LA MANIOBRA DEL GENERAL JOHN BUFORD (La Batalla de Brandy Station III)

 

Poco después del desastre que acabamos de narrar, y mientras la infantería se posicionaba en el ala derecha de la linde del bosque con la 1.ª Brigada de caballería (de la 1.ª División) a su izquierda, lista para contener los ataques confederados, Buford decidió que lo mejor era tratar de rodear la posición defensiva enemiga por el oeste. Para ello, agrupó la 2.ª Brigada de caballería, los regimientos de la de reserva que estaban con el grupo principal y el 8.º de Caballería de Illinois (de la 1.ª Brigada) y volvió sobre sus pasos para luego dirigirse hacia las tropas que había desplegado para defender su retaguardia y flanco derechos entre el río Hazel y Rufin Run (arroyo Rufin).

Cañón Blakeley de 3 libras. Importados de Inglaterra a través del bloqueo de la marina unionista, estas piezas fueron un elemento fundamental de la artillería montada confederada.

Casi de un cauce a otro, se extendía un largo muro que separaba las tierras de la granja Cunningham de la granja de Green. Al inicio de las operaciones se habían desplegado allí el 2.º y el 5.º regimientos de caballería (de la brigada de reserva), pero no mucho después lo que era una cómoda posición de defensa en el flanco se había convertido en un punto caliente, pues la zona más allá del muro empezó a llenarse de tiradores confederados. Se trataba de la brigada de “Rooney” Lee, que llegó a este sector entre las 6.30 y las 7.00 horas. Cuando, más adelante, Buford se presentó ante esta posición con las tropas que traía para rodear el flanco confederado, se encontró con la desagradable sorpresa de que era el suyo propio el que había estado a punto de ser rodeado, cosa que no había sucedido gracias a la valiente defensa efectuada por los regimientos antedichos, que ya se estaban quedando sin munición.

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 LA BATALLA EN BEVERLY FORD ROAD. (Brandy Station, 2.ª parte).

 

 Aquella mañana la niebla era densa en torno al vado de Beverly, y en consecuencia no se veía gran cosa, pero los sonidos que hacían los hombres del ala derecha federal acercándose al paso fueron advertencia suficiente para los dos hombres destacados junto al río, que dieron la alerta disparando sus pistolas y marcharon a reunirse con el resto del destacamento de 30 hombres del 6.º de Caballería de Virginia del que formaban parte. Los primeros federales que se acercaron al río fueron los jinetes del 8.º de Caballería de Nueva York, que fueron recibidos por el fuego de los virginianos, tan solo un par de descargas, pues inmediatamente después el destacamento se retiró para ir a dar la alerta.

Combate de caballería durante la guerra civil americana. La persecución del piquete confederado pudo ser muy parecido a esta escena.

Dicho esto, ha llegado el momento de interesarnos por la artillería montada confederada, cuya ubicación no quisimos desvelar anteriormente, pues van a ser los segundos protagonistas de nuestra historia. Sin duda Stuart debió haber situado patrullas al norte de Rappahannock, que le habrían advertido con mucha más anterioridad de la llegada del enemigo, pero lo que fue un error mayúsculo, que solo se justifica porque pensaba ponerse en marcha al día siguiente, fue acampar a dicha artillería en vanguardia, bajo los árboles de un bosque no lejano al vado por la carretera. El sonido de las balas zumbando sobre sus cabezas y la galopada de los 30 hombres de la caballería de Virginia provenientes del vado fueron el primer aviso de que algo iba mal. Fue una auténtica suerte que, detectando más presencia enemiga, los perseguidores del Regimiento de Nueva York se detuvieran. De haber sabido que frente a ellos solo se hallaban los sorprendidos 500 hombres del comandante Robert F. Beckham, habrían podido hacerse con los 20 cañones en un santiamén.

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9 de Junio de 1863, la Batalla de Brandy Station (I).

