Tanto Aliados como japoneses eran muy conscientes de que Okinawa, en las Ryukyus, a unos 530 kilómetros de Kyushu, era el punto clave de cara a la invasión de las grandes islas de Japón.

El 1 de abril de 1945 al atardecer, primer día de la Operación Iceberg, más de 50.000 soldados norteamericanos habían superado con éxito las playas de las zonas de desembarco de Okinawa sin encontrar prácticamente oposición. El teniente general Mitsuru Ushjima había concentrado sus fuerzas alrededor de posiciones fortificadas en el interior.

Pero a pesar de las pocas dificultades en la operación de desembarco, los Aliados eran conscientes de que les esperaba una lucha no menos obstinada y sangrienta que las de Gudalcanal, Saipan e Iwo Jima. Uno de los objetivos era que la resistencia fuera lo más breve posible, y para ello había que evitar a toda costa que llegasen suministros por aire o por mar.  La gigantesca flota de invasión estaba protegida de ataques de aviación convencional, kamikazes o submarinos por una compleja y eficiente pantalla defensiva.

A las órdenes del vicealmirante Richmond K. Turner, los transportes se hallaban siempre cerca de las playas, en lugar de retirarse a alta mar al anochecer, y en todo momento alerta para lanzar cortinas de humo ante la menor alarma. Entre los transportes y las playas patrullaban de forma incesante lanchas de desembarco de infantería LCI en tareas de observación y flotillas de lanchas LCI(G) (cañoneras) armadas hasta los dientes con ametralladoras pesadas ejercían las funciones de fuerza antiaérea, supervisadas por un destructor o un crucero ligero en cada uno de los sectores.

En el extremo exterior de la zona de los transportes, los destructores formaban una pantalla submarina, mientras otros destructores y corbetas mantenían un cordón antisubmarino que se extendía en un largo arco desde la península de Motubu, en el noroeste de Okinawa a Ara Saki, en el sur, hasta las islas Kerama Retto (donde los norteamericanos levantaron una gran base de abastecimiento y reparaciones).

Un grupo de al menos cinco destructores y corbetas patrullaban de noche en las posibles rutas que pudiesen utilizar los burladores del bloqueo japoneses. Finalmente, hasta unos 160 kilómetros de las playas, destructores y barreminas de la clase Bristol, apoyados por las LCI(G) armadas con cañones antiaéreos de 40 mm en todos los montajes disponibles, gestionaban los piquetes de radar de primera línea de defensa contra los kamikaze.

Entre 8 y 12 estaciones de radar de las 16 disponibles, estaban en funcionamiento las 24 horas, mientras los buques patrullaban en un amplio círculo de 4.570 metros acompañados de una patrulla aérea (CAP) en lo alto de forma permanente.

En Okinawa participó también la Royal Navy. En el periodo anterior a la invasión, la importante misión de combatir a la aviación japonesa desplegada en las Ryukyus del sur fue asignada a la Task Force 57, integrada por 4 portaaviones de batalla, 2 acorazados, 5 cruceros y 11 destructores de la Royal Navy al mando del vicealmirante B. Rawlings. Un portaaviones británico operaba de media unos 54 aviones: 38 cazas (Supermarines Seafire, Fairey Fireflies, Hellcats y Corsairs) y 16 Avenger, en comparación con los más de 80 aparatos que operaban sus equivalentes norteamericanos. Sin embargo, sus cubiertas de vuelo dotadas de un blindaje de 76 mm de grosor, que originaban esta menor capacidad, demostraron un valor incalculable frente a los kamikaze.

HMS Indefatigable

A primeras horas de la mañana del 1 de abril, frente a la costa de Sakishima Gunto, tres Zeros de un grupo de siete, rompieron a través de la CAP de la TF 57. Dos fueron derribados por un solo Seafire, pero el tercero logró un impacto óptimo en la cubierta del HMS Indefatigable junto a la torre de control. Fue el primer ataque kamikaze contra un navío británico. Murieron 14 hombres y otros 16 resultaron heridos. La bomba del Zero no estalló, así que, en cuestión de horas, el portaaviones británico estaba operando de nuevo sus aviones. Se estimó que con un impacto de esas características, un portaaviones de batalla norteamericano hubiese precisado un largo periodo de reparaciones en una base con las infraestructuras necesarias.

Viene de Viento divino – El fenómeno kamikaze japonés (XIX). Operación Tan: Ataque a la TF58 fondeada en Ulithi

Sigue en Viento divino – El fenómeno kamikaze japonés (XXI): Estadísticas para Okinawa

  1. Dani says:

    He leído por ahí (no recuerdo donde) que la RN decepcionó en estas operaciones por su poca capacidad operativa y por una notable falta de interés.
    Por ejemplo los reabastecimientos en alta mar de combustible les costaba un tiempo infinitamente superior al que les costaba a la US NAVY

    • Sasi says:

      Efectivamente
      Se había desenvuelto razonablemente bien el las distancias «cortas» del Atlántico y del Mediterráneo pero estaba muy lejos del prefeccionamiento y la capacidad operativa que había logrado a todos los niveles la Marina de los EE UU…sin contar con los recursos que disponía esta última.
      La supremacía de la Royal Navy había pasado a mejor vida…

      Saludos

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