Desperta Ferro Historia Contemporánea N.º 15: Ardenas, la ofensiva alemana.

 

No podemos acudir a la imagen tópica de los inmensos Könistiger surgiendo de entre la nieve y la niebla para arrollar las posiciones de vanguardia de los estadounidenses, sembrando muerte y caos entre los pozos de tirador y las posiciones de las ametralladoras, sería demasiado fácil. Sin embargo, la realidad de aquel 16 de diciembre tiene su propio glamour, qué duda cabe. Proyectiles de cañones y lanzacohetes surcando el cielo nocturno en la hora oscura que precede al alba, soldados infiltrándose por la nieve, en silencio, en largas columnas que se dirigen hacia el oeste, como en los tiempos de gloria de 1940, y la luminiscencia fantasmagórica de los focos antiaéreos, apuntando a las nubes y rebotando hacia los campos nevadas de las quebradas Ardenas.

La última gran ofensiva alemana de la Segunda Guerra Mundial es una de las batallas más evocadas por aquellos que quieren pensar en escenarios alternativos, en lo que hubiera podido ser y no fue. En cierto modo, quienes así lo hacen tienen algo de razón pues hacía mucho tiempo que los alemanes no habían sido capaces de lanzar una ofensiva a semejante escala. Tras los desastres sufridos en el segundo semestre de 1944 parecían acabados, hasta tal punto que los ejércitos de los aliados occidentales estaban convencidos de que la guerra acabaría antes de Navidad. Sin embargo se les iba a acabar el resuello, y los germanos iban a aprovechar el paso (o el salto) atrás para atacar mejor.

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Los de la última carga (III): la Brigada de Kemper.

 

Situada a la derecha de la Brigada de Garnett, la de Kemper, que ocupó el extremo sur del despliegue de Pickett, estaba formada por otros cinco regimientos: 1.º, 3.º, 7.º, 11.º y 24.º de Virginia. Habían pasado la noche cerca de la carretera de Chambersburg, se habían levantado al alba y habían marchado por la hondonada al oeste de la granja Spangler. Dos de sus compañías, la D del 1.º y la D del 11.º de Virginia, fueron desplegadas como escaramuzadores por delante de las brigadas de Wilcox y Lang, tras las cuales se desplegaron, de norte a sur, el 24.º, 11.º, 1.º, 7.º y 3.er regimientos de Virginia.

Recreación de las tropas de la Brigada de Vermont, orientadas hacia el norte, destrozando a las tropas confederadas de Kemper.

Su comandante en jefe, el general de brigada James Lawson Kemper, era el único de los jefes de Brigada de Pickett que no era militar profesional, y el más joven, y tampoco tenía la ventaja, como muchos otros, de haber luchado en la Guerra de México, pues cuando llegó allí su unidad fue destinada a defender la provincia de Coahuila. En realidad, se trataba de un político, un personaje importante del Comité de Asuntos Militares de Virginia, lo que le había llevado a comandar el 7.º Regimiento de Virginia desde la primera batalla de Manassas hasta la de Seven Pines, donde su sobresaliente actuación le valió un ascenso. Comandó esta brigada en la segunda batalla de Manassas y en Antietam.

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Un enigma naval.

Aprovechando que es viernes queremos proponeros, a los que nos seguís pacientemente semana tras semana, un pequeño juego. A continuación expondremos una serie de datos, todos sacados de la cronología oficial de la Marina estadounidense durante la Segunda Guerra Mundial, y todos correspondientes al mismo día, a ver quien es el primero que consigue responder a las tres simples preguntas que se plantean al final de esta entrada.

El destructor japonés Mochizuki, que para entonces ya era una «vieja gloria».

Estos son los datos:

Aquel día, las torpederas PT-69, PT-39 y PT-37 entraron en combate con varios destructores japoneses al sur de la isla de Savo, quedando averiadas las dos primeras, así como el destructor Mochizuki.

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Los de la última carga (II): la Brigada de Garnett.

La primera de las tres unidades de la División de Pickett a la que vamos a referirnos es la Brigada de Garnett, formada por cinco regimientos: 8.º, 18.º, 19.º, 28.º y 56.º, todos ellos de Virginia, como el resto de la división.

No parecen existir fotos de Richard B. Garnett, y esta fotografía, con la que a menudo se le ha identificado, podría ser, en realidad, de su hermano.

