Igual que sucedería durante la Durante la Segunda Guerra Mundial, también durante la primera se acusó a los soldados italianos de ser de mala calidad, y una de las pruebas que se presentaron para confirmar esta afirmación fue el desastre de Caporetto, del que hablaremos al final de esta serie. Sin embargo, como veremos en próximas entradas, el soldado italiano iba a combatir con gran valor, y a menudo el problema fundamental fue la falta de calidad de los oficiales; aunque no siempre, como demostró, también durante el desastre de Caporetto, la ordenada retirada del Tercer Ejército.

Alpini (tropas de montaña) en 1914. Fueron una de las unidades de élite del Ejército italiano.

Alpini (tropas de montaña) en 1914. Fueron una de las unidades de élite del Ejército italiano.

Dicho esto, hay más factores que debilitaron la cohesión y la capacidad de las tropas italianas. Para empezar, y como ya mencionamos en su momento, que eran un país muy reciente, poco más de cuarenta años de existencia, por lo que los políticos de la época decidieron emplear el reclutamiento y el paso de los hombres por las Fuerzas Armadas como “escuela para una educación nacionalista”. Para ello, cada Regimiento se formaba con reclutas de dos regiones distintas, y era enviado a entrenarse a una tercera. Esto planteó un problema inesperado, y es que lejos de hablar un italiano culto, como sin duda hablaban los oficiales y los políticos, los reclutas trajeron las formas lingüísticas de sus lugares de origen, que en aquel momento eran lo suficientemente diferentes como para plantear auténticos problemas de comunicación a la vez que remarcaban las diferencias que había tanto entre los componentes de la unidad como entre los miembros de esta y la población civil de la región en que se establecía.

Otro problema fue la poca disposición al reclutamiento propiamente dicho. Cuando llegaba el momento, no era raro que los jóvenes evitaran acudir a filas, tanto en las regiones rurales, donde “echarse al monte” era prácticamente una tradición, como en las más industrializadas. Se calcula que en 1910 no se presentaron un 20% de los llamados a filas. Este problema se iba a complicar en 1915 cuando, además, el papa se declaró en contra de la guerra.

En lo que a los oficiales se refiere, la reciente creación del Estado en torno a la monarquía piamontesa dio a los originarios de dicho reino una clara preeminencia sobre sus compañeros de otras regiones, que durante los cuarenta años posteriores iban a experimentar auténticas dificultades para ascender, por muy buenos que fueran en su trabajo.

La motorización, como podemos ver aquí, fue una de las grandes innovaciones aplicadas en masa por el Ejército italiano.

La motorización, como podemos ver aquí, fue una de las grandes innovaciones aplicadas en masa por el Ejército italiano.

Finalmente es importante dedicar algunas palabras a la anquilosada burocracia italiana, que lastraría enormemente el desarrollo militar. Baste como ejemplo decir que harían falta catorce años para desarrollar y enviar al frente una pieza de artillería de 75 mm.

Por otro lado, no todo fueron inconvenientes. Ya hemos citado, y veremos en el futuro, la bravura del soldado italiano. Además, hay que decir que el ejército al que pertenecían, en parte obligado por la escasez de recursos, aplicó importantes innovaciones, como por ejemplo la motorización a gran escala, debido a la escasez de la cabaña equina del país.

Pasando al otro lado del río, en esta ocasión, y no de la colina, si el Ejército italiano iba a enfrentarse a un gran problema de regionalismo, el problema del Ejército Austro-Húngaro fue el nacionalismo. Austríacos, bosnios, croatas, checos, friulanos, alemanes, húngaros, italianos, magiares, polacos, rumanos, rusos, rutenos, serbios, eslovacos y eslovenos se repartían por el imperio, integrados en diversos grupos religiosos, incluyendo cristianos de diversas confesiones, judíos y musulmanes. Esta circunstancia lastró enormemente la moral de los combatientes de la doble monarquía. Baste un ejemplo, durante la guerra fueron capturados 1 700 000 soldados austro-húngaros, contra 600 000 italianos (la mayoría durante Caporetto).

Soldados del kaiserliches und königliches Armee, fotografiados en Viena en 1914.

Soldados del kaiserliches und königliches Armee, fotografiados en Viena en 1914.

Para solucionar en parte este problema, el compromiso de 1867 dividió el ejército de los Habsburgo en tres ramas bien diferenciadas: El Ejército Imperial y Real (k. u. k. por kaiserliches und konigliches), que actuaba en nombre de la totalidad del imperio; La Fuerza Real Territorial, una forma de Landwehr que tenía como misión la defensa de las regiones germanohablantes; y el Ejército Real Húngaro, u Honved, para defender las regiones dominadas por los húngaros. Por supuesto, este reparto nunca satisfizo a las demás nacionalidades del imperio.

  1. Gluntz says:

    Un libro interesante para conocer las duras condiciones de vida, combate y muerte de los soldados italianos en las trincheras del frente alpino (Altiplano de Asiago), es “Un año en el altiplano” de Emilio Lussu. Una obra escalofriante, donde se puede apreciar la valía de los soldados italianos frente a los austríacos y cómo el clima, la orografía, y generales que emitían órdenes suicidas condicionaron a ambos contendientes durante toda la guerra en ese frente de batalla . Merece la pena su lectura.

    Saludos

  2. Dani says:

    En el imperio Austrohúngaro no es que las terceras nacionalidades lucharan con poco entusiasmo, sino que muchas se dejaban hacer prisioneros para luego constituir unidades aliadas, casi nada.
    Lo que no entiendo de los italianos fue su empecinamiento en atacar por los mismos sitios una y otra vez opteniendo los mismos resultados. Dado que contaban con superioridad naval ¿no podrían haber ido a por las islas que les interesaban?

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