U.S. Paratroopers, el entrenamiento de una unidad de élite (VI)

Miércoles, 31 de mayo de 1944, el gran día está a punto de llegar y los paracaidistas abandonan Aldbourne rumbo a la que será su última base en suelo inglés antes de la invasión: Upottery, a quince kilómetros de la costa sur de Inglaterra. Han pasado casi dos años desde que los hombres llegaron a Camp Toccoa para empezar su entrenamiento en agosto de 1942. En aquel momento los alemanes avanzaban a toda prisa hacia el Cáucaso y, en el norte de África, Rommel se hallaba ante El Alamein, a las puertas de Alejandría.

La primera unidad paracaidista estadounidense que saltó sobre el enemigo fue el 2.º Batallón del 509.º Regimiento, que voló directamente desde Inglaterra para lanzarse cerca de Orán.

Los hombres partieron hacia Fort Benning en diciembre del mismo año, poco después de que los ejércitos norteamericanos entraran efectivamente en guerra tras haber desembarcado en el Marruecos y Argelia; en el frente ruso los alemanes habían sido cercados en Stalingrado. Para abril, cuando los paracaidistas estaban en Camp Mackall, la guerra en África iba bien, pero las ofensivas rusas de invierno habían sido contenidas. Podría decirse que la guerra se había ralentizado.

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U.S. Paratroopers, el entrenamiento de una unidad de élite (V)

No cabe duda que Sobel no había sido el capitán ideal para la compañía Easy, sin embargo, bajo su mando había sido la mejor del batallón, lo que nos lleva a pensar que sin duda tenía cualidades, al menos a la hora de formar a los hombres si no a la de dirigirlos en los ejercicios. Dicho esto, cabe una última razón para explicar la caída del oficial, y su traslado hacia otros horizontes: que no fuera capaz de entrar a formar parte de la “hermandad de sangre” que estaban formando, poco a poco, los paracaidistas, hombres que, como sucedía en todas las demás formaciones de todos los demás ejércitos de cualquier contienda, en realidad y llegados al punto más básico, luchaban por sus compañeros.

Winston Churchill visita a los hombres de la compañía Easy

En todo caso, el invierno de 1943-44 fue testigo de dos acontecimientos fundamentales: la llegada de nuevos oficiales a la unidad y el inicio de un nuevo programa de entrenamiento.

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U.S. Paratroopers, el entrenamiento de una unidad de élite (IV)

En medio del verde de la campiña inglesa, y tras haber superado las prefabricadas incomodidades de Toccoa, Benning, Mackall o Bragg, los paracaidistas de la 101.ª aerotransportada pensaron que, aquel 16 de septiembre de1944, habían llegado al paraíso. Sin embargo Aldbourne, en el condado inglés de Wiltshire, no era tal, sino una sociedad organizada y con costumbres propias que los “primos” llegados de allende el Atlántico no iban a tardar en quebrantar.

Aldbourne

Los paracaidistas eran tipos duros, turbulentos, amigos del conflicto y de las peleas, que bebían con escasa moderación y no tardaron en causar daños importantes, materiales y físicos, cada vez que salían de permiso. Y esto no fue lo peor. Según historiadores como Mark Bando, sus relaciones con el sexo femenino, ya fueran prostitutas o jóvenes de buena familia, iban a tener como consecuencia un importante aumento de las enfermedades venéreas y de las acusaciones por violación de las buenas costumbres, si no directamente por agresión sexual, a secas.

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U.S. Paratroopers, el entrenamiento de una unidad de élite (III)

El campamento Mackall, en Carolina del Norte, era un lugar enorme, una base militar de 25 000 hectáreas de superficie construida en apenas cuatro meses para acoger a una ingente cantidad de tropas. Inaugurado a finales de febrero de 1943, el campamento no tarda en acoger, entre sus primeros residentes permanentes, una delegación proveniente del Cuartel General de las tropas aerotransportadas (situado en Fort Benning, Georgia), encargada de instalar un centro de mando e instrucción.

Compañía A, 2.º Batallón, 506.º Regimiento paracaidista, fotografiados en camp Mackall.