Richard B. Garnett (al que no hay que confundir con su primo Robert S. Garnett), se había graduado en West Point en 1841 con el 29.º puesto de los 52 cadetes de aquel año, un resultado que no era demasiado brillante y que probablemente influyó en sus primeros años de carrera, ya que si bien sirvió con eficacia en las guerras indias, especialmente contras los Seminolas y como comandante en jefe del puesto de Fort Laramie, cuando estalló la Guerra Civil no había pasado del puesto de capitán; una situación en la que también tuvo bastante que ver el hecho de que no participara en la Guerra de México, donde adquirirían su relevancia muchos de los principales líderes militares de la contienda de 1861-65.

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Los de la última carga (I): La división de Pickett.

Julio de 1938, un grupo de simpáticos ancianitos, algunos de ellos vestidos de gris, se alinea a la salida de Spangler’s Woods, sobre la cresta de una colina. Algunos se han visto recientemente, otros no se habían reencontrado desde hacía años, pero muchos de ellos parecen reconocerse, o al menos reconocer las unidades en las que sirvieron en el pasado: Armistead, Lowrance, Pettigrew, Pickett… Un rato después, se ponen en marcha, cruzan el valle despacito, apoyados en sus bastones algunos, ayudados por familiares otros, el más joven de ellos tiene, como mínimo, setenta y cinco años. Poco a poco se van acercando a la carretera de Emmitsburg, a Cemetery Ridge, al muro de piedra, al bosquecillo y al “Ángulo”, lugares a los que entonces sobrevivieron de milagro, pero a los que no les importa volver en este día.

Una escena de la reunión de veteranos de 1938, saludándose desde ambos lados del muro.

Lugares en los que ahora les espera otra fila de ancianos, todos ellos sin duda mayores también de setenta y cinco años, algunos todavía vestidos de azul, otros ataviados con las prendas que les ofrece su propio tiempo, la mayoría sonrientes. Finalmente, los caminantes llegan a lo alto de la cresta, su destino por segunda vez en sus vidas, y allí saludan a los que los esperaban, se abrazan, charlan… No deja de ser irónico que el 3 de julio de 1863, tres cuartos de siglo antes, aquellos mismos hombres hubieran hecho todo lo posible por matarse, pero ahora la Guerra de Secesión ha terminado, Gettysburg es solo un parque nacional y un momento a las glorias del pasado y, la carga de Pickett, material para los libros de historia.

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Incursión japonesa en el Índico (I): Los planes británicos.

Los dos primeros días de abril de 1942 fueron, en el océano índico, un baile inútil en el que la Eastern Fleet británica, comandada por el almirante Sommerville, trató de maniobrar en torno a una flota japonesa cuyas intenciones se conocían, pero nada más. Faltaban datos cruciales: ubicación, rumbo y fechas.

«Una escena de otro tiempo». Acorazados británicos de la clase «R».

Ya explicamos en una entrada anterior lo que estaba en juego en el índico: nada menos que un nudo logístico y de comunicaciones de singular importancia entre los aliados occidentales y el frente africano y el soviético; ya adelantamos que una eventual ocupación japonesa de Ceilán hubiera puesto en jaque una parte importante del esfuerzo de guerra, no contra el Japón, pues este aún no existía, sino contra la Alemania nazi. Sin embargo, los japoneses no querían Ceilán, sino tan solo destruir la poderosa (sobre el papel) flota británica ubicada en torno a la isla, cuya mera presencia fue la que los atrajo hacia el oeste.

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El momento más peligroso de la segunda guerra mundial.

Cuenta la anécdota que cual fue este momento fue la pregunta que le hicieron a Winston Churchill un día de 1946 y la respuesta del hombre que había liderado el imperio británico durante toda la contienda fue de lo más curiosa, pues nunca se refirió a los grandes campos de batalla o a las grandes catástrofes militares sufridas por los aliados, sino a un acontecimiento más bien oscuro, al que pocos historiadores han dado importancia, aunque sin duda si se la daba el ex primer ministro.

Vista aérea del ataque aéreo japonés que acabó hundiendo el Prince of Wales y el Repulse.

“El momento más peligroso de la guerra, y el que más me alarmó, fue cuando la flota japonesa se dirigió a Ceilán y a la base naval que teníamos allí. La captura de Ceilán y el consecuente control del Océano Índico, y la posibilidad de que a la vez los alemanes conquistaran Egipto, habrían supuesto el cierre del cerco, y el futuro se habría vuelto muy oscuro”

Esta es la historia.

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