Si bien es indudable que los ejércitos franceses fueron estrepitosamente derrotados en mayo – junio de 1940, las últimas tendencias historiográficas han tendido a disminuir la intensidad de la “paliza”, en dos sentidos. En primer lugar, en lo que a las bajas alemanas se refiere, el propio Karl-Heinz Frieser en su “Mito de la Blitzkrieg” (Salamina 2013), cifra las bajas alemanas en 49.000 muertos en combate y desaparecidos, a los que hay que añadir 110.000 heridos. Por mucho que algunas de estas bajas pudieran deberse a accidentes… ¡El ejército alemán no era tan torpe!

En segundo lugar, centrándonos en los combates propiamente dichos, en el momento en que estos pasaron de la fase de maniobra, donde los ejércitos aliados fueron amplísimamente superados por las fuerzas móviles alemanas, a la fase de combate en líneas definidas, los soldados franceses fueron capaces de medirse a los alemanes con el mismo nivel de eficacia y valentía. Con respecto a esto, es bastante conocida la batalla de Stonne, pero en esta ocasión vamos a referirnos a la de Lille, igualmente interesante pero cuya importancia fue eclipsada por las simultáneas operaciones en torno a Dunkerque.