                Estamos a 5 de junio de 1863. Los sables brillan, suenan cornetas y tambores, las bandas de música interpretan tonadas patrióticas y los oficiales ladran sus secas órdenes mientras los regimientos de caballería se lanzan a la carga… pero no se trata de un día de guerra, sino de un día de fiesta. Mientras el Ejército de Virginia del Norte, comandado por Robert E. Lee, ha iniciado sus desplazamientos hacia el valle de Shenandoah y hacia la batalla de Gettysburg, el flamante Cuerpo de caballería confederado de James Ewell Brown (JEB) Stuart está celebrando una impresionante revista pública. Oficiales del ejército y altos cargos civiles felicitan al flamígero general, el público de las localidades cercanas aplaude a sus defensores, sin embargo, a Stuart le falta alguien, le falta su comandante en jefe, que tal vez se encuentra demasiado ocupado dirigiendo una guerra como para asistir al espectáculo. Lee no vendrá hasta el día 8, cuando se celebre una nueva revista, esta vez sí, con el general en jefe presente. Sin embargo cabe preguntarse si Lee había acudido a Culpeper Court House para ver desfilar a sus jinetes, o para dar órdenes; Stuart debe partir hacia el norte al día siguiente, cruzando el río Rapahannock, para cubrir y ocultar el avance confederado hacia Pennsylvania.

La gran revista del 5 de junio (por Mort Künstler)

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Una Visita al Museo de Medios Acorazados de El Goloso.

                                Hace unos días tuvimos la suerte de visitar el cuartel de El Goloso donde, además de diversas unidades del Ejército Español –se trata de una base en activo– hay un interesantísimo museo de carros de combate.

El Panzer IV Modelo H es, sin duda, una de las estrellas de la colección.

                La parte fundamental de este se halla hoy en día bajo un hangar y reúne algunos de los blindados más señalados de nuestra historia militar. Al fondo podemos comparar, uno junto a otro, una tanqueta italiana Ansaldo y un Panzer I alemán, el famoso “negrillo” de nuestra guerra civil; y un poco más allá se alzan dos T-26 soviéticos, que fueron sus más que dignos antagonistas de entonces. Es todo un lujo poder comparar estos tres modelos, esta vez aparcados uno junto a otro para interés del visitante y no combatiéndose entre sí en el campo de batalla.

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El Submarino Volante Soviético

Los años treinta fueron tiempos de cambio e innovación. Las imágenes 3D que reproducimos responden a un proyecto soviético singular de aquella época: un submarino volante. La idea nació allá por el año 1934.

Su creador, Boris Ushakov, era un estudiante de la Escuela de Ingeniería Naval. Pretendía construir un vehículo capaz de volar y navegar bajo el agua. En abril de 1936 las autoridades soviéticas autorizaron su proyecto. Ushakov se puso manos a la obra durante 1937-38. El nombre del vehículo era «Submarino volante». En otras palabras, se trataba de un avión con capacidad para sumergirse en el agua. Tras numerosas modificaciones, su última versión ofrecía un aeroplano de metal con una velocidad en vuelo de 100 nudos, y de 3 nudos bajo el agua.

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Laureada de San Fernando – Julio Benítez y Benítez

Abrimos nueva Serie GEHM. Estamos en la víspera del Desastre de Annual, el comandante Benítez, natural de El Burgo (Málaga) es el jefe de la posición conocida como Igueriben. Resistirán frente a fuerzas superiores en el calor de agosto y sin agua casi un mes. Esta es su historia.

El 7 de junio de 1921, para proteger el campamento de Annual, Silvestre ordenó preparar una operación para enviar a un destacamento de 392 hombres del Regimiento de Ceriñola al mando del comandante Benítez a Igueriben (a unos 5km de Annual) con objeto de ocupar la colina y establecer una posición adelantada. Esta vez casi todos son españoles para evitar lo sucedido en Abarrán con las tropas indígenas. La posición no podía estar peor escogida: dominada por otra loma, con la aguada estaba a unos kilómetros y los caminos a Annual dominados desde las alturas.

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Marzo de 1863; El Raid de Mosby contra Fairfax (3ª Parte y final).

<<Nuestra salvación dependía de abandonar las líneas unionistas antes del amanecer. Nos topamos con el camino a unas cuatro millas de Centreville. En ese momento, el peligro que me preocupaba era que nos persiguiera la caballería que estaba acampada detrás de nosotros. Cuando llegamos cerca del camino detuve a la columna para concentrarla. Algunos de mis hombres montaban a retaguardia y otros en los flancos, para evitar que los prisioneros se escaparan. Dejé al Sargento Hunter al mando y me adelanté para reconocer el terreno. Como no había enemigos ante nosotros, llamé a Hunter y le indiqué que avanzara al trote, manteniendo las riendas de Stoughton [el general enemigo que habían capturado] en la mano, sin soltarlas, bajo ninguna circunstancia. Sin duda el General apreció mi interés por su persona.

