Al igual que habían hecho los alemanes y siguiendo el ejemplo de estos, cuando los ejércitos de los aliados occidentales decidieron crear unidades aerotransportadas decidieron que estas serían unidades de élite, no solo por su peculiar sistema de transporte, que para los paracaidistas suponía lanzarse al vacío y para los soldados de los planeadores subirse a una endeble estructura aeronáutica sin motor, sino, sobre todo, porque su modo de combatir implicaba ser cercados por el enemigo en la mayoría de los casos, una situación en la que los soldados corrientes solían dejarse ganar por sus temores, lo que los hacía menos efectivos.

Un paracaidista, cargado con todo su equipo, en la calle central de Camp Toccoa

Un paracaidista, cargado con todo su equipo, en la calle central de Camp Toccoa

Así, en el caso de los paracaidistas estadounidenses, se decidió que el programa de entrenamiento sería tan eficaz como draconiano, con el objetivo de prepararlos física, moral, ideológica y profesionalmente para su tarea. A lo largo de esta entrada y otras que vendrán, seguiremos pues el proceso de entrenamiento de una compañía paracaidista básica, en este caso la E, del 506.º Regimiento.

Para aquellos hombres la primera etapa tuvo lugar en Camp Toccoa, entre agosto y noviembre de 1942, bajo la batuta del capitán Herbert M. Sobel, su instructor, con un programa que incluía:

  • Una carrera diaria de once kilómetros, ida y vuelta hasta la cima del monte Currahee, que debía realizarse en menos de 50 minutos
  • Una marcha semanal con ejercicio de orientación, tanto diurna como nocturna, de no menos de veinte kilómetros, con el armamento y el equipo a cuestas
  • Una pista americana especialmente dura, que debían recorrer a toda velocidad
Pista americana

Pista americana

  • Sesiones continuas de gimnasia sueca
  • Ejercicios de combate cuerpo a cuerpo, con cuchillo o bayoneta, concebido para desarrollar la agresividad del paracaidista
  • Formación general y en diversas especialidades, tanto desde el punto de vista teórico como del práctico, sobre diferentes materias necesarias para la infantería como la lectura de mapas, orientación con brújula, comunicaciones por señales o por radio, explosivos y demoliciones, camuflaje, lanzamiento de granadas, eliminación de minas, lucha contracarro, supervivencia en medio hostil, primeros auxilios y muchas otras similares
  • Mantenimiento y uso de las armas y del material
  • Tiro al blanco

                Al principio hablábamos de preparación moral e ideológica, y lo cierto es que los cuatro meses que formación en este campamento tenían una utilidad más allá de la simple preparación física y profesional, pues se esperaba que en este plazo los reclutas se convirtieran en soldados y, sobre todo, que nacieran el espíritu de cuerpo y la camaradería que tan útiles debían resultar en los momentos difíciles.

                Por supuesto, se trataba de un programa de entrenamiento excluyente, y si bien cuando llegue el mes de noviembre todos los que quedan se graduarán a gran satisfacción de sus superiores, también serán muchos los que se hayan quedado por el camino, incapaces de soportar las pruebas constantes o de alcanzar el nivel exigido. El resultado final de este proceso fueron soldados capaces de ejecutar las órdenes recibidas sin discutir, de actuar como un solo hombre y auténticos maestros en sus respectivas especialidades, ya sean ametralladores, sirvientes de morteros, operadores de radio, etc. Y no solo eso, además, conocen también las funciones de los demás hombres que combatirán con ellos, tanto si son soldados como si son sus superiores, y son capaces de reemplazarlos en cualquier momento.

Entrenamiento con morteros

Entrenamiento con morteros

                Para finalizar el entrenamiento, todo el 2.º Batallón del 506.º Regimiento va a tener que pasar por una última prueba. El record de marcha lo ostentaba hasta entonces una unidad japonesa, que había sido capaz de recorrer 150 km en tres días, así que a los recién instruidos paracaidistas se les encomienda ir hasta Atlanta, la capital de Georgia, a pie, una marcha durísima, por caminos vecinales a primeros de invierno, que supuso una auténtica prueba de fuego pues serán 192 km efectivos, recorridos en 75 horas, de las cuales 33,30 de marcha activa.

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