Como adelantamos hace unos días, vamos a dedicar algunas entradas a recorrer uno de los acontecimientos singulares de la batalla de Arnhem, las acciones del Kampfgruppe Krafft, una pequeña unidad de entrenamiento que, situada a caballo sobre dos de las rutas de acceso hacia el puente, bloqueó a dos tercios de las fuerzas británicas que debían tomarlo, y resultó determinante para el resultado final de la batalla.
Un kettenkrad en la región de Arnhem
El propio SS-Sturmbannführer escribió en el diario de guerra
de su batallón:
“17 de septiembre de 1944 [el día del ataque
aerotransportado]
11.30 horas. Más o menos en este momento, comienza en el
sector de Arnhem, Deelen y Wolfheze […] un bombardeo aéreo aterrador.
Market-Garden, el gran asalto aerotransportado aliado sobre Holanda, es una operación sobre la que han corrido ríos de tinta desde que el periodista Cornelius Ryan la popularizó en su Un puente lejano. Toda narrativa necesita un villano, y dejando aparte a los alemanes, para la obra citada el personaje seleccionado fue el general británico Montgomery, promotor de la operación y, en consecuencia, responsable final de su fracaso y de la pérdida casi completa de la 1.ª División Aerotransportada británica. Sin duda hay algo de cierto en ello. Todo jefe debe hacerse cargo de los fallos de sus planes. Pero si estamos de acuerdo en esto. ¿Por qué detenernos en Montgomery? ¿Acaso no tuvo un oficial superior, el general Eisenhower, que autorizó la operación? ¿Y no tuvo este último sus propios jefes en las instancias políticas que dirigían los países aliados? Vamos a dejar estas preguntas aquí, porque también podríamos mirar hacia abajo: el general Frederick Browning, jefe del 1.er Ejército Aerotransportado; el también general Roy Urquhart, al mando de la división británica destruida; jefes de brigada, batallón… ¿Dónde tienen que detenerse las responsabilidades? Tal vez debiéramos fijarnos también en el enemigo, que es lo que vamos a hacer en estas entradas.
Soldados del cuartel general del 1.er batallón paracaidista, antes del despegue.
Cuando los británicos aterrizaron entre Heelsum y Wolfheze, al oeste de Arnhem, el 17 de septiembre, eran conscientes de que tenían que darse prisa para recorrer la quincena de kilómetros que los separaban del puente que debían conquistar. Para ello, habían dispuesto que la 1.ª Brigada paracaidista se lanzaría por tres rutas hacia la localidad, y el preciado objetivo. La ruta norte, llamada “Leopard” (por Wolfheze y siguiendo la vía del ferrocarril), iba a recorrerla el 1.er Batallón Paracaidista; el 2.º iría por la ruta sur “Lyon”, que pasaba por Heelsum y Heveadorp antes de llegar a la orilla norte del río (más o menos por la actual Van der Molenallee y Benedendorpsweg); y el 3.º iba a seguir la ruta central, “Tiger”, (por Heelsum y Oosterbeek, siguiendo la actual N-225). Solo el batallón del sur, dirigido por el comandante John Frost, llegaría al objetivo. ¿Qué sucedió con los otros dos?
Ediciones Salamina acaba de publicar De la Derrota a la Victoria, un estudio operacional desde el punto de vista soviético de las grandes ofensivas del Frente del Este en el verano de 1944, quizá el primer libro en español que aborda con profundidad el arte operacional soviético y su modo de hacer la guerra.
De la derrota a la victoria – Ediciones Salamina
Tanto los Aliados occidentales como los soviéticos poseían la fuerza y la iniciativa para llevar a cabo ofensivas estratégicas contra el enemigo alemán. En este estudio del Frente Oriental, donde las líneas de frente se extendían desde el mar Báltico al mar Negro a lo largo de 2.400 kilómetros, se pone de manifiesto una filosofía de la guerra significativamente diferente de la de los Aliados occidentales, que a su vez llevaron a cabo diferentes operaciones militares en sus respectivos frentes.
Nacido en Fulton, Nueva York, el 24 de noviembre de 1919, Barrett fue llamado al servicio militar en Albany, Nueva York el 29 de octubre de 1940. Tras completar el periodo básico de instrucción, fue destinado como fusilero al 18.º Regimiento de Infantería de la 1.ª División de Infantería, la «Gran Uno Rojo».
Barrett era, probablemente, el más bajo de todo el regimiento, con su 1,64 metros. En la mañana del 6 de junio de 1944, Día D, formó parte de un grupo de reconocimiento de tres hombres al que le habían asignado el cometido de establecer un punto de reunión en Playa Omaha para las fuerzas del regimiento, radiar la ubicación de dicho punto al barco que transportaba al regimiento, y luego esperar la llegada de la unidad.
Según ha contado el as de caza japonés Saburo Sakai, el capitán Kanzo Miura, que mandaba el Ala Aérea de Sakai en Iwo Jima, ordenó a 17 de sus pilotos que llevasen a cabo un ataque suicida contra la flota norteamericana de invasión el 4 de julio de 1944.
Flanqueado por estandartes samurái y eslóganes patrióticos, Miura dio un emocionante discurso a sus hombres, exhortándolos a estrellarse contra los portaaviones norteamericanos. Sakai, aunque aceptaba que estrellarse contra una unidad enemiga era una acción apropiada para un piloto cuyo avión hubiese sufrido daños que le impidiesen volver a su base, encontró el histrionismo de Miura de mal gusto, «una señal de debilidad… recurriendo a artes cercanas a la pura brujería»; sin embargo, recordaría como la mayoría de sus camaradas quedaron imbuidos de ese nuevo espíritu combativo.
A su vez está en pruebas la variante 52b, se pretende dar potencia de fuego sustituyendo e una de las ametralladoras de capó de 7,7 mm por otra de 13,2 mm[1], al igual que se mantienen los cañones largos de 20 mm[2] ya introducidos en el “a”.
Por fin el blindaje empieza a ser considerado necesario y se dispone de cristal antibalas en el parabrisas, además se aumenta la protección contra incendio incorporando extintores automáticos en los depósitos de alas, aparte del que ya existe para el principal. En abril del 44 el 52b sustituye al 52a en la cadena de producción. Como vemos una carrera de improvisaciones por intentar cerrar la brecha de prestaciones con sus enemigos.
El primer hueso duro de roer sería el P-38 Lightning. Caza bimotor, era más rápido, volaba más alto, subía y picaba mejor, pero no tenía nada que hacer en maniobrabilidad.
De hecho su introducción a finales del 42 fue un fiasco. Pues en los primeros encuentros entraron al trapo en la zona ventajosa del Zero[1]. Esta circunstancia se corrigió rápidamente, y desde entonces se limitarían a volar muy altos, patrullando y picando cuando el enemigo estuviese en desfavorables condiciones.
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