Tanques en la Primera Guerra Mundial: heroísmo fallido.

                Acostumbrados a los potentes carros de la Segunda Guerra Mundial, a menudo es fácil olvidar lo precarios que habían sido sus antepasados, aquellos dinosaurios de la primera que lo aplastaban todo a su paso y, teóricamente, sembraban el terror en las posiciones enemigas. Y si decimos teóricamente es porque no siempre fue así. Las primeras acciones individuales de estos vehículos  -“coches”, era la forma de referirse a ellos que se empleaba entonces- no siempre fueron exitosas, a pesar del heroísmo de algunos de sus tripulantes.

Un tanque Modelo I «Hembra». Pueden apreciarse las dos ametralladoras del costado izquierdo, así como las troneras por las que se asomaban los binoculares de prisma del conductor.

                Nos hallamos en acción cerca del río Ancre, es el 13 de noviembre de 1916 y el “coche” elegido es el Modelo I Hembra (es decir, con ametralladoras en vez de cañones) nº 544, de la Compañía “A” de la sección pesada del Cuerpo de Ametralladoras (era la unidad que encuadraba entonces los carros de combate). A bordo viajan el Teniente H.W. Hitchcok (jefe del tanque); el Cabo A. Taffs; el cabo segundo R. Bevan (conductor); el cabo segundo S.A. Moss; y los artilleros W.A. Stanley, W. Miles, F. Ainley  y A.W. Tolley.

 

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Tercios de España – Graduaciones en el Ejército de Flandes. Infantería (I)

Comenzamos hoy la primera parte de  una serie de entradas que analizará las distintas graduaciones que había en el Ejército de Flandes. Empezaremos hoy por el Alto Mando y Estado Mayor de la Infantería.

El Maestre de Campo General era el oficial de infantería de mayor graduación en el Ejército de Flandes. Desde su creación en 1540 hasta 1630, en que se estableció la graduación de Gobernador de las Armas, fue la segunda graduación más alta de todo el Ejército. Durante este periodo el Maestre de Campo General era la mano derecha del Capitán General (generalmente el Gobernador de los Países Bajos) y debía estar preparado para asumir su lugar cuando estuviera ausente o incapacitado para prestar servicio. (Esto ocurrió solo dos veces, en 1592, cuando tras la muerte del Duque de Parma, Peter Ernst von Mansfeld fue nombrado Capitán General provisional, y desde 1621 a 1628, cuando Spinola tomó el mando efectivo del Ejército tras la muerte del Archiduque Alberto).

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Muerte de un general alemán (VIII) – Arthur Hauffe

Veremos hoy no solo la muerte en combate de un general alemán, sino también la destrucción casi completa del Cuerpo de Ejército que mandaba, el XIII Armeekorps, por incurrir en un retraso consciente de 24 horas mientras se hallaba cercado en el contexto de la ofensiva soviética Lvov-Sandomierz

Hauffe con Antonescu

La situación del XIII Armeekorps del general Hauffe en el area de Brody (bajo el mando del 4 Panzerarmee) en julio de 1944 se deterioraba diariamente. Sus cinco divisiones (178 y 349 Infanterie-Divisionen, Korpsabteilung C, 14 SS Grenadier Division, 454 Sicherungs-Division [División de Seguridad], y una débil formación de policía) resultaron cercadas por un Cuerpo de Fusileros soviético traido para reforzar a las formaciones blindadas. Los carros de combate, avanzando por ambos lados de Brody, habían atravesado los bosques y se habían colado por la brecha que había al norte de Koltov por el otro flanco del Cuerpo de Ejército alemán.

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Egipto, la Batalla de Buq Buq; heroica resistencia de la artillería italiana.

                Cuando en junio de 1940 Mussolini decidió implicar a su país en la Segunda Guerra Mundial, todas las previsiones eran halagüeñas, incluso demasiado: Alemania estaba a punto de derrotar a Francia, cosa que sucedió unos pocos días después; y el Reino Unido se estaba quedando sin opciones, acorralado en las islas británicas y atrincherado en sus posiciones de ultramar, una de las cuales era Egipto.

Restos de un carro británico hundido en el pantano salado frente a Buq Buq.

                Pocos meses después, en septiembre, el Mariscal Graziani, al mando de las fuerzas italianas en Libia, inició la ofensiva contra el protectorado Egipcio; una ofensiva que no fue más allá de Sidi Barrani. Pasarían meses antes de que volviera a haber movimiento a gran escala en el desierto, más concretamente hasta el 9 de diciembre, cuando las fuerzas británicas desencadenaron la Operación Compass, el contragolpe que debía devolver a los italianos a la frontera (y que al final conseguiría echarlos de Cirenaica).

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Marzo de 1863; El Raid de Mosby contra Fairfax (3ª Parte y final).

<<Nuestra salvación dependía de abandonar las líneas unionistas antes del amanecer. Nos topamos con el camino a unas cuatro millas de Centreville. En ese momento, el peligro que me preocupaba era que nos persiguiera la caballería que estaba acampada detrás de nosotros. Cuando llegamos cerca del camino detuve a la columna para concentrarla. Algunos de mis hombres montaban a retaguardia y otros en los flancos, para evitar que los prisioneros se escaparan. Dejé al Sargento Hunter al mando y me adelanté para reconocer el terreno. Como no había enemigos ante nosotros, llamé a Hunter y le indiqué que avanzara al trote, manteniendo las riendas de Stoughton [el general enemigo que habían capturado] en la mano, sin soltarlas, bajo ninguna circunstancia. Sin duda el General apreció mi interés por su persona.

