Ya hemos hablado dos veces del bombardeo, y posteriormente nos referiremos a los soldados que combatieron en las ruinas, pero hoy vamos a publicar el interesante punto de vista del teniente coronel Bradford A. Evans, piloto del avión que dirigió el ataque de bombardeo contra la abadía.

El monasterio de Monte Cassino se alza directamente ante nosotros. A unos 1500 pies (450 m) por encima del fondo del valle y la ciudad de Cassino, la abadía es bienvenida, en la medida en que ahora el piloto, el navegante y el bombardero pueden tener la seguridad de que han localizado el objetivo correcto.
Dentro de unos segundos el 96.º [escuadrón], los “Diablos Rojos”, va a desencadenar el bombardeo más formidable que se haya dirigido jamás contra un edificio aislado.

Las primeras bombas cayeron a las nueve de la mañana. No nos lo esperábamos en absoluto porque ya había entrado en vigor el armisticio. Pensábamos que la guerra casi había terminado. Estaba en la plaza con un amigo cuando vimos las fortalezas volantes, que iban en dirección a Roma, soltar sus bombas sobre los arrabales de la ciudad. Estábamos alucinando por ver estas maravillosas máquinas voladoras, hasta que de repente nos dimos cuenta de lo que sucedía. 


