El almirante King tenía sus motivos para estar furioso, ya que en 1943 los servicios secretos norteamericanos habían asaltado la embajada japonesa en Lisboa y habían robado los códigos nipones.

A consecuencia de ello, los nipones los cambiaron. Los aliados ya habían roto esos códigos con anterioridad, pero ese trabajo quedó en papel mojado en el mismo instante en que los japoneses lo descubrieron. La nueva versión de los códigos diplomáticos no sería rota en su totalidad hasta después de finalizada la guerra. Ahora, con la captura del U-505 existía la posibilidad de que los alemanes hicieran otro tanto con sus códigos de submarinos.




