<<Nuestra salvación dependía de abandonar las líneas unionistas antes del amanecer. Nos topamos con el camino a unas cuatro millas de Centreville. En ese momento, el peligro que me preocupaba era que nos persiguiera la caballería que estaba acampada detrás de nosotros. Cuando llegamos cerca del camino detuve a la columna para concentrarla. Algunos de mis hombres montaban a retaguardia y otros en los flancos, para evitar que los prisioneros se escaparan. Dejé al Sargento Hunter al mando y me adelanté para reconocer el terreno. Como no había enemigos ante nosotros, llamé a Hunter y le indiqué que avanzara al trote, manteniendo las riendas de Stoughton [el general enemigo que habían capturado] en la mano, sin soltarlas, bajo ninguna circunstancia. Sin duda el General apreció mi interés por su persona.

Otra visión romántica del ataque, esta vez sobre la nieve.

Joe Nelson y yo nos quedamos a cierta distancia por detrás de la columna. Nos deteníamos con frecuencia para escuchar a ver si oíamos el galope de la caballería persiguiéndonos, pero no oímos más sonido que el ulular de las lechuzas. Mi corazón latía cada vez más esperanzado, minuto a minuto; fue el momento crítico.

Pronto tuvimos a la vista los fuegos de campamento enemigos sitos en las alturas en torno a Centreville. Mi plan era flanquear la posición y pasar entre estos y los campamentos de Chantilly. Pronto nos dimos cuenta de que Hunter se había detenido, y galopé hacia delante para saber por qué. Vi una hoguera a un lado del camino, a unos cientos de yardas por delante de nosotros. Era evidente que era un piquete. Me adelanté para hacer un reconocimiento, pero no había nadie junto al fuego, el piquete se había ido. En aquel momento estábamos a media milla de Centreville y estaba amaneciendo. Nosotros teníamos la costumbre de colocar un piquete en nuestra carretera cada anochecer y retirarlo a primera hora de la mañana. Sin duda el oficial a cargo de este había llegado a la conclusión que, dado que era casi el alba, no había peligro, y había vuelto al campamento dejando el fuego encendido. Eso era exactamente lo que me convenía que hiciera. Llamé a Hunter para que siguiera adelante, pasamos junto a la hoguera y luego giramos para rodear los fuertes en torno a Centreville. Cabalgué a cierta distancia por delante de la columna. Los campamentos estaban tranquilos; no había señal alguna de alarma, los cables del telégrafo habían sido cortados y no habían recibido noticia alguna de nuestra hazaña en Fairfax Court House. Pudimos ver el metal de los cañones brillando en los reductos y escuchar como el centinela sobre el parapeto nos daba el alto. Pero no le hicimos ni caso, y no disparó para dar la alarma. Sin duda pensó que éramos una unidad de su propia caballería saliendo a explorar.

La región norte de Virginia, que acabó convirtiéndose en el coto de caza de Mosby.

Sin embargo, pronto oí un disparo detrás de mí, y vi al capitán Barker [otro oficial que había sido capturado] cabalgando a toda velocidad hacia el reducto, y a Jake el húngaro siguiéndolo muy de cerca y a punto de dispararle de nuevo. Entonces el caballo de Barker tropezó y cayó en una zanja, sobre su jinete. Pronto los sacamos de allí y seguimos avanzando. Todo esto había sucedido a la vista de sus centinelas y a distancia de tiro de sus campamentos.

Tras haber pasado los fuertes y alcanzado Cub Run, un nuevo peligro se alzó ante nosotros. El arroyo iba rápido y estaba crecido a causa del deshielo, y teníamos que elegir entre nada y dar media vuelta. A la vista, detrás de nosotros, estaban las blancas tiendas de campaña del enemigo, y los fuertes, y estábamos al alcance de sus cañones. Sin detenerme un instante me zambullí en el arroyo y mi caballo nadó hasta el otro lado. Stoughton me siguió y se colocó a mi lado. Cuando llegó a la orilla, temblando a causa del frío baño matutino que acababa de darse dijo: “Capitán, esta es la primera ocasión en que puedo quejarme de haber sido tratado con rudeza”.

Del pasado al presente, el raid sigue siendo recordado en Fairfax Court House.

Afortunadamente no se perdió ni un solo hombre ni caballo. Cuando todos hubimos pasado supe que no había ningún peligro siguiéndonos… [Como aclara más adelante, la caballería de Johnstone, que había salido en persecución de los incursores, se había ido en dirección opuesta]>>.

               Tras haber contado la peliaguda huida, facilitada en gran medida por el desinterés de los vigilantes unionistas, damos por concluida la narración de esta hazaña, que no fue la última protagonizada por nuestro narrador. No obstante, antes de terminar añadiremos que el «Fantasma Gris» no llegó a ser capturado sino que se rindió voluntariamente al final de la contienda, y la región en la que operaba acabó siendo conocida como <<la confederación de Mosby>>; un título que, según la guerra se fue enconando, acabaría suponiendo grandes sinsabores para los habitantes de la región, que a pesar de todo nunca dejaron de apoyarlo, suministrarlo, darle información y esconderlo.

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