Así, unas dos semanas tras la decisión de Adolf Hitler de preparar la invasión de la URSS, el general Marcks finaliza su labor. La principal premisa de su plan, como se indica, sigue el principio de que la conquista de la capital de Stalin asestará un golpe demoledor al RKKA.

Moscú es el más importante centro industrial, de comunicaciones y naturalmente político. Marcks trata este aspecto con el agregado  militar alemán en Moscú, el General der Kavallerie Ernst Köstring. Pero este discrepa. Köstring es buen conocedor de la Unión Soviética y habla ruso (de hecho es moscovita de nacimiento). No lo sabe aún  pero Hitler será de su misma opinión. Köstring duda de que la captura de Moscú sea la clave de la victoria, por los vastos recursos industriales de Rusia tras los Urales y el carácter de improvisación ruso en situaciones difíciles. En cualquier caso Halder da su bendición a Marcks. También comparte la opinión de que Moscú es el objetivo esencial de la campaña. De hecho a lo largo de toda la operación será férreo defensor de esta premisa.

En septiembre de 1940 retomará el estudio de invasión el Generalleutnant (general de división) Friedrich Paulus (el futuro mariscal que en 1943 se rendirá en Stalingrado), destinado en el OKW (Oberkommando der Wehrmacht o Alto Mando de las Fuerzas Armadas). El plan inicial de ataque sufrirá una alteración importante: Ya no se observan 2 grupos de ejército, sino 3 y Moscú será un objetivo condicionado. Es decir, una vez que el Grupo de Ejércitos “Centro” haya tomado Smolensk, la continuación de la ofensiva hacia Moscú, dependerá del éxito del Grupo de Ejércitos “Norte” en la captura de Leningrado. De hecho, Paulus deja la puerta abierta a que el Grupo de Ejércitos “Centro” tenga que apoyar con un número de divisiones la toma de Leningrado.

El Gran Almirante Raeder conferencia en esas fechas con Hitler e intenta disuadirle de abrir un segundo frente, sin haber terminado primero con los británicos. Él defiende que el III Reich  debería apoyar el esfuerzo de Mussolini de hacerse con el estratégico canal de Suez. Así el avance hacia Palestina y Siria estaría garantizado. Pero Raeder se da de bruces con una decisión de carácter ideológico.

El 29 de octubre desde el OKW Halder recibe el plan ya modificado de Paulus. Va quedando claro que la relación de fuerzas no está del lado de Alemania, lo que obligará a amasar tropas en el Schwerpunkt (punto de ruptura decisivo), consecuentemente desprotegiendo otros sectores.

No obstante, incluso el general Halder (detractor férreo del plan), y el resto de la oficialidad, no escapan al sentimiento de superioridad frente a los soviéticos. La campaña estalinista contra Finlandia en 1939-40, en la que se consigue una victoria pírrica, no hace más que volver a demostrar que el RKKA es un gigante poco preparado y desmotivado. La pobre actuación del Ejército Imperial ruso en la Primera Guerra Mundial también pesa en esta concepción.

En noviembre el gobierno soviético pide las primeras explicaciones del porqué de los despliegues de efectivos en las antiguas provincias polacas y desvíos del pacto Hitler-Stalin de agosto de 1939. El agregado militar de la embajada de Moscú, general Köstring, es llamado a Berlín. Allí es instruido para que, si cuestionado, informe a las autoridades de la URSS de que se trata de una reubicación tras las operaciones en el oeste, por gozar en Polonia de mejores infraestructuras castrenses.

General Halder

El ministro de exteriores soviético, Molotov, visita Berlín en noviembre. Conferenciará con Adolf Hitler el día 13 del mismo. El Gran Almirante Raeder, que se entrevista con el Führer al día siguiente, se percibe de que este sigue aferrado a su idea de invasión. Raeder hace hincapié en vano de que una victoria sobre Gran Bretaña es lo primero. Piensa que la URSS tardará aún varios años en estar en posición de atacar a Alemania.

Así transcurre el calendario cuando el 5 de diciembre Brauchitsch (Jefe del Ejército) y Halder (su Jefe de Estado Mayor) presentan al dictador el plan. Se le detallan los pormenores y la decisión de lanzar a 3 grupos de ejército y no 2. El objetivo territorial final sería alcanzar la línea del río Volga y la región septentrional de Arkhangelsk; una extensión gigantesca que expulsaría al RKKA más allá de la cadena montañosa de los Urales, desde donde no podría ya ser amenaza para el Reich.

Hitler da su visto bueno, pero reitera la necesidad imperiosa de destruir a los soviéticos en el oeste de la URSS, evitando así que puedan replegarse hacia los vastos espacios del interior. Este tiene la campaña de Napoleón muy presente y no quiere incurrir en los mismos errores de concepto. Añade que tanto Rumania como Finlandia tomarán parte en el plan. Para él Moscú no es decisivo. Lo deja claro. Y agrega que el movimiento de efectivos de oeste a este tardaría 8 semanas, pero que las preparaciones no se podrían ocultar más allá de mediados de abril de 1941.

General Paulus

Entretanto se está llevando a cabo un ejercicio de puestos de mando organizado por Paulus. Este lo ha dividido en 3 fases:

1.- Batallas fronterizas.

2.- La línea Kiev-Minsk-lago Peipus.

3.- Y alcance de objetivos ulteriores.

Paulus llega a una conclusión inquietante: la 3ª fase pone de manifiesto que la Wehrmacht sería posiblemente incapaz de aventurarse y dispersarse por las cada vez más anchas estepas rusas, si el RKKA ofrece resistencia. Con todo, finalmente se concluye que la URSS puede ser derrotada en 8-10 semanas.

El plan