Mito y realidad de las SS en combate (III). El origen.

Cerramos esta serie de entradas sobre el mito de las SS como unidad de élite buscando el origen de dicho mito. Para empezar es importante indicar, como ya hicimos en su momento, que no todas las unidades de las Waffen SS fueron iguales. Algunas de ellas, como la Leibstandarte, Das Reich, Totenkopf, Wiking, Hohenstaufen o Frundsberg fueron sin duda muy superiores a las demás y otras, tal y como adelantaba alguno de nuestros lectores, fueron auténtica ralea, como sucedió con brigadas como la Kaminski o Dirlewanger.

En las SS se recibían más medallas...
En las SS se recibían más medallas…

Por supuesto, son las primeras las que plantean dudas con respecto a su condición de élite, y a ellas nos referiremos en todo momento. Al principio de esta serie definimos una unidad de élite como aquellas que de forma habitual pueden cumplir con su misión con la máxima rapidez y eficacia. Cualquiera que estudie la historia de combate de las divisiones a las que nos referimos descubrirá, sin embargo, que no siempre fueron capaces de cumplir con su misión, y que en la mayoría de los casos en que lo hicieron, como ya hemos ido indicando, lo hicieron sufriendo bajas humanas y pérdidas de material excesivas, es decir, de un modo poco eficaz.

Y sin embargo, daban miedo.

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Mito y realidad de las SS en combate (II)

Tras sufrir bajas excesivas en las campañas del año 40 y 41 tal y como explicábamos en la primera parte de este reportaje y, probablemente, comprender que a este ritmo las SS se agotarían antes de cumplir su objetivo de convertirse en la fuerza armada del partido y sustituir al Heer como ejército de la futura Alemania, los mandos de las unidades y de la organización tuvieron que ponerse a buscar los medios necesarios para evitar la sangría.

Un panzer 4 de las SS en marzo de 1943
Un panzer IV de las SS en marzo de 1943

Por supuesto, reducir el fanatismo de la tropa no era una opción, pero este, junto con la idea de ser una élite distinta y mejor permitió que se elevara el entrenamiento de los reclutas entrenándolos en condiciones muy parecidas a las que se encontrarían en los campos de batalla. Fue Theodor Eicke, quien había sido comandante del campo de concentración de Dachau y comandante en jefe de la División Totenkopf, mayoritariamente formada por antiguos guardias de los campos, quien se encargó de diseñar este nuevo sistema de adiestramiento.

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Desperta Ferro Historia Contemporánea N.º 16: Guadalajara 1937

La de Guadalajara es la historia de un fiasco, qué duda cabe, y en consecuencia el final de un mito y el origen de otro, y además también podría ser la historia de una traición, o de un antagonismo sucio entre dos supuestos aliados. Tras el alzamiento de 1936 el Duce Benito Mussolini decidió enviar un Cuerpo de Ejército a España con el fin de dar un empujón definitivo a los sublevados en su búsqueda de la victoria en la Guerra Civil recién iniciada.

Sin embargo ese no era el acuerdo que había suscrito con el general Franco, quien había aceptado la llegada de tropas italianas para integrarlas en unidades de combate junto con las españolas pero no las cuatro divisiones, totalmente equipadas, lujosamente equipadas incluso dadas las circunstancias del Ejército español de la época, que fueron desembarcando en Cádiz a lo largo de los últimos meses de 1936 y los primeros de 1937.

Maquetación 1

¿Qué hacer con este aluvión de soldados, camiones, carros de combate, cañones y aviones que se habían presentado tan de improvisto y que tantas ganas tenían de ganar la guerra ellos solos para dar una lección a sus aliados? Hubo muchas reuniones en torno a esta cuestión. Los italianos pretendían nada menos que ir a atacar (y conquistar) Valencia, sede del gobierno republicano, para poner fin a la guerra rápidamente por medio de la aplicación de las nuevas teorías militares que habían ido surgiendo en el país después de la Primera Guerra Mundial, la llamada guerra celere. Sin embargo, para empezar tuvieron que conformarse con Málaga.

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Operación Barbarroja

El 22 de junio de 1941, hace exactamente 75 años, el mundo contuvo el aliento. Henchida de victoria, tras haberse anexionado Austria y media Checoslovaquia, tras haber invadido y destruido Polonia, Dinamarca, Noruega, Luxemburgo, Holanda y Bélgica, y haber desmembrado Francia dejándola sumida en un armisticio lleno de preocupaciones para el futuro, Alemania era la potencia suprema sobre el continente Europeo.

