La formación de los oficiales en la Reichswehr (I)

A pesar de que Hollywood, y no solo ellos, ha querido describir a los oficiales alemanes de la Segunda Guerra Mundial como zombis incapaces de pensar por sí mismo, un mito cuyas interesantes raíces se basan tanto en la incomprensión de su interesante sistema de mando y control como en el argumento de la “obediencia debida” que tanto esgrimieron estos a posteriori para congraciarse con los vencedores, estos conformaron un cuerpo muy bien preparado, flexible y creativo, y fueron una de las armas fundamentales con que contaría la Wehrmacht hitleriana durante la contienda.

El programa básico de entrenamiento de los oficiales quedó definido por la Regulación Militar 29A, emitida en noviembre de 1920 y que iba a estar en vigor hasta 1931. Inicialmente, solo pudieron acceder a las escuelas de formación los oficiales veteranos de la Primera Guerra Mundial, pero a partir del segundo curso: 1921-22, empezaron a ser aceptados también aquellos que no eran veteranos. El sistema de formación tuvo un primer periodo, que podríamos llamar de prueba, hasta 1924, cuando tras una profunda revisión, el mismísimo Hans von Seeckt (comandante en jefe, de facto, del Ejército alemán) ordenó que se aumentara el nivel de exigencia tanto en los requisitos de admisión del candidato como en los programas formativos en las escuelas específicas de cada arma.

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Medalla de Honor – Alejandro Rentería Ruiz

Rentería nació el 26 de junio de 1924 en Living, Nuevo México, hijo de un inmigrante mejicano que había servido en el ejército de Pancho villa.

Alejandro Rentería Ruíz

Ruiz se alistó en el ejército de Estados Unidos en 1944 después de haber tenido un problema legal cuando viajaba en su coche a ver a su novia en Tejas. En el proceso judicial el juez le dio a Ruiz la opción de alistarse en el ejército o de ir a la cárcel. Rentería eligió el ejército. Tras realizar la instrucción básica Rentería fue destinado al 165.º Regimiento de Infantería de la 27.ª División de Infantería y embarcado para llevar a cabo operaciones en el Pacífico.

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Paracaidistas en El Alamein (VI)

Tras haber superado un primer campo de minas y acabado con las compañías de paracaidistas italianos que defendían la posición avanzada, las tropas británicas del general Harding, que estaban atacando las posiciones del eje en el extremo sur de la línea de El Alamein, se enfrentaban ahora a un segundo campo minado: “febrero”, y a los defensores de la posición principal. Para superar ambos iniciaron primero un ataque en dirección sur, contra elementos  de la 16.ª Compañía que se hallaban posicionados por delante del campo de minas, que consiguieron rechazarlos. Victoria pues para los italianos, que más al norte, y como hemos narrado en las precedentes entradas de esta serie, habían resistido bien durante la noche, aunque al final habían sido derrotados. Sin embargo, se trataba de un éxito intrascendente, pues la partida más importante iba a jugarse más al oeste.

A las 5.30 horas de la mañana del 24 de octubre, el general Harding envió una fuerza de unos 70 carros de combate, entre los que se incluían modelos Crusader y Grant, contra la posición principal italiana. Estos blindados eran prácticamente invulnerables frente a los cañones de 47/32 utilizados por los defensores en sus posiciones avanzadas, pero cuando iniciaron el avance entraron a distancia de fuego de un enemigo mucho más peligroso: obuses de 100/17 y cañones de 75/27.

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Paracaidistas en El Alamein (V)


Al amanecer del día 24, tras la noche de combates caóticos que hemos narrado en las entradas anteriores, con elevadas bajas por ambas partes, las tropas británicas del 1.er Batallón de la Rifle Brigade, apoyadas por elementos acorazados del Royal Scots Greys y el 5 RTR, habían conseguido establecer sendas cabezas de puente al oeste del campo de minas Enero y eliminar las posiciones de ametralladoras y los blocaos de las compañías paracaidistas italianas de la división Folgore en la zona avanzada.