Otra visión romántica del ataque, esta vez sobre la nieve.

Joe Nelson y yo nos quedamos a cierta distancia por detrás de la columna. Nos deteníamos con frecuencia para escuchar a ver si oíamos el galope de la caballería persiguiéndonos, pero no oímos más sonido que el ulular de las lechuzas. Mi corazón latía cada vez más esperanzado, minuto a minuto; fue el momento crítico.

Pronto tuvimos a la vista los fuegos de campamento enemigos sitos en las alturas en torno a Centreville. Mi plan era flanquear la posición y pasar entre estos y los campamentos de Chantilly. Pronto nos dimos cuenta de que Hunter se había detenido, y galopé hacia delante para saber por qué. Vi una hoguera a un lado del camino, a unos cientos de yardas por delante de nosotros. Era evidente que era un piquete. Me adelanté para hacer un reconocimiento, pero no había nadie junto al fuego, el piquete se había ido. En aquel momento estábamos a media milla de Centreville y estaba amaneciendo. Nosotros teníamos la costumbre de colocar un piquete en nuestra carretera cada anochecer y retirarlo a primera hora de la mañana. Sin duda el oficial a cargo de este había llegado a la conclusión que, dado que era casi el alba, no había peligro, y había vuelto al campamento dejando el fuego encendido. Eso era exactamente lo que me convenía que hiciera. Llamé a Hunter para que siguiera adelante, pasamos junto a la hoguera y luego giramos para rodear los fuertes en torno a Centreville. Cabalgué a cierta distancia por delante de la columna. Los campamentos estaban tranquilos; no había señal alguna de alarma, los cables del telégrafo habían sido cortados y no habían recibido noticia alguna de nuestra hazaña en Fairfax Court House. Pudimos ver el metal de los cañones brillando en los reductos y escuchar como el centinela sobre el parapeto nos daba el alto. Pero no le hicimos ni caso, y no disparó para dar la alarma. Sin duda pensó que éramos una unidad de su propia caballería saliendo a explorar.

La región norte de Virginia, que acabó convirtiéndose en el coto de caza de Mosby.

Sin embargo, pronto oí un disparo detrás de mí, y vi al capitán Barker [otro oficial que había sido capturado] cabalgando a toda velocidad hacia el reducto, y a Jake el húngaro siguiéndolo muy de cerca y a punto de dispararle de nuevo. Entonces el caballo de Barker tropezó y cayó en una zanja, sobre su jinete. Pronto los sacamos de allí y seguimos avanzando. Todo esto había sucedido a la vista de sus centinelas y a distancia de tiro de sus campamentos.

Tras haber pasado los fuertes y alcanzado Cub Run, un nuevo peligro se alzó ante nosotros. El arroyo iba rápido y estaba crecido a causa del deshielo, y teníamos que elegir entre nada y dar media vuelta. A la vista, detrás de nosotros, estaban las blancas tiendas de campaña del enemigo, y los fuertes, y estábamos al alcance de sus cañones. Sin detenerme un instante me zambullí en el arroyo y mi caballo nadó hasta el otro lado. Stoughton me siguió y se colocó a mi lado. Cuando llegó a la orilla, temblando a causa del frío baño matutino que acababa de darse dijo: “Capitán, esta es la primera ocasión en que puedo quejarme de haber sido tratado con rudeza”.

Del pasado al presente, el raid sigue siendo recordado en Fairfax Court House.

Afortunadamente no se perdió ni un solo hombre ni caballo. Cuando todos hubimos pasado supe que no había ningún peligro siguiéndonos… [Como aclara más adelante, la caballería de Johnstone, que había salido en persecución de los incursores, se había ido en dirección opuesta]>>.

               Tras haber contado la peliaguda huida, facilitada en gran medida por el desinterés de los vigilantes unionistas, damos por concluida la narración de esta hazaña, que no fue la última protagonizada por nuestro narrador. No obstante, antes de terminar añadiremos que el «Fantasma Gris» no llegó a ser capturado sino que se rindió voluntariamente al final de la contienda, y la región en la que operaba acabó siendo conocida como <<la confederación de Mosby>>; un título que, según la guerra se fue enconando, acabaría suponiendo grandes sinsabores para los habitantes de la región, que a pesar de todo nunca dejaron de apoyarlo, suministrarlo, darle información y esconderlo.

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