Como pudimos ver el viernes, antes de rendir París von Choltitz había participado en otras operaciones militares, entre ellas la conquista de Sevastopol. Sin embargo esta no fue su operación más interesante. Uno de las acciones más llamativas e innovadoras de la guerra fue sin duda la invasión alemana de Holanda, en Mayo de 1940; y von Choltitz también estuvo allí. Entonces comandaba el III Batallón del Infanterie Regiment 16.
Tropas alemanas en Rotterdam.
Este regimiento formaba parte de la 22 Infanterie Division, cuyo nombre llevaba el añadido de “Luftlande”, es decir, aerotransportable; y así fue como los hombres de Choltitz llegaron a Holanda, a bordo de una flotilla de Ju-52 que los llevó hasta el aeródromo de Waalhaven, al sur de Rotterdam y del río Mosa, que la cruza. Era el 10 de mayo de 1940. Aunque no todos.
Casi todo el mundo conoce al General von Choltitz, el hombre que recibió la orden de quemar París y no lo hizo, sino que se rindió con la ciudad. Sin embargo este oficial tuvo una vida anterior, por ejemplo en Sebastopol donde, el 7 de junio de 1942, participó, al frente del Infanterie Regiment 16 (de la 22 Infanterie Division), en el asalto a la gran fortaleza.
Así es como vivió los primeros momentos de la operación «Storfang», el asalto definitivo.
Dietrich von Choltitz, nuestro protagonista de hoy.
Son algo más de las 03:50.
“La aviación lanza un ataque masivo, mientras que el infante, e buena forma física y moral, se lanza contra el enemigo… Sin embargo la posición es extremadamente difícil de cruzar, pues está sembrada de minas. El terreno, lleno de maleza, hace que sea muy
difícil mantener la cohesión y el rumbo de los grupos de asalto, incluso de los más pequeños. El infante debe batirse por cada metro de terreno, pasa al asalto, se expone a los contraataques del enemigo; y cada hora pone a prueba su capacidad de resistencia. Los puestos avanzados del enemigo estaban bien fortificados y nunca nos habíamos encontrado con un adversario tan duro y tan inquebrantable, incluso bajo un fuego tan intenso. Hizo falta entonces tomar cada agujero lanzando dentro minas, bombas de humo y granadas… Sin embargo, los rusos siguen sin ceder y siguen combatiendo con una valentía desesperada, digna de admiración. Hacemos prisioneros, son hombres graves y duros. Mientras los llevamos hacia retaguardia algunos de ellos se hacen por sorpresa con algunas de las armas que se han quedado en el suelo y retoman la lucha con una última y fatal energía”.
El regimiento de Choltitz tuvo que combatir hasta el 13 de junio para hacerse finalmente con el fuerte Stalin. Sin embargo la batalla no terminó con eso. Ahora había que quebrar la segunda línea soviética y llegar a la orilla norte de la Bahía de Severnaia. Ya en la costa, una serie de galerías profundamente excavadas también van a ser un hueso duro de roer.
Posiciones acorazadas soviéticas, posiblemente el costado del Fuerte Máximo Gorky.
Volvamos con Choltitz:
“Para forzar el acceso, nuestra undécima compañía avanza hasta las cuestas más abruptas, pero el ataque, con granadas, con minas, con dinamita, fracasa. Enviamos prisioneros para que convenzan al enemigo para que se rinda, por el bien de los obreros de las fábricas de municiones, de sus mujeres, de sus hijos [también hay civiles refugiados en las galerías], pero sin éxito. En un acceso de desesperación un joven voluntario desciende hacia el muelle por una cuerda, con el fin de forzar la entrada con una carga de dinamita. Pero lo matan muy cerca de su objetivo. Se produce una terrible explosión. En un último acto desesperado el comisario político [para los alemanes, siempre los culpables de todo] ha volado el túnel. Con el mueren los 1.400 civiles que se habían refugiado en el interior, y aquellos de nuestros soldados que se habían instalado sobre la galería”.
