¿Qué fuerzas tenían los franceses para defenderse del ataque?
Desde el punto de vista de las tropas de tierra, las fuerzas defensoras fueron, en general, cualitativamente malas, y cuantitativamente escasas. Con 90.000 efectivos totales, de los que solo 14.500 eran soldados europeos, lo que significaba más motivados y mejor equipados, las fuerzas terrestres de indochina tenían que defender 1.800 m de frontera y controlar policialmente la colonia, especialmente en Cochinchina, donde los comunistas, muy activos, habían protagonizado ya varios alzamientos. Para más inri, para encuadrar esta fuerza sólo había 1.400 oficiales, de los que unos escasos 800 eran de servicio activo; y 4.900 suboficiales.
Insignia del 5eme Régiment Étranger d´Infanterie (1940).
Entre estos soldados europeos debemos destacar dos regimientos de infantería colonial, el 9º y el 11º, y un regimiento extranjero de infantería (la famosa legión extranjera), el 5º; a los que hay que añadir dos buenos regimientos de artillería, el 4º y el 5º de artillería colonial.
El periodo 1939 – 1945 contiene, además de las grandes acciones conocidas del público, toda una serie de pequeñas acciones y guerras olvidadas que no por ello carecen de interés. Una de ellas, a la que nos queremos referir en varias entradas, fue la guerra Franco-Tailandesa que se extendió de noviembre de 1940 a febrero de 1941.
El General Phibun Songkram.
Tailandia había sido hasta el 24 de junio de 1939 el antiguo Reino de Siam, que en aquel momento estaba bajo el control del General Phibun Songkram, aupado al poder en 1932 a raíz de un golpe de estado contra la monarquía absoluta del Rey Prajadhipok (también conocido como Rama VII).
El nuevo gobierno, militar, se puso de inmediato a modernizar el país, en gran parte con ayuda extranjera; un proceso que, gracias a una pequeña camarilla de oficiales japoneses, incluyó en gran medida a las fuerzas armadas. Desde el punto de vista del ejército de tierra, la instauración del “Yuvachon”, una institución con ciertas similitudes con las juventudes hitlerianas, empezó a poner armas en manos de la juventud desde los 14 años, lo que en su momento permitiría ampliar esta fuerza de los 50.000 a los 250.000 combatientes, según algunos autores, aunque sin cuadros suficientes para mandarlos con toda eficacia.
Lutz Koch fue un periodista alemán que pasó buena parte de la guerra en compañía del Mariscal Rommel y que posteriormente escribió un libro bastante interesante sobre su figura, una obra en la que no falta el humos, ante ciertas delirantes situaciones que le toco vivir, ni tampoco un curioso capítulo titulado: “el comienzo de la evolución moral”, que parece indicar que, hasta un momento dado, el Mariscal Rommel no tuvo nada que objetar contra el nazismo.
Erwin Rommel y Adolf Hitler, frente afrente.
Según el biógrafo, fue durante la épica retirada de El Alamein, una vez abandonada cirenaica y con los restos, bastante enteros dadas las circunstancias de su ejército, ya en Tripolitania.
Primero solicitó una entrevista urgente con Hitler, varias veces, sin recibir respuesta, y una noche decidió tomar un avión y presentarse por sorpresa en la Wolfsschanze el cuartel general de Hitler en Rastemburg, Prusia Oriental. Así nos dice Koch que sucedieron las cosas.
Y tras haber seguido a von Choltitz por dos de las acciones más interesantes de su carrera, sin duda ha llegado el momento de volver al lugar que le abrió las puertas de la Historia. ¿Arderá París?
El Hotel Meurice, en bajo los arcos de la Calle de Rívoli. La plaza de la Concordia está al fondo.
Aquel 23 de agosto de 1944 era sin duda un preocupadísimo Choltitz quien se hallaba en su despacho del Hotel Meurice, en la céntrica Rue de Rivoli, que bordea el lado norte del Palacio del Louvre y se extiende hasta la Plaza de la Concordia; donde se hallaba su Cuartel General. Acababa de recibir una orden directa de su Führer: “Paris no debe caer en manos del enemigo, salvo siendo un montón de escombros”, rezaba. Pero el general no lo tenía tan claro.
Como pudimos ver el viernes, antes de rendir París von Choltitz había participado en otras operaciones militares, entre ellas la conquista de Sevastopol. Sin embargo esta no fue su operación más interesante. Uno de las acciones más llamativas e innovadoras de la guerra fue sin duda la invasión alemana de Holanda, en Mayo de 1940; y von Choltitz también estuvo allí. Entonces comandaba el III Batallón del Infanterie Regiment 16.
Tropas alemanas en Rotterdam.
Este regimiento formaba parte de la 22 Infanterie Division, cuyo nombre llevaba el añadido de “Luftlande”, es decir, aerotransportable; y así fue como los hombres de Choltitz llegaron a Holanda, a bordo de una flotilla de Ju-52 que los llevó hasta el aeródromo de Waalhaven, al sur de Rotterdam y del río Mosa, que la cruza. Era el 10 de mayo de 1940. Aunque no todos.