Los paracaidistas de nuestro batallón, el segundo del 506.º Regimiento, cuyas aventuras hemos podido seguir en Camp Toccoa primero y en Fort Benning después, van a estar en este lugar durante cuatro meses, de abril a julio de 1943. En esta fase el entrenamiento se intensifica de nuevo, y a la vez se hace más específico. Una de las “pruebas” más habituales será llevar a los hombres para que efectúen un salto con el equipo completo, en condiciones de combate, tras el cual siguen tres días de maniobras que simulan una acción tras las líneas enemigas, lo que será su misión cuando partan a la guerra. Además de esto, los hombres serán sometidos a nuevas pruebas físicas, cada vez más duras, para atestiguar su capacidad y sus competencias. Aunque las fuentes parecen indicar que la unidad pasó por estos test con magníficos resultados, es imposible pensar que lo consiguieron todos, y no cabe duda que más de un soldado acabó por marcharse de vuelta a su unidad de origen.

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Desperta Ferro Contemporánea N.º 19. Ardenas (II).

Tras haber dedicado su número de Mayo de 2016 a la ofensiva alemana en las Ardenas de diciembre de 1944, la revista Desperta Ferro Contemporánea vuelve a la carga con esta emblemática batalla para centrarse en los extraordinarios combates en torno a la localidad de Bastogne por un lado y a otros aspectos menos conocidos de la batalla por otro.

Cabe la posibilidad de que, a pesar de los ríos de tinta vertidos sobre las Ardenas, parte de los acontecimientos que allí sucedieron hayan quedado fuera de la cultura popular y sean todavía relativamente desconocidos. Hagámonos una simple pregunta. ¿Cuándo terminó la batalla? Las respuestas son múltiples. ¿Con la retirada de Peiper el 24 de diciembre por la noche? ¿Con la derrota germana en Foy-Notre-Dame, en el extremo más occidental del saliente, pocos días después? ¿Con la ruptura del cerco de Bastogne el 26 de diciembre? ¿Con el fracaso de la última ofensiva alemana contra este pueblo el 7 de enero? Nos detendremos aquí por ahora, aunque sin duda podamos seguir desgranando fechas hasta finales de enero de 1945.

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Efemérides. 26 de diciembre de 1944 en Bastogne.

Son las 16.20 del 26 de diciembre, hace 72 años de aquel invierno en que los defensores de Bastogne aguantaban desesperadamente el perímetro en que estaban cercados por las tropas alemanas durante la batalla de las Ardenas. “Nuts!” había dicho el general McAuliffe, su jefe, el 22 de diciembre, y la situación derivó en una serie de enconados combates, tanto por la necesidad germana de hacerse con el cruce como por la resistencia estadounidense, cuyos suministros habían llegado a estar en una situación crítica hasta que la fuerza aérea pudo empezar a trasladar lo necesario hasta los asediados defensores, un beneficio que podía cambiar en el momento en que el mal tiempo volviera a enseñorearse de la región. Había que romper el perímetro.

Un carro destruido durante las operaciones en las Ardenas

La ofensiva de Patton, comenzada a las 6.00 horas del día 22 de diciembre, no había avanzado mucho a pesar de los constantes ataques, bloqueada al sur de Bastogne por tres regimientos de Fallschirmjäger alemanes formados por un durísimo núcleo de veteranos, hombres que habían combatido en los peores escenarios y que conocían a la perfección el mejor modo de tender emboscadas a sus enemigos aprovechando cada casa, cada muro, cada ametralladora y cada pieza contracarro para convertir una calle, un prado o una loma en un matadero infernal.

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U.S. Paratroopers, el entrenamiento de una unidad de élite (II)

A pesar de la terrible prueba que había supuesto recorrer 192 km en 75 horas, llegar a Atlanta solo significó, para los hombres del 2.º Batallón del 506.º Regimiento de paracaidistas, que se daba por terminada la primera fase de su instrucción y que empezaba una nueva, esta vez acantonados en Fort Benning, donde iban a quedarse desde aquel mes de diciembre hasta marzo de 1943.

Soldados del Estado Mayor del 2.º Batallón durante la marcha de Toccoa a Atlanta
Soldados del Estado Mayor del 2.º Batallón durante la marcha de Toccoa a Atlanta

A primera vista, el panorama no era mejor que en Camp Toccoa: su alojamiento será en incómodos barracones de madera, instalados sobre un terreno arenoso donde los pies parecen pesar más de lo que obligan las botas, pero todo tiene una recompensa. Para los que han superado las pruebas tendidas hasta entonces, va a empezar por fin el entrenamiento de saltos. En una época tan temprana, experimental podríamos decir, saltar en paracaídas no era una cuestión menor, por lo cual el proceso de formación constará de cuatro fases:

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