Cuenta la anécdota que cual fue este momento fue la pregunta que le hicieron a Winston Churchill un día de 1946 y la respuesta del hombre que había liderado el imperio británico durante toda la contienda fue de lo más curiosa, pues nunca se refirió a los grandes campos de batalla o a las grandes catástrofes militares sufridas por los aliados, sino a un acontecimiento más bien oscuro, al que pocos historiadores han dado importancia, aunque sin duda si se la daba el ex primer ministro.

Vista aérea del ataque aéreo japonés que acabó hundiendo el Prince of Wales y el Repulse.

“El momento más peligroso de la guerra, y el que más me alarmó, fue cuando la flota japonesa se dirigió a Ceilán y a la base naval que teníamos allí. La captura de Ceilán y el consecuente control del Océano Índico, y la posibilidad de que a la vez los alemanes conquistaran Egipto, habrían supuesto el cierre del cerco, y el futuro se habría vuelto muy oscuro”

Esta es la historia.

Estamos en marzo de 1942. En el frente del este los alemanes se están recuperando de su fracaso ante Moscú y de las contraofensivas de invierno soviéticas, y estos, a su vez, están acumulando fuerzas para nuevos ataques; y en África, Rommel se ha posicionado en la línea Gazala y está preparando la ofensiva que lo llevará hasta el Alamein. Podríamos decir pues que la situación es mala, pero está más o menos controlada.

En realidad, es en el pacífico donde la guerra se ha descontrolado para los aliados. El 7 de diciembre de 1941 el Imperio japonés atacaba Pearl Harbor. Esta acción, y la ofensiva contra las islas Filipinas han dejado a Estados Unidos fuera de juego, temporalmente. Más al sur, entretanto, tropas niponas han desembarcado en Malasia y se han apoderado de Singapur, el “Gibraltar de oriente”, base fundamental del imperio británico en aquella parte del mundo, y no solo eso. El día 10 de diciembre la Royal Navy había perdido dos de sus mejores barcos de guerra, el acorazado Prince of Wales y el crucero de batalla Repulse, a manos de los aviadores de las fuerzas armadas y la marina japonesa, reduciendo la presencia naval aliada en aquellas aguas al mínimo. Posteriormente tendría lugar la batalla del mar de Java, en la que los nipones expulsarían por completo a los aliados, primero en el mar y luego en tierra, de las Indias Orientales neerlandesas.

La base naval británica de Trincomalee, en Ceilán, en 1944. Los portaaviones que se pueden ver al fondo, son norteamericanos.

A consecuencia de estas acciones, los británicos se vieron obligados a retirarse hacia el índico, estableciendo una flota importante en dicho océano, con tres portaaviones y cinco acorazados, en las tres bases disponibles en torno a la isla de Ceilán (actualmente, Sri Lanka): Colombo, Trincomalee y el atolón de Addu.

A pesar de lo mucho que se ha especulado sobre el asunto, el Índico nunca fue un objetivo estratégico para los japoneses. Estos veían a su principal adversario en los Estados Unidos, y sabían que estos contraatacarían en algún momento, por lo que tenían la mirada dirigida hacia el este, a los archipiélagos de la micronesia y la melanesia, donde querían establecer una barrera infranqueable que les permitiera contener el poderío de la que, sabían, sería algún día una flota extraordinariamente poderosa. Sin embargo, en persecución de este objetivo estratégico tenían que cubrirse las espaldas, y precisamente por eso, la flota británica basada en Ceilán se estaba convirtiendo, poco a poco, en una preocupación.

El portaaviones HMS Hermes, este si era británico.

Los británicos tenían sus propios intereses en el índico, por cuatro motivos fundamentales. De menos a más importante: porque por él se comunicaban con Australia y Nueva Zelanda, dos de los dominios más importantes de la Commonwealth; porque por la costa este de África circulaban los convoyes que suministraban a las tropas que defendían Egipto y Oriente Medio; porque por este mar circulaban las tropas y las materias primas provenientes de la India y el petróleo de Irán e Irak; y finalmente porque a través del golfo Pérsico e Irán llegaban a la Unión Soviética la mayor parte de los envíos del “préstamo y arriendo”, recursos extraordinariamente importantes a la hora de mantener a dicho país en la guerra, desgastando los recursos de Alemania. En resumen, la posibilidad de que los japoneses invadieran la isla de Ceilán y construyeran una base aeronaval en la isla desde la que amenazar todas estas líneas de comunicaciones era una pesadilla para los británicos y, curiosamente, el despliegue de una flota para contrarrestarla fue lo que atrajo a los nipones, que querían cubrirse las espaldas, hacia el índico, provocando lo que Churchill llamaría, “el momento más peligroso de la guerra”.

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