Habíamos dejado al subteniente Mitchell y a su tripulación en plena batalla con tres carros de combate alemanes. Prosigamos ahora esta historia hasta su dramático final.

…su primer disparo cayó a unas quince yardas por el frente, el segundo fue más allá, y entonces vi como los proyectiles se concentraban en torno al tanque. Disparó [recordemos que estamos hablando del artillero izquierdo del tanque británico] una y otra vez, rápida y sucesivamente, cada vez que el enemigo estuvo a la vista.

                Mientras nos acercábamos a la localidad de Cachy, me di cuenta, para mi sorpresa, de que los dos tanques hembra se marchaban renqueando hacia la retaguardia. Nada más llegar ambos habían resultado alcanzados por varios proyectiles que habían abierto grandes agujeros en sus costados, dejándolos sin defensa contra las balas de ametralladora, y dado que sus ametralladoras Lewis no podían hacer nada contra el pesado blindaje del enemigo, no les cabía hacer otra cosa más que retirarse.

                Ahora la batalla quedó solo para nosotros mientras nuestra infantería, escondida en las trincheras, observaba en tensión como si fueran espectadores en la platea de un teatro. Según girábamos y dábamos curvas para esquivar los proyectiles enemigos, miré hacia el frente y me di cuenta de que íbamos directos hacia una trinchera llena de soldados británicos, que se hallaban amontonados, gritando todos a la vez lo más alto posible para atraer nuestra atención. Una rápida señal al conductor sentado en la parte trasera del tanque y giramos con ligereza, evitando la catástrofe por un mero segundo.

En esta foto de un Modelo IV Macho se puede observar la posición relativa del ametrallador y del artillero en los costados.

                Entonces sufrimos nuestra primera baja. Otra andanada del tanque alemán y el ametrallador a cargo de la Lewis trasera fue herido en ambas piernas por un proyectil antiblindaje que atravesó nuestra armadura de acero. No tuvimos tiempo más que para hacerle una cura temporal, y se quedó tumbado en el suelo, sangrando y gimiendo, mientras el cañón de seis libras pegaba estampidos por encima de su cabeza y los casquillos vacíos de los proyectiles caían resonando en torno a él… giramos otra vez y seguimos progresando, más lentamente. El artillero izquierdo, apuntando cuidadosamente, empezó a acertar contra el suelo justo por delante del tanque “Jerry”. Me arriesgué y detuve nuestro tanque un momento. La pausa estuvo justificada; un disparo bien ajustado impactó en la torre de mando del enemigo, paralizándolo. ¡Otro rugido y otra nubecilla blanca más en el frontal del tanque señalaron un segundo impacto! Observando con sus ojos hinchados a través de su estrella mirilla, el artillero gritó palabras de triunfo, que fueron ahogadas por el ruido de nuestro motor. Entonces apuntó nuevamente con gran cuidado e hizo blanco por tercera vez. A través de un resquicio vi como el tanque se inclinaba hacia un lado; entonces se abrió una puerta y la tripulación salió corriendo al exterior. ¡Habíamos dejado al monstruo fuera de combate! Rápidamente hice una indicación al ametrallador, que descargó ráfaga tras ráfaga contra las siluetas en retirada.

Este dibujo muestra el interior de un A7V, y la ubicación de su torre de mando.

                Con mi enemigo más cercano fuera de combate, giré y encaré los otros dos, que estaban avanzando muy lentamente. Mientras, nuestros cañones de seis libras estaban sembrando el caos en las filas de la infantería alemana al avance con un disparo tras otro de metralla. Ahora, pensé, no debemos permanecer así mucho tiempo, pues los dos grandes tanques estaban arrastrándose hacia delante incesantemente, y si ambos concentraban su fuego contra nosotros podíamos considerarnos acabados. Disparamos rápidamente contra el tanque más cercano, y para mi inmensa alegría y sorpresa, lo vi dar marcha atrás lentamente. Su compañero tampoco pareció desear el combate, porque giró y siguió al otro, y en unos pocos minutos ambos habían desaparecido, dejando nuestro tanque como único señor del campo de batalla.

                Termina aquí la historia de Mitchell, muy interesante en la medida en que nos muestra un combate de carros literalmente “en pañales”, pero que marcará el futuro, y salvando algunas distancias, es bastante llamativo como, a pesar de los avances técnicos, los combates entre carros de combate de guerras posteriores seguirán pareciéndose a este: inmensos monstruos de acero maniobrando sobre un terreno desigual y deteniéndose para hacer blanco contra sus oponentes.

Mapa de la batalla de Viliers-Bretonneux. El combate entre carros tuvo lugar entre Cachy y el bosque.

                Terminamos aquí esta serie de entradas sobre los tanques en la primera guerra mundial, en las que hemos querido contar un ejemplo de sus titubeantes y relativamente poco eficaces inicios, otro de su empleo eficaz y, sobre todo, el primer encuentro con sus iguales. La evolución que puede observarse entre el primero y el último de estos testimonios, es extremadamente interesante.

Viene de Tanques en la Primera Guerra Mundial. La Primera batalla entre Carros de la Historia.

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  1. Javier Veramendi B says:

    Buenos días Emilio.

    La foto es muy interesante, pero contiene una importante discrepancia con lo que narra el subteniente Mitchell. Él explica que la tripulación del carro alemán huyó y, en la foto, la posición del blindaje con respecto al chasis parece sugerir una explosión interna, bastante violenta por cierto, incongruente tanto con la huida de la tripulación como con la narración de Mitchell, que habría dicho algo al respecto de haber sucedido así.

    Otra posibilidad es que el carro alemán fuera volado más adelante por la infantería, o desmontado una vez que los aliados afianzaron la región. Pero entonces el estado del carro no sería resultado de los tres blancos logrados por el cañón de seis libras.

    Opino.

    Un saludo.

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