Dejamos el otro día al príncipe Borghese de la Xª Flotilla MAS intentando convencer al almirante Doenitz sobre la viabilidad de un ataque al puerto de Nueva York.

Borghese asentía rememorando todo lo sucedido en los últimos quince meses. Aparte de un crucero pesado, el HMS York, se habían hundido tres buques mercantes con un desplazamiento total de 32.000 toneladas en el ataque a la bahía de Suda. Luego en el mes de septiembre en Gibraltar, mandaron al fondo del mar al gigantesco petrolero Denby Dale, y los torpedos de la Décima habían hundido también al buque Durham y al petrolero Fiona Shell.




Las primeras bombas cayeron a las nueve de la mañana. No nos lo esperábamos en absoluto porque ya había entrado en vigor el armisticio. Pensábamos que la guerra casi había terminado. Estaba en la plaza con un amigo cuando vimos las fortalezas volantes, que iban en dirección a Roma, soltar sus bombas sobre los arrabales de la ciudad. Estábamos alucinando por ver estas maravillosas máquinas voladoras, hasta que de repente nos dimos cuenta de lo que sucedía. 