Otra visión romántica del ataque, esta vez sobre la nieve.

Joe Nelson y yo nos quedamos a cierta distancia por detrás de la columna. Nos deteníamos con frecuencia para escuchar a ver si oíamos el galope de la caballería persiguiéndonos, pero no oímos más sonido que el ulular de las lechuzas. Mi corazón latía cada vez más esperanzado, minuto a minuto; fue el momento crítico.

Pronto tuvimos a la vista los fuegos de campamento enemigos sitos en las alturas en torno a Centreville. Mi plan era flanquear la posición y pasar entre estos y los campamentos de Chantilly. Pronto nos dimos cuenta de que Hunter se había detenido, y galopé hacia delante para saber por qué. Vi una hoguera a un lado del camino, a unos cientos de yardas por delante de nosotros. Era evidente que era un piquete. Me adelanté para hacer un reconocimiento, pero no había nadie junto al fuego, el piquete se había ido. En aquel momento estábamos a media milla de Centreville y estaba amaneciendo. Nosotros teníamos la costumbre de colocar un piquete en nuestra carretera cada anochecer y retirarlo a primera hora de la mañana. Sin duda el oficial a cargo de este había llegado a la conclusión que, dado que era casi el alba, no había peligro, y había vuelto al campamento dejando el fuego encendido. Eso era exactamente lo que me convenía que hiciera. Llamé a Hunter para que siguiera adelante, pasamos junto a la hoguera y luego giramos para rodear los fuertes en torno a Centreville. Cabalgué a cierta distancia por delante de la columna. Los campamentos estaban tranquilos; no había señal alguna de alarma, los cables del telégrafo habían sido cortados y no habían recibido noticia alguna de nuestra hazaña en Fairfax Court House. Pudimos ver el metal de los cañones brillando en los reductos y escuchar como el centinela sobre el parapeto nos daba el alto. Pero no le hicimos ni caso, y no disparó para dar la alarma. Sin duda pensó que éramos una unidad de su propia caballería saliendo a explorar.

La región norte de Virginia, que acabó convirtiéndose en el coto de caza de Mosby.

Sin embargo, pronto oí un disparo detrás de mí, y vi al capitán Barker [otro oficial que había sido capturado] cabalgando a toda velocidad hacia el reducto, y a Jake el húngaro siguiéndolo muy de cerca y a punto de dispararle de nuevo. Entonces el caballo de Barker tropezó y cayó en una zanja, sobre su jinete. Pronto los sacamos de allí y seguimos avanzando. Todo esto había sucedido a la vista de sus centinelas y a distancia de tiro de sus campamentos.

Tras haber pasado los fuertes y alcanzado Cub Run, un nuevo peligro se alzó ante nosotros. El arroyo iba rápido y estaba crecido a causa del deshielo, y teníamos que elegir entre nada y dar media vuelta. A la vista, detrás de nosotros, estaban las blancas tiendas de campaña del enemigo, y los fuertes, y estábamos al alcance de sus cañones. Sin detenerme un instante me zambullí en el arroyo y mi caballo nadó hasta el otro lado. Stoughton me siguió y se colocó a mi lado. Cuando llegó a la orilla, temblando a causa del frío baño matutino que acababa de darse dijo: “Capitán, esta es la primera ocasión en que puedo quejarme de haber sido tratado con rudeza”.

Del pasado al presente, el raid sigue siendo recordado en Fairfax Court House.

Afortunadamente no se perdió ni un solo hombre ni caballo. Cuando todos hubimos pasado supe que no había ningún peligro siguiéndonos… [Como aclara más adelante, la caballería de Johnstone, que había salido en persecución de los incursores, se había ido en dirección opuesta]>>.

               Tras haber contado la peliaguda huida, facilitada en gran medida por el desinterés de los vigilantes unionistas, damos por concluida la narración de esta hazaña, que no fue la última protagonizada por nuestro narrador. No obstante, antes de terminar añadiremos que el «Fantasma Gris» no llegó a ser capturado sino que se rindió voluntariamente al final de la contienda, y la región en la que operaba acabó siendo conocida como <<la confederación de Mosby>>; un título que, según la guerra se fue enconando, acabaría suponiendo grandes sinsabores para los habitantes de la región, que a pesar de todo nunca dejaron de apoyarlo, suministrarlo, darle información y esconderlo.

Tercios de España – Armas y panoplia en el Mediterráneo

Es uno de los misterios de la historia, como pudieron los cruzados haber luchado bajo el sol abrasador de oriente con sus gruesas prendas acolchadas cubiertas de pesadas mallas. Al ser este equipo muy engorroso de quitar y poner, debía de ser vestido continuamente, de día y noche….

En la época del gran Asedio de Malta (1565), en el que nos centraremos, los caballeros y los oficiales españoles no estaban ya cubiertos con mallas como sus predecesores. Aun así, parece alucinante que pudieran sostener largas horas de combates durante el verano Maltés –solo un poco menos caluroso que Palestina y Siria. Probablemente, las placas de coraza eran un poco más frescas que las cotas de malla. Aun así, debajo, los caballeros vestían  un largo jubón de cuero o tela acolchada, diseñada para proteger sus cuerpos de los golpes y magulladuras que podían producirse al ser golpeados.

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