Casi todo el mundo conoce al General von Choltitz, el hombre que recibió la orden de quemar París y no lo hizo, sino que se rindió con la ciudad. Sin embargo este oficial tuvo una vida anterior, por ejemplo en Sebastopol donde, el 7 de junio de 1942, participó, al frente del Infanterie Regiment 16 (de la 22 Infanterie Division), en el asalto a la gran fortaleza.
Así es como vivió los primeros momentos de la operación «Storfang», el asalto definitivo.
Dietrich von Choltitz, nuestro protagonista de hoy.
Son algo más de las 03:50.
“La aviación lanza un ataque masivo, mientras que el infante, e buena forma física y moral, se lanza contra el enemigo… Sin embargo la posición es extremadamente difícil de cruzar, pues está sembrada de minas. El terreno, lleno de maleza, hace que sea muy
difícil mantener la cohesión y el rumbo de los grupos de asalto, incluso de los más pequeños. El infante debe batirse por cada metro de terreno, pasa al asalto, se expone a los contraataques del enemigo; y cada hora pone a prueba su capacidad de resistencia. Los puestos avanzados del enemigo estaban bien fortificados y nunca nos habíamos encontrado con un adversario tan duro y tan inquebrantable, incluso bajo un fuego tan intenso. Hizo falta entonces tomar cada agujero lanzando dentro minas, bombas de humo y granadas… Sin embargo, los rusos siguen sin ceder y siguen combatiendo con una valentía desesperada, digna de admiración. Hacemos prisioneros, son hombres graves y duros. Mientras los llevamos hacia retaguardia algunos de ellos se hacen por sorpresa con algunas de las armas que se han quedado en el suelo y retoman la lucha con una última y fatal energía”.
El regimiento de Choltitz tuvo que combatir hasta el 13 de junio para hacerse finalmente con el fuerte Stalin. Sin embargo la batalla no terminó con eso. Ahora había que quebrar la segunda línea soviética y llegar a la orilla norte de la Bahía de Severnaia. Ya en la costa, una serie de galerías profundamente excavadas también van a ser un hueso duro de roer.
Posiciones acorazadas soviéticas, posiblemente el costado del Fuerte Máximo Gorky.
Volvamos con Choltitz:
“Para forzar el acceso, nuestra undécima compañía avanza hasta las cuestas más abruptas, pero el ataque, con granadas, con minas, con dinamita, fracasa. Enviamos prisioneros para que convenzan al enemigo para que se rinda, por el bien de los obreros de las fábricas de municiones, de sus mujeres, de sus hijos [también hay civiles refugiados en las galerías], pero sin éxito. En un acceso de desesperación un joven voluntario desciende hacia el muelle por una cuerda, con el fin de forzar la entrada con una carga de dinamita. Pero lo matan muy cerca de su objetivo. Se produce una terrible explosión. En un último acto desesperado el comisario político [para los alemanes, siempre los culpables de todo] ha volado el túnel. Con el mueren los 1.400 civiles que se habían refugiado en el interior, y aquellos de nuestros soldados que se habían instalado sobre la galería”.
En esta imagen pueden verse las posiciones soviéticas, el Fuerte Stalin la bahía.
Con la costa norte de la bahía en manos alemanas, finalmente, queda una última operación, cruzar el brazo de mar para apoyar a las tropas que están atacando Sebastopol desde el este.
Volvamos por última vez al regimiento de Choltitz, estamos a 29 de junio, y son las 01:00 de la madrugada.
“Bajo la protección [de la artillería], nuestros hombres saltan dentro de las embarcaciones. Un oficial se me acerca y me pide que imponga disciplina entre los infantes y los soldados de ingenieros, que se están abalanzando hacia los barcos. Se ponen en marcha los motores y las lanchas se lanzan a cruzar el brazo de mar, casi sin protección, en un frente de 500m. Uno de los barcos que van en cabeza está conectado a la base departida por medio de un cable telefónico y, doce minutos después del inicio de la operación, me anuncian que la primera compañía ya ha llegado. Estaba avanzando en paralelo a la vía férrea construida sobre el muelle y atacaba a toda prisa hacia las alturas”.
Impresionante vista aérea del Fuerte Máxim Gorky.
Al día siguiente, 30 de junio, las tropas alemanas entran en Sebastopol, la ciudad caerá definitivamente el 1 de julio, abandonada por los soviéticos.
Sin embargo el sistema de Jefferson Davis se enfrentó a tres grandes tipos de inconvenientes, los geográficos, los propios jefes de departamento y la fragilidad del sistema de transporte confederado. Podemos organizar las diversas manifestaciones de estos inconvenientes en nueve puntos básicos.
El General Halleck, sucesor de Winfield Scott, fue el primero en orquestar ofensivas simultáneas. Era la concentración en el espacio.
1º.- Frente a la idea de “concentración en el espacio” propuesta por la estrategia confederada, los federales optaron por emplear el concepto de “concentración en el tiempo”, coordinando varias ofensivas simultaneas. Así sucedió a finales de 1862, cuando se lanzaron a la vez las campañas de Vicksburg, en el Oeste, Stone´s River en el centro y Fredericksburg en el este.
Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies