo el proceso operacional.

Curiosamente, los norteamericanos jugaron el juego pues su plan de guerra consistía en enviar su flota hacia el oeste para atacar a los japoneses. ¿Y cuál sería el rol de la aviación embarcada? Apoyar y defender a la flota cuando hubiera abandonado el paraguas protector de la aviación con base en tierra, y participar en la gran batalla. Para cumplir esta misión, dedujeron los tácticos estadounidenses, iban a hacer falta muchos aviones, una concepción que hizo mucho por el desarrollo y la expansión de la aviación naval, ya que iban a tener que combatir no solo a su contraparte japonesa, sino también a la aviación enemiga con base en tierra.

El USS Saratoga (CV3)

Un corolario lógico de estos planteamientos era la formación de fuerzas de portaaviones, algo que se habían planteado los británicos, sin embargo, en el caso estadounidense, diversos ejercicios de ataque a Pearl Harbor o al canal de Panamá llevaron a que el USS Saratoga fuera hundido, tres veces, lo que convenció a los tácticos de la vulnerabilidad de los portaviones si no navegaban junto a la flota artillada; no se volvería a hablar de ella hasta el inicio de la guerra. Los japoneses, por su lado, si bien crearon su primera división de portaaviones en 1928, siguieron debatiendo la cuestión hasta bien entrados los años 30.

  1. Javier says:

    Muy buena entrada, pero como detalle el perfil no es un A6m5, es un A6m2 se puede ver en la toma de aire bajo el motor y en el motor en si

    Saludos

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