Fue definitivamente el fin de la era de los acorazados. Los británicos no lo tuvieron claro doctrinalmente hasta no sufrirlo en sus carnes. Un periodista de la CBS, Cecil Brown, estaba en el Repulse y radió la noticia a todo el mundo.

Brown estaba en la cubierta del crucero de batala Repulse cuando aparecieron los primeros bombarderos japoneses. Formando una línea, eran claramente visibles en aquel día despejado. Sobrevolaron los buques sin causar daño aparente. Iban a una altura aproximada de 3.000 metros. Las baterias antiaéreas de los buques británicos no dejaban de disparar.





