El Ataque a la Bahía de Suda. La Xª Flotiglia MAS entra en guerra.

La flota submarina italiana nunca fue demasiado buena, y en cuanto a su flota de superficie, debido a errores de mando y de concepción operacional, nunca llegó a rendir todo su potencial. Sin embargo, donde si tuvo más éxito la marina italiana fue en el uso de armas de ataque no convencionales, como las lanchas explosivas.

Estas eran muy parecidas a lo que es actualmente una lancha deportiva. De fondo plano, unos cinco metros de eslora y muy poco calado, estaban hechas para la velocidad; con un motor muy potente, pero con escasa autonomía. Las tripulaba por un solo hombre, cuyo puesto de pilotaje era minúsculo ya que toda la sección de proa estaba llena de explosivos, con sus correspondientes espoletas.

El destructor italiano «Sella», fue uno de los buques modificados para transportar lanchas explosivas hacia su objetivo.

La táctica de empleo de estas unidades, que ya habían dado buenos resultados durante la Primera Guerra Mundial, era relativamente simple, y muy parecida a la de un torpedo, solo que tripulado durante la mayor parte de su recorrido. Para poder emplearlas hacía falta que la mar estuviera en calma total. Entonces, eran trasladadas hasta su punto de partida por una nave de mayor tamaño, un destructor, por ejemplo, y largadas sobre el mar a pocas millas de su objetivo. Desde allí se acercaban disimuladamente para, en el último instante, acelerar con toda la potencia de sus motores y lanzarse directamente hacia sus blancos para impactar contra ellos. Por supuesto no eran armas suicidas, y los pilotos tenían que trincar el timón y saltar antes de que se produjera el impacto, lo que delegaba gran parte de la eficacia del ataque en el cuajo de quienes tripulaban las lanchas, ya que cuanto más tarde las abandonaran más fácil era que acertaran a su objetivo. Una vez que la lancha impactaba, solía destrozarse contra el casto del barco atacado, de modo que la carga se hundía hasta que las espoletas de profundidad la detonaban, destrozando la obra viva del buque atacado.

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Divisiones Panzer y de las Waffen SS en Normandía.

 A partir del momento en que decidió cancelar la ofensiva de Kursk, en parte debido al desembarco de los aliados angloamericanos en Sicilia, Hitler empezó a mirar hacia el oeste. Consciente de que Italia solo podía ser, estratégicamente, un frente secundario, el dictador alemán decidió empezar a prepararse para el desembarco aliado en Francia; con la idea de que si los derrotaba dispondría de mucho más tiempo y medios para lidiar con el ejército rojo.

Un Panther de la «Hohenstauffen». Este fue uno de los mejores carros de combate de la contienda.

El proceso de concentración de fuerza necesario para repeler a los aliados occidentales empezó durante la segunda mitad de 1943, y hasta el 6 de junio de 1944, los alemanes consiguieron tener listas para la batalla, aunque concentradas en diversos lugares geográficos, un total de doce divisiones panzer. No todas eran de buena calidad. Algunas, de hecho, eran llamativamente inferiores a lo que se piensa. Este es el modo en que las clasificó el General Geyr von Schweppemburg, jefe del Panzergruppe West.

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Los Motes del General Patton

Es de sobra conocido que al inolvidable George Smith Patton se le conoció con el sobrenombre de “old blood and guts” [lo que se traduce como “el viejo sangre y agallas”]. El origen de esta denominación suele buscarse, de modo bastante general, en su comportamiento en combate, su empuje, su insistencia en la ofensiva constante y en su florido lenguaje; no obstante, hay dos posibilidades mucho más concretas con respecto al origen de este mote.

George S. Patton fue el creador de la primera unidade de carros de combate estadounidenses, durante la primera guerra mundial.

La primera cuenta como, mientras entrenaba y preparaba la que sería la 2ª División Blindada del Ejército Estadounidense, solía impartir largas conferencias a los jóvenes oficiales que acudían a la escuela de formación divisionaria en las que, entre otras descriptivas frases, solía indicarles que cuando entraran en combate los más probable era que se encontraran “metidos hasta el cuello en sangre y agallas”. Así, parece ser que una noche, en los acuartelamientos de oficiales solteros, un teniente observó, al mirar su reloj, que “era casi la hora de ir a escuchar al viejo sangre y agallas”; comentario que fue recibido con muchas risas, dando sí nacimiento al sobrenombre.

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Enzo Grossi – El escándalo de un supuesto As de Submarinos

Hubo muchos fiascos en la Segunda Guerra Mundial, pero a quien nadie igualó sin duda fue a Enzo Grossi, comandante de un submarino italiano que pretendía haber hundido dos acorazados estadounidenses en aguas del Atlántico sur, en 1942.

Recibió por ello la Medalla de Oro al Valor, de manos de Mussolini, y la Cruz de Caballero, por parte de Hitler. Grossi apareció varias veces en el noticiero nacionalsocialista, medio desnudo junto a su periscopio.

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La Batalla de la Bolsa de Lille (VI, y final)

Al final, por supuesto que sí, pero no tan pronto.

A lo largo del día 30, los alemanes siguieron atacando en todos los frentes, para encontrarse ante una férrea y determinada resistencia francesa. En el sector de Loos la División Marroquí contuvo todos los asaltos; mientras que en Haubourdin la 5ª División de Infantería Nord-Africana, aunque tuvo que retirarse un poco, finalmente solo perdió un centenar de metros. La acción más violenta de la jornada, por otro lado, tuvo lugar en el sector de la 2ª División de Infantería Nord-Africana, donde aunque inicialmente los alemanes consiguieron tomar varios puntos defensivos, estos fueron recuperados mediante varios contraataques, tan furiosos como inesperados. Estos logros, al sur del río, no tuvieron su equivalente al norte de la corriente, donde combatían algunos de los soldados que habían protagonizado el intento de ruptura que ya hemos narrado. Mediante violentos asaltos los germanos consiguieron trocear los núcleos de resistencia sitos en Lambersart y Canteleu, aunque no consiguieron acabar con todos los defensores, y algunos pequeños grupos siguieron combatiendo hasta el día siguiente.

En este mapa se pueden ver las posiciones de las divisiones alemanas el 28 de mayo. Muchas de ellas, incluídas las de panzer, acabaron metidas en la batalla que acabamos de narrar.

En realidad, el 31 de mayo fue el último día de resistencia en todos los sectores. Los hombres estaban agotados, la munición era cada vez más escasa, y los alemanes no cesaban en sus ataques; y aunque Loos y Haubourdin aún resistían, Canteleu y Lambersart (entre otras localidades) acabaron por caer. Al final de la jornada la situación era tal que el General Molinié aceptó recibir a un parlamentario alemán, y ante la promesa de que se les rendirían honores si capitulaban, el general francés, finalmente, cedió. El cese el fuego tuvo lugar a las 20:00, y la orden de rendición definitiva se emitió a las 00:00 del día 1 de junio.

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