Carros alemanes avanzando por la inmensidad de Rusia
Carros alemanes avanzando por la inmensidad de Rusia

No era así en el aire. No hace mucho hablábamos de la estrategia Mediterránea de Hitler como uno de los modos de derrotar al Reino Unido, que había sido capaz de contener a los cazas y los bombarderos de la Luftwaffe en la llamada batalla de Inglaterra, otro de los medios considerados por el alto mando alemán a finales del verano de 1940 fue la destrucción de la Unión Soviética.

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Mito y realidad de las SS en combate (I)

A primeros de mayo, tuvimos la ocasión de hablar del Mito y realidad de las SS como fuerza de élite desde un punto de vista general: entrenamiento, reclutamiento, origen de las tropas, la fama que adquirieron en la propaganda y otras cuestiones relacionadas que tuvimos ocasión de repasar someramente. También planteábamos la idea de qué era una fuerza de élite. Sucintamente: “aquella que de forma habitual puede cumplir con su misión con la máxima rapidez y eficacia”, dijimos entonces.

Un suboficial de las SS con un grupo de Soldados en algún lugar de Francia en 1940
Un suboficial de las SS con un grupo de Soldados en algún lugar de Francia en 1940

Quedaba hablar de la realidad de la guerra. ¿Cómo se comportaron las SS cuando entraron, efectivamente en combate? Su participación en la campaña de Polonia fue escasa, solo dos regimientos, y estuvo alejada de las zonas de máximo esfuerzo, Schwerpunkt según la terminología germana, por lo cual su intervención no fue fundamental para la victoria. En este aspecto, no fueron tratadas como una fuerza de élite, sino relegadas a tareas de flanco.

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Un ferrocarril en Irak para ganar una guerra naval

 

Cuando en 1906 los británicos decidieron poner en servicio el HMS Dreadnought es posible que fueran conscientes del hecho, fundamental en la historia contemporánea, de que con la aparición de este buque de guerra todas las flotas del mundo quedaban definitivamente igualadas, a cero, pues la aparición de este acorazado monocalibre, es decir, cuyas piezas principales eran todas iguales (10 de 305 mm, en cinco torre de dos tubos, en este caso), convirtió automáticamente en obsoletos a todos los demás acorazados del mundo. A partir de ese momento, el potencial naval de una flota iba a medirse en “dreadnoughts”.

El HMS Dreadnought
El HMS Dreadnought

Así, no es extraño que una potencia recién unificada como Alemania, que había llegado tarde a la carrera colonial y que era muy consciente de que la única forma eficaz, en aquella época, de proyectar su poder en el globo, era una flota poderosa, empezara a dedicar sus esfuerzos a construirla. Tampoco llama la atención que los británicos se preocuparan ante el crecimiento exponencial del poder marítimo de un país que, industrialmente, estaba empezando a superarlos. ¿Peligraban sus colonias?

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La deportación de los tártaros de Crimea (III): 1944, la última tragedia.

 

Como hemos ido comentando hasta aquí, la historia de los tártaros de Crimea, en relación con los gobernantes de Rusia primero, y de la Unión Soviética después, había sido extraordinariamente conflictual. El kanato había sido una fuente de preocupación para la Rusia moderna, hasta su conquista, para posteriormente convertirse en el refugio de los últimos combatientes “blancos” de Ucrania, durante la Guerra Civil Rusa. Tras su evacuación y la llegada del gobierno leninista, los tártaros se vieron sometidos a una intensa persecución, distribuida en diversas fases y que terminó en 1941 con la llegada de la Wehrmacht. Entonces se convirtieron en perseguidores, dando una vuelta a la rueda tan injusta y cruel como la que ellos mismos habían sufrido anteriormente y, lo que es aún más triste, apoyando a unos amos que, en el fondo, también tuvieron la intención de deshacerse de ellos en el futuro.

Subiendo a los trenes.
Subiendo a los trenes.

Sin embargo, a partir de 1943 Alemania empezó a perder la guerra, los grandes proyectos de la Crimea germana empezaron a desvanecerse, y el destino de los tártaros de la península volvió a ser amenazante. El 9 de mayo de 1944 el último soldado alemán abandonó Sebastopol, dos días después, con casi toda la península de Crimea en sus manos, Stalin firmó un documento secreto, el Decreto 589ss del Comité de Defensa del Estado, parte de la cual rezaba:

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