En esta imagen pueden verse las posiciones soviéticas, el Fuerte Stalin la bahía.
Con la costa norte de la bahía en manos alemanas, finalmente, queda una última operación, cruzar el brazo de mar para apoyar a las tropas que están atacando Sebastopol desde el este.
Volvamos por última vez al regimiento de Choltitz, estamos a 29 de junio, y son las 01:00 de la madrugada.
“Bajo la protección [de la artillería], nuestros hombres saltan dentro de las embarcaciones. Un oficial se me acerca y me pide que imponga disciplina entre los infantes y los soldados de ingenieros, que se están abalanzando hacia los barcos. Se ponen en marcha los motores y las lanchas se lanzan a cruzar el brazo de mar, casi sin protección, en un frente de 500m. Uno de los barcos que van en cabeza está conectado a la base departida por medio de un cable telefónico y, doce minutos después del inicio de la operación, me anuncian que la primera compañía ya ha llegado. Estaba avanzando en paralelo a la vía férrea construida sobre el muelle y atacaba a toda prisa hacia las alturas”.
Impresionante vista aérea del Fuerte Máxim Gorky.
Al día siguiente, 30 de junio, las tropas alemanas entran en Sebastopol, la ciudad caerá definitivamente el 1 de julio, abandonada por los soviéticos.
Veremos hoy en la Serie GEHM Medalla de Honor la historia de un veterano de tres guerras, la mundial, la de Corea y la de Vietnam.
En una sola acción recibió la Estrella de Plata, la Cruz de Servicios Distinguidos y el Corazón Púrpura. En otra, la Medalla de Honor del Congreso. Gracias a su liderazgo y valentía personal, se pudo tomar una colina que se le había resistido a todo un batallón.
Dejamos la segunda parte de las disquisiciones que sobre la guerra blindada publicó el general Guderian allá por el año 1949.
VELOCIDAD DE MOVIMIENTO
El tercer factor del éxito es “la gran velocidad de movimiento”. Al día siguiente de la ruptura de Sedán en 1940, el cuerpo de ejército de Guderian avanza 165km y después de la ruptura del frente del Aisne en junio de 1940 (desde el mar a la frontera suiza), las tropas de Guderian cubren diariamente un promedio de
Veremos hoy algunas apreciaciones que hace Heinz Guderian sobre aspectos clave de la guerra blindada que no pudimos comentar en el Histocast 62 – Vidas Paralelas: Patton-Guderian por falta de tiempo.
MANDO Y DIRECCIÓN
El estudio de la influencia del Mando en las fuerzas acorazadas alemanas comienza mucho antes de la guerra. Guderian busca la renovación de un viejo principio básico de la Caballería: “El jefe debe situarse muy a la vanguardia” para poder ver por sí mismo lo que ocurre y lo que sucede con las unidades de reconocimiento, y así dar las órdenes rápidamente. En el caso de grandes unidades que avancen en diversas columnas Guderian establece que el Jefe debe ir con la columna más importante; pero siempre también con un ojo en sus reservas ya que de otro se toda posibilidad de ejercer un verdadero mando.
Continuamos hoy con la saga kamikaze de GEHM, viendo la segunda parte de testimonios de pilotos japoneses que muestran los sentimientos y pensamientos que albergaban los japoneses cuando los mandos les pedían que se prestaran voluntarios para este tipo de misiones.
Los primeros kamikazes del ejército en las Filipinas fueron principalmente oficiales de la Academia del Aire del Ejército. En Okinawa, sin embargo, fueron principalmente suboficiales a los que se les ordenó convertirse en kamikazes. El general Miyoshi aseguró que no eran buenos pilotos. Quizás la explicación más coherente de por qué los pilotos se prestaban voluntarios para las misiones kamikaze fuera expresada por Takao Musashi, miembro de la 105 Unidad de Caza destinada en el aeródromo de Cebú en las Filipinas.
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