El modo alemán de hacer la guerra – De la Guerra de los Treinta Años al Tercer Reich. Robert M. Citino

Salamina acaba de publiar una de las obras cumbre de Robert Citino, su tesis sobre el modo prusiano y alemán de hacer la guerra. Pero dejemos que sea el propio Citino el que exponga el contenido de su análisis.

¿Hay un modo alemán de hacer la guerra? La respuesta podría parecer obvia. Hay pocas nociones en la historia moderna más seguras que la de la excelencia militar alemana. Muchos monarcas absolutos fueron reyes soldados, pero Federico el Grande fue el Rey Soldado, una combinación aparentemente sin fisuras de déspota ilustrado y talentoso mariscal de campo. Durante el siglo XIX, el ejército prusiano llevó a cabo una revolución militar que culminó con el desplazamiento de Austria de su papel preponderante en Alemania, el derrocamiento de Francia como potencia hegemónica en Europa, y la creación de un nuevo Imperio Alemán, un «segundo Reich» que era, que duda cabe, una criatura muy diferente a la del viejo Sacro Imperio Romano Germánico.

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La batalla de Poltava (1709) – Carlos XII contra Pedro I (II)

Solo 6.000 hombres de esta fuerza, incluidos los heridos, lograron llegar a unirse con Carlos; 2.000 carros de avituallamiento y todos sus cañones se habían perdido.

Carlos trató, con gran dificultad, de mantener a su ejército unido y cohesionado durante el invierno (noviembre de 1708 – abril de 1709), pero éste quedó reducido a sol 20.000 hombres y 34 cañones. Con el deshielo de la primavera Carlos avanzó sobre Voronezh pero se detuvo a sitiar Poltava, en el río Vorskla, Ucrania.

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La batalla de Poltava (1709) – Carlos XII contra Pedro I (I)

La batalla de Poltava, librada el 8 de julio de 1709 marcó el fin de Suecia como gran potencia militar y el surgimiento de Rusia.

En el siglo XVIII los estados pequeños podían jugar un papel principal en la política europea si gestionaban de modo adecuado sus recursos. Los ejércitos de este periodo eran pequeños –con una de media de 40.000 efectivos- y una fuerza de este tamaño estaba al alcance de algunas potencias menores. Suecia y Prusia son buenos ejemplos de ello.

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La Batalla de Leuthen (1757) – Obra maestra de Federico el Grande

La batalla de Leuthen, librada entre prusianos y austriacos el 5 de diciembre de 1757, fue uno de los enfrentamientos clave de la Guerra de los Siete Años (1756-1763).

En 1756, Austria, Francia, Rusia, Suecia y Sajonia se aliaron contra Prusia. El rey Federico II, decidido a no dejar a sus enemigos tiempo para concentrarse, invadió Sajonia a finales de agosto de 1756 e inició la Tercera Guerra Silesia, que sirvió de catalizador para la Guerra de los Siete Años.

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Grandes Arengas Militares (V) – Federico el Grande en la batalla de Leuthen

Federico el Grande consiguió una de sus mayores victorias expulsando al ejército austriaco de Silesia en la batalla de Leuthen (1757). El enfrentamiento supuso el triunfo táctico de una infantería altamente disciplinada y formada en orden cerrado, ingeniosamente protegida por la caballería.

El ejército de Federico marchó hacia el centro de un frente austriaco de 8 kilómetros de amplitud en la ciudad de Leuthen; fingió un ataque en su flanco derecho; y atacó en el izquierdo, empleando una serie de movimientos de precisión. La ejecución de este complicado ataque, que el propio Federico admitió que iba contra las “leyes de la maniobra”, requería tropas impregnadas con un sentido de la disciplina, el honor, y sobre todo, una resolución común y una sobrada capacidad de maniobra.

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Batallas Navales – 1798 La Batalla del Nilo (III y final)

Entonces, cuando empezaba a anochecer, apareció el mismo Nelson con el Vanguard. El buque insignia y los demás navíos atacaron a los franceses por el exterior, avanzando lentamente por la línea y reventándolo todo a su paso.

El único capitán desafortunado fue Iroubridge, el viejo amigo de Nelson. Éste embarrancó el Culloden en un banco de arena frente a la isla de Abukir, pero logró guiar correctamente a los dos barcos que quedaban por entrar en la bahía. Una vez allí los fogonazos de los cañones y los barcos incendiados iluminaron la apacible noche egipcia, al tiempo que cada uno tomaba la posición que le había sido asignada. «Todos conocían sus posiciones», manifestaría más tarde Nelson. «Estaba seguro de que cada cual eligiría su navío francés». El L’Orient de Brueys, con su bodega a rebozar de riquezas, se hallaba en el centro de la línea, cayendo sobre él el Bellerophon.

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Batallas Navales – 1798 La Batalla del Nilo (II)

Al no disponer de fragatas, Nelson no podía ampliar su exploración, alcanzando sus navíos a los de Bonaparte durante las horas de oscuridad (los oficiales franceses de hecho escucharon los cañones de señales ingleses durante una de las noches).

Línea francesa. La flota inglesa se acerca por la derecha.

El almirante inglés echó un vistazo a Alejandría y encontró el puerto vacío, dándose la vuelta para Sicilia. Apenas se podía creer que se hubiera equivodcado. Y en efecto, tan pronto como aparejos y juanetes hubieron desaparecido en el horizonte, los franceses, navegando hacia la costa comenzaron los preparativos para desembarcar. Nelson escribiría posteriormente: «los hijos del diablo tienen la suerte del diablo». La segunda vez fue diferente. Los transportes de Napoleón estaban amarrados en Alejandría, pero su flota, al mando de Brueys, trece navíos de línea incluyendo al gigantesco L’Orient, estaban anclados en la bahía de Abukir, cerca de la boca Rosetta del Nilo.

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