La Batalla de la Bolsa de Lille. (I)

Si bien es indudable que los ejércitos franceses fueron estrepitosamente derrotados en mayo – junio de 1940, las últimas tendencias historiográficas han tendido a disminuir la intensidad de la “paliza”, en dos sentidos. En primer lugar, en lo que a las bajas alemanas se refiere, el propio Karl-Heinz Frieser en su “Mito de la Blitzkrieg” (Salamina 2013), cifra las bajas alemanas en 49.000 muertos en combate y desaparecidos, a los que hay que añadir 110.000 heridos. Por mucho que algunas de estas bajas pudieran deberse a accidentes… ¡El ejército alemán no era tan torpe!

Desarrollo de las operaciones durante los días previos al 27 de mayo, donde se puede ver como se iba formando la bolsa

En segundo lugar, centrándonos en los combates propiamente dichos, en el momento en que estos pasaron de la fase de maniobra, donde los ejércitos aliados fueron amplísimamente superados por las fuerzas móviles alemanas, a la fase de combate en líneas definidas, los soldados franceses fueron capaces de medirse a los alemanes con el mismo nivel de eficacia y valentía. Con respecto a esto, es bastante conocida la batalla de Stonne, pero en esta ocasión vamos a referirnos a la de Lille, igualmente interesante pero cuya importancia fue eclipsada por las simultáneas operaciones en torno a Dunkerque.

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Dickie Mountbatten y los Portaaviones de Hielo.

La Segunda Guerra Mundial dejó algunos ejemplos muy interesantes de personajes capaces no solo de sobrevivir a sus fracasos, sino de medrar a pesar de ellos. Uno de ellos fue Lord Louis Mountbatten.

Louis Francis Albert Víctor Nicholas George Mountbatten, I conde Mountbatten de Birmania, había nacido en 1900, con el cambio de siglo, y era bisnieto de la reina Victoria. Cuando en 1917 la familia real inglesa decidió cambiar su germánico apellido: Battemberg, por el más aceptable (Alemania y el Reino Unido estaban en guerra) Windsor, él se decantó por la variante anglófona: Mountbatten. Personaje original, encantador, mujeriego, gran promotor de su persona y bastante dado al autobombo, y con el -en círculos militares- imperdonable defecto de adjudicarse los logros de los demás (ya sabemos que si la derrota es huérfana, la victoria tiene siempre muchos padres), decidió hacer carrera en la marina de guerra.

Lord Louis Mountbatten. La verdad es que como mujeriego hombre de mundo, daba el pego.

Ingresó en la Royal Navy en 1916, y vio algo de acción durante la Primera Guerra Mundial, pero no llegaría a entrar verdaderamente en escena hasta la segunda. Poco después de comenzar esta fue puesto al mando de una flotilla de destructores, donde se distinguió en parte por la valentía con la que cumplía las misiones que se le encomendaban, y en parte por tomar riesgos innecesarios; como cuando prestando servicio en el mar del norte hizo navegar el destructor HMS Kelly a toda velocidad en medio de una tormenta, provocando que el barco estuviera a punto de ser destruido por una ola gigante. La nave sobrevivió, sin embargo, y no sería hundida hasta 1941, aun bajo su mando, prestando auxilio a las tropas británicas que estaban evacuando Creta.

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Así veían los soldados de la Wehrmacht a sus Enemigos

En la entrada anterior extrajimos del libro Soldaten, que estudia las actas de conversaciones grabadas a los cautivos alemanes en los campos de prisioneros aliados, las opiniones de los mismos sobre sus aliados.

Oficiales alemanes prisioneros en Trent Park

Hoy veremos qué impresiones tenían de sus enemigos: los británicos, los estadounidenses y, como no, los rusos. Obviamente, esto son las impresiones de los soldados y en ningún modo debe ser tomado al pie de la letra. Pero tiene su interés por reflejar cuáles eran los tópicos (fundados o no) en los círculos militares alemanes.

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Así veían los soldados de la Wehrmacht a sus Aliados

Con la publicación reciente del libro Soldaten (Soldados del Tercer Reich en la edición española) tenemos la oportunidad de acceder a los cientos de miles de actas procedentes de las escuchas que hicieron los aliados en los campos de prisioneros.

Generales alemanes en Trent Park

Entre la abundante y diversa información recogida se encuentran las opiniones que tenían los soldados alemanes, por supuesto, en la intimidad, al no saberse grabados, de sus aliados: italianos, rumanos, españoles, húngaros y de otras nacionalidades. Obviamente, se trata de las impresiones de los soldados y en ningún modo debe ser tomado al pie de la letra. Pero tiene su interés por reflejar cuáles eran los tópicos (fundados o no) en los círculos militares alemanes. Veamos qué pensaban.

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Cruz de Caballero – Johann Baichl

Comenzamos hoy una serie GEHM en la que, al igual que hacemos con Medalla de Honor, iremos recordando soldados que obtuvieron la Cruz de Caballero por actos de valor en combate.

Joahnn Baichl

Comenzamos por Johann Bäuchl, hijo de un carpintero y oriundo de una pequeña aldea cerca de Graz. Nació el 28 de agosto de 1918 y comenzó su carrera militar cuando le tocó hacer el servicio militar en marzo de 1940. Décadas después, – por razones que todavía se desconocen – Bäuchl cambió el apellido de su familia a Baichl.

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Panzers destruidos en la Batalla del Lago Balatón (VI)

Traemos hoy la sexta entrega del álbum de fotografías sobre las fuerzas blindadas alemanas en la batalla de carros de combate del Lago Balatón en Hungría.

Lago Balaton

Es de destacar la gran cantidad de cazacarros de todos los modelos que se pueden apreciar, y la numeración que llevan en los chasis, probablemente escrita por los rusos para llevar un recuento de los blindados destruidos.

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Las Primeras Bajas en Combate del Deutsches Afrika Korps

Cuando los primeros soldados del Afrika Korps desembarcaron en Trípoli para enfrentarse a las fuerzas británicas en el desierto norafricano, no podían imaginarse que, en realidad, su primer combate no iba a ser contra este enemigo, sino contra otro muy distinto.

Una tormenta de arena en el desierto. Sin duda, cuando a uno se le echa encima, debe ser un espectáculo sobrecogedor.

Se encontraron con él por primera vez el 16 de febrero de 1941. La columna se hallaba a dos kilómetros de la localidad de Misurata, cuando la vanguardia de las fuerzas alemanas en Libia se encontró repentinamente con que una muralla de arena de gran altura venía hacia ella. Primero, pensando que se trataba del polvo levantado por una gran cantidad de vehículos británicos, se dio la orden de alto; luego, se desplegaron las tropas a ambos lados de la carretera; y finalmente, se descubrió que no se trataba de tropas motorizadas enemigas, sino de un ghibli, una de las feroces tormentas de arena que azotan el desierto líbico. De más de quinientos metros de altura, la tormenta iba a durar cuatro días.

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