Los de la última carga (V): el resto de la División Pickett.

Al contrario de lo que se ha dicho a menudo, la “División de Pickett”, entendida como una unidad militar concreta y completa, no participó en su totalidad en la última carga de Gettysburg. Hoy nos vamos a referir, precisamente, a esas unidades que, por diversos motivos, permanecieron muy lejos a retaguardia, como las brigadas de Jenkins y Corse, o a aquellas cuya misión en el campo de batalla no se encontraba en primera línea, sino bombardeándola.

Artillería confederada en acción.
Artillería confederada en acción.

El general Lee tuvo que discutir largo y tendido para que el presidente Jefferson Davis y su secretario de guerra, John Seddon aceptaran su plan de invasión del norte. En aquellos momentos en la confederación se discutía y se argumentaba agriamente sobre la mejor estrategia a seguir para ganar la guerra, y una de las facciones más poderosas, el “Western Concentration Bloc”, abogaba tenazmente por reforzar los frentes del medio oeste en vez de operar en la vieja Virginia.

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La deportación de los tártaros de Crimea (II): 1941-44, los años del contragolpe.

La segunda parte de esta historia comienza casi como la primera, con un ejército atravesando el istmo de Perekop y adentrándose en la península. Estamos a 24 de septiembre de 1941, y esta vez los invasores no pertenecen al Ejército Rojo, esos son los defensores; los atacantes pertenecen a la Wehrmacht alemana, que había iniciado la invasión de la unión soviética el 22 de junio anterior. Más concretamente al 11.º Ejército, comandado por el general Erich von Manstein.

En las ruinas de Sebastopol
En las ruinas de Sebastopol

“Crimea debe ser despejada de extranjeros y habitada exclusivamente por alemanes”, habría dicho Adolf Hitler el 19 de julio de 1941, cuando aún le sonreía la suerte. Lo cierto es que la península ejercía una especia de atracción para los germanos, tanto por su clima como por sus paisajes, y en base a una difusa leyenda que la situaría como origen de un pueblo ario, recibió el nombre de Gotengau.

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La Deportación de los tártaros de Crimea (I). 1920-1941.

Hace cosa de una semana nos despertábamos con la no por habitual menos desagradable noticia de un nuevo fracaso español en el festival de Eurovisión. Sin duda no es intención del que esto escribe entrar a describir semejante guerra, sino aprovechar el interesante trasfondo que nos ofrecía la canción ganadora del certamen: 1944, interpretada por la ucraniana Jamala, para profundizar en la temática de la misma, la deportación de los tártaros ucranianos por el régimen estalinista tras la reconquista de Crimea a los alemanes.

La Deportación 4 (soldados antibolcheviques)
Soldados del Ejército blanco, como los que combatieron en Crimea

Sin embargo, como suele suceder, esta historia no comienza en el año que titula la canción sino que lo había hecho mucho antes. Concretamente, en la fresca y ventosa noche del 7 al 8 de diciembre de 1920, cuando los soldados de la 52.ª División de fusileros del 6.º Ejército de Augustus Kork empezaron a cruzar el Sivash, la laguna salada que se extiende entre el istmo de Perekop y la península de Chongar, con la intención era rodear a las tropas blancas del general Wrangel e iniciar la conquista de Crimea para incorporarla al nuevo Estado soviético. El resultado de los combates, durísimos, que siguieron, fue la retirada final de las tropas blancas desde el puerto de Sebastopol el día 14 del mismo mes.

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Los de la última carga (IV): la Brigada de Armistead.

La tercera brigada de la División de Pickett que combatió en Gettysburg fue la del general de brigada Lewis A. Armistead. Situada en segunda línea para dar apoyo a las unidades de Kemper y Garnett, la fuerza se desplegó, de norte a sur, con el 38.º Regimiento de Virginia en su extremo septentrional, seguido por la izquierda por el 57.º, el 53.º, 9.º y 14.º de Virginia, situado en el extremo sur de la formación. Eran las 4.30 horas de la madrugada del 3 de julio cuando los 2188 hombres de Armistead formaron sobre la carretera por detrás de las otras dos brigadas para marchar hacia el campo de batalla, pasando por detrás de las crestas hasta Spangler’s Wood.

Una panorámica de la artillería federal en Gettysburg, tal y como se publicón en Harper’s Weekly.

Al igual que Garnett había sido acusado de cobardía y Kemper no era militar, también había un problema con Lewis Armistead. A pesar de que tanto su padre como sus tíos habían sido militares y combatido en la guerra de 1812, su delicado temperamento le valió ser expulsado de la Academia Militar de West Point, en dos ocasiones, la primera de ellas por romper un plato sobre la cabeza de otro de los estudiantes: Jubal Early, que en Gettysburg iba a luchar al mando de una de las divisiones del Cuerpo de Ejército de Ewell, en el extremo norte del campo de batalla. A pesar de su fracaso en West Point, Armistead consiguió, a fuerza de favores políticos, un puesto de alférez en el 6.º de infantería de los Estados Unidos, y luego marchó a México para participar en la guerra, en la que no tampoco iba a conseguir distinguirse.

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Las Brujas de la Noche: Entrevista a Lyuba Vingrádova.

Más allá de los cuerpos y tropas, de élite o no, más conocidos de la Segunda Guerra Mundial, el estudio de este conflicto, que hace algunos años parecía agotado y listo para repetirse una y otra vez aunque solo fuera por la ingente cantidad de obras y memorias ya publicadas sobre el mismo, aún nos sigue reservando sorpresas, y algunas de ellas tienen que ver con Las Brujas de la Noche.

Es posible que muchos de nuestros lectores hayan oído hablar de quienes fueron: las mujeres que pilotaban los aviones de un regimiento de bombardeo nocturno soviético que combatió en el frente del este a partir de 1942. Sin embargo, esta historia es mucho más compleja. Para empezar, es interesante saber que no se creó un regimiento aéreo, sino tres, hubo otro de caza y otro de bombarderos pesados (aunque las componentes de estos no fueron “brujas”), siguiendo por el hecho de que no solo fueron mujereas las pilotos de los aviones, sino que también fueron mujeres las que se encargaron del mando, la navegación, la reparación y mantenimiento de los aviones y todas las demás tareas necesarias para que las unidades fueran operativas; y tampoco es baladí saber que hubo muchas mujeres más combatiendo en regimientos aéreos masculinos, o que hacia el final de la guerra, faltos de voluntarias, los hombres también acabarían formando parte de los tres regimientos originales.

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Mito y realidad de las SS como fuerza de élite.

No hace mucho tiempo tenía la ocasión de enfrentarme de nuevo al mito de las Waffen SS, uno de los cuerpos militares más populares de la Segunda Guerra Mundial, pero también uno de los más desconocidos, o sobre el que más errores se han acumulado, empezando por su consideración de fuerza de élite. Pero ¿qué es una fuerza de élite? Definido de manera muy breve, podríamos resumirlo diciendo que es aquella que de forma habitual puede cumplir con su misión con la máxima rapidez y eficacia. En estas circunstancias ¿Podemos hablar así de las Waffen SS?

Cartel de propaganda elaborado por Ottomar Anton, cuyo grafismo fue fundamental en las campañas de reclutamiento

Sin duda, uno de los elementos a tener en cuenta es la grandísima diversidad de unidades que compusieron esta fuerza, desde las primeras que se crearon, como la Leibstanderte SS Adolf Hitler, a las más tardías, como las legiones de voluntarios balcánicos o rusos. La baja calidad de estas últimas “divisiones”, que en realidad nunca llegaron a serlo, está fuera de toda duda, por lo que nos centraremos en las diez primeras divisiones, las más famosas.

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