Así lo recuerda otro testigo de aquella noche, el cabo Luciano Maiolatesi, de la 6.ª Compañía, la que había estado orientada hacia el este y había recibido el grueso del ataque británico: “Las bombas que se estrellaban sobre nuestro blocao crearon una gruesa pantalla de humo que me impidieron utilizar la ametralladora, pero cuando el fuego de barrera se detuvo y el ambiente empezó a clarearse, pude ver muchos soldados acercándose a mi posición. Abrí fuego de inmediato. Podía ver tropas enemigas corriendo por todo el perímetro exterior de nuestras defensas. Hacían un avance a toda prisa, se tiraban al suelo y luego volvían a progresar hacia el campo de minas. El primer asalto de la infantería fue repelido y, un poco más tarde, un nuevo intento de romper nuestras defensas, con vehículos blindados ligeros y tropas de a pie, también fue rechazado. Finalmente, los carros pesados cayeron atronando sobre nuestra posición, las arroyaron y silenciaron numerosas posiciones de fuego […].

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SUPERVIVIENTES DE STALINGRADO – Testimonios de veteranos del Sexto Ejército

Ediciones Salamina publica en español el libro del médico alemán Reinhold Busch que recopila los recuerdos de guerra de aquellos que lucharon en la Bolsa de Stalingrado durante el invierno de 1942-43 y lograron sobrevivir evacuados por avión o tras regresar del cautiverio soviético.

Supervivientes de Stalingrado

«Una mañana temprano, la infantería enemiga desató unos feroces fuegos artificiales detrás de nuestras posiciones, hacia el puesto de mando del batallón. Era perfectamente distinguible la lenta cadencia de los subfusiles ametralladores de los rusos y de las ágiles respuestas de nuestras ametralladoras. A continuación llegaron las detonaciones de las granadas de mano. ¿De qué iba todo esto? Los rusos habían empleado la tubería de alcantarillado abierta al Volga para infiltrarse detrás de nuestras posiciones, y habían salido por el extremo de la estación de ferrocarril empujando las tapas de alcantarillado sin ser detectados».

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Paracaidistas en El Alamein (IV)

Mientras narrábamos los combates del 7.º Batallón del Queen’s Royal contra la 22.ª y 6.ª compañías de paracaidistas italianos en el extremo norte de la zona avanzada del eje, dos escuadrones de los ingenieros reales, el 4.º y el 21.º, trabajaban intensamente, bajo el fuego de la artillería y de las ametralladoras, para abrir cuatro pasos en el campo de minas “Enero”, a fin de facilitar el paso de los carros de combate que tenían que sumergir la posición italiana. En su ayuda acudieron diversos vehículos blindados, entre ellos seis carros de combate Scorpion, diseñados para este tipo de tareas.

A la 1.00 horas del día 24, habían conseguido despejar tres pasos, y en torno a la 1.30 entraron en combate las compañías A y B del 1.er Batallón de la Rifle Brigade. La primera inició el progreso por el paso norte y el central (los dos al norte de los cuatro previstos), y no tardó en arrollar tres nidos de ametralladora italianos, pero cuando se acercaban a la posición principal, defendida por el campo de minas “Febrero” y por las compañías de paracaidistas 20, 21, 16y 17, recibió el contrataque de dos secciones de la Folgore, que se lanzaron sobre ellos a golpe de granada, apoyados por una pieza contracarro. Más tarde, la pieza sería encontrada rodeada por los cadáveres de sus sirvientes, pero las bajas sufridas por la compañía A, a la que solo le quedaban 40 hombres, obligaron a esta a detener su ataque. Más tarde sería amalgamada con la compañía B. Entretanto, esta compañía había tratado de cruzar la tercera brecha, pero se había visto contenida por una posición de ametralladoras especialmente activa, que obligó a los hombres a pegarse al suelo para sobrevivir. Entonces, el general Harding, al mando de la 7.ª División Acorazada, decidió enviar a los carros de combate mientras aún estaba oscuro y todavía tenían alguna posibilidad de avanzar sin verse sometidos a un fuego excesivamente certero por parte de la artillería y las piezas contracarros de los defensores.

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La historia detrás del derribo de un B-24 – los milagros ocurren

Veamos hoy un interesante suceso de un B-24 que quedó partido en tres secciones y percepciones de los aviadores frente a los hechos reales, descubiertos muchos años más tarde en una reunión de veteranos.

Desde su propio B-24, el navegador Jackson W. Granholm quedó horrorizado de ver como el B-24 del piloto Charles Giesen comenzaba a picar por debajo suya abandonando la formación sobre la región nevada en la que otros soldados libraban la batalla de las Ardenas.

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