Lutz Koch fue un periodista alemán que pasó buena parte de la guerra en compañía del Mariscal Rommel y que posteriormente escribió un libro bastante interesante sobre su figura, una obra en la que no falta el humos, ante ciertas delirantes situaciones que le toco vivir, ni tampoco un curioso capítulo titulado: “el comienzo de la evolución moral”, que parece indicar que, hasta un momento dado, el Mariscal Rommel no tuvo nada que objetar contra el nazismo.

Erwin Rommel y Adolf Hitler, frente afrente.

                Según el biógrafo, fue durante la épica retirada de El Alamein, una vez abandonada cirenaica y con los restos, bastante enteros dadas las circunstancias de su ejército, ya en Tripolitania.

                Primero solicitó una entrevista urgente con Hitler, varias veces, sin recibir respuesta, y una noche decidió tomar un avión y presentarse por sorpresa en la Wolfsschanze el cuartel general de Hitler en Rastemburg, Prusia Oriental. Así nos dice Koch que sucedieron las cosas.

–          “¿Cómo se ha atrevido usted a abandonar sus tropas sin mi autorización? – le preguntó Hitler fríamente”.

–          “Mi Führer –respondió Rommel- la situación en África exige imperiosamente que yo pueda hablar personalmente con usted, para exponerle mis ideas acerca del futuro desarrollo de los acontecimientos”.

         Hitler le invitó a seguir hablando, y Rommel lo hizo: expuso al dictador que África debía ser abandonada, pues a causa del enorme despliegue de material de los anglosajones, nada podía hacerse. No obstante Rommel era consciente de lo que pedía, y también indico que, si decidían defender el Norte de África, hacían falta divisiones de refresco, material de calidad y aviones “suficientes”. Es decir, muchos. Teniendo en cuenta que el desastre de Stalingrado estaba a punto de suceder, lo que pedía Rommel era imposible.

–          “¡Es absolutamente necesario conservar África; solo es cuestión de pelear!”, o “con todo, nos es posible huir pura y simplemente ante el enemigo” –intervino Jodl, siempre la voz de su amo, en un par de ocasiones.

Rommel en África. Eran los buenos tiempos: victorias, ascensos, honores.

Pero Rommel insistió, pidiendo algo que probablemente nunca había existido: un plan conjunto para la defensa del Mediterráneo.

–          “Hace tiempo que no ceso de advertir que la situación se va agravando, pero el Alto Mando no me ha hecho caso. Mi Führer, es preciso evacuar África y salvar a nuestras mejores tropas. Con el núcleo de las dos divisiones acorazadas y las divisiones que ya se encuentran en Italia, reanudaremos la lucha desde Sicilia. Entonces estaremos en condiciones de contener a enemigo en una nueva línea que se extienda desde Rodas hasta Sicilia, pasando por Creta, Grecia, Corfú y la Italia Meridional”.

                      Fue entonces cuando Hitler hizo estallar su indignación.

–          “¡Ni hablar siquiera de retroceso! ¡Hay que quedarse a toda costa! ¿Abandonar África? De ninguna manera. Ordeno que sea defendida”. Tras decir esto, el Führer pareció calmarse un poco; pero entonces volvió a gritar: “¡Vaya a esperar fuera mis órdenes!”.

                Rommel estaba lívido, tieso, él, el Mariscal mimado de la propaganda de Goebbels, uno de los héroes de Alemania, nunca había sido tratado de semejante manera. Ya había sufrido una Haltbefehl en El Alamein, cuando no pudiendo aguantar más, había informado de que se retiraba ante la presión inglesa; pero esta había sido cancelada a las veinticuatro horas, y no había habido gritos, ni ataques de furia.

El entierro de Rommel, después de suicidarse, por orden de Hitler, para salvar a su familia. Los dictadores nunca evolucionan, moralmente.

                Hitler debió ver algo en el rostro, o el gesto, de su Mariscal de Campo, que le llevó a dulcificar un poco su discurso:

–          “Compréndame”. –Dijo- “si en el invierno de 1941 – 42 hubiese hecho caso de mi generales, habría hecho retroceder enormemente el frente oriental. Entonces me negué a ello y el éxito me dio la razón. También esta vez mantendré mi parecer y el éxito volverá a darme la razón de nuevo en África. ¡Mis ojos ven más lejos que los de mis generales!”

                La reunión había terminado. Esta vez, Rommel había visto a la perfección el verdadero rostro del monstruo.

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