Poco después del desastre que acabamos de narrar, y mientras la infantería se posicionaba en el ala derecha de la linde del bosque con la 1.ª Brigada de caballería (de la 1.ª División) a su izquierda, lista para contener los ataques confederados, Buford decidió que lo mejor era tratar de rodear la posición defensiva enemiga por el oeste. Para ello, agrupó la 2.ª Brigada de caballería, los regimientos de la de reserva que estaban con el grupo principal y el 8.º de Caballería de Illinois (de la 1.ª Brigada) y volvió sobre sus pasos para luego dirigirse hacia las tropas que había desplegado para defender su retaguardia y flanco derechos entre el río Hazel y Rufin Run (arroyo Rufin).

Cañón Blakeley de 3 libras. Importados de Inglaterra a través del bloqueo de la marina unionista, estas piezas fueron un elemento fundamental de la artillería montada confederada.

Casi de un cauce a otro, se extendía un largo muro que separaba las tierras de la granja Cunningham de la granja de Green. Al inicio de las operaciones se habían desplegado allí el 2.º y el 5.º regimientos de caballería (de la brigada de reserva), pero no mucho después lo que era una cómoda posición de defensa en el flanco se había convertido en un punto caliente, pues la zona más allá del muro empezó a llenarse de tiradores confederados. Se trataba de la brigada de “Rooney” Lee, que llegó a este sector entre las 6.30 y las 7.00 horas. Cuando, más adelante, Buford se presentó ante esta posición con las tropas que traía para rodear el flanco confederado, se encontró con la desagradable sorpresa de que era el suyo propio el que había estado a punto de ser rodeado, cosa que no había sucedido gracias a la valiente defensa efectuada por los regimientos antedichos, que ya se estaban quedando sin munición.

Viendo lo que estaba pasando, el general unionista trató de salvar la situación enviando a la valla al 6.º Regimiento de caballería de Pennsylvania –el mismo que había resultado diezmado en parte durante la carga dentro del anfiteatro al que nos hemos referido anteriormente–, reforzado ahora por las compañías que le faltaban. Más adelante, el comandante Robert Morris Jr., jefe del regimiento, diría de este combate junto al muro que había sido el punto más caliente en el que se hubiera encontrado nunca, y eso que acababa de perder una parte significativa de su mando hacía poco.

«Rooney» Lee, hijo segundo del famoso general, quien comandó la brigada que sostuvo el flanco izquierdo de los confederados durante la batalla.

A pesar de la llegada de nuevas tropas, en torno a las 8.00 los federales habían perdido el muro, que ahora defendían, de norte a sur, el 13.º, el 9.º y el 10.º regimientos de caballería de Virginia y el 2.º de caballería de Carolina del Norte; todos ellos perteneciente a la brigada de “Rooney” Lee. Observando la posición desde una elevación no lejana, Buford observó como a pesar de desplegar varios cañones sus jinetes fracasaban una y otra vez en recuperarlo y, ya en torno a las 10.00 horas, decidió llevar a cabo una acción poco convencional. Primero desplegó, bien a la vista, al 33.º de infantería de Massachusetts, y luego encomendó a las tres compañías (pertenecientes al 2.º Regimiento de infantería Massachusetts y al 3.º de Wisconsin) que habían estado protegiendo los cañones desde primera hora de la mañana, la misión de acercarse disimuladamente al muro y tomar una parte de él.

Fitzhugh Lee, que no debe ser confundido con el personaje anterior, era sobrino del general Lee. También tenía bajo su mando una de las brigadas de la caballería de Stuart, pero el 9 de junio estaba enfermo y no participó en esta batalla.

Curiosamente, fue cosa dicha y hecha. Enviando en vanguardia a una decena de los mejores tiradores encuadrados en las compañías, los jefes de las mismas los siguieron con el resto, empleando la maleza que crecía junto Rufin Run para acercase a la posición enemiga. Tardaron un rato, pero al final los tiradores consiguieron llegar al otro lado del muro y, levantándose todos a una, descerrajaron una descarga a bocajarro contra los defensores confederados que había al otro lado, los cuales, totalmente sorprendidos, fueron incapaces de oponerse a la carga del resto de los unionistas. Victoria fulgurante, sin duda, aunque un tanto ayudada por el hecho de que a la vista del despliegue del 33.º de infantería federal, que hemos mencionado antes, Lee ya había empezado a retirar a sus hombres a una posición más atrasada, sobre Yew Ridge.

Este mapa de los combates que aquí narramos, orientado hacia el oeste, se halla en la etapa correspondiente del campo de batalla, hoy protegido. Corresponde a la fase en que la caballería federal trató de hacerse con la posición del muro.

Buford ordenó a su fuerza que avanzara de inmediato para asegurar el recién recuperado muro y relanzar el asalto. Sin embargo, cuando sus regimientos consiguieron desplegarse tras el muro, sucedió algo sorprendente. Los hombres de “Rooney” Lee formaron en columnas y se retiraron, el enemigo abandonaba el campo de batalla. Más curiosamente aún, como luego averiguaría Buford, lo mismo estaban haciendo los defensores confederados en torno a la casa Gee y la iglesia de Saint James, en el otro sector de la batalla. Lo cierto, es que acababan de entrar en combate los hombres del ala izquierda del ataque federal, pero esa es otra historia, que contaremos la semana que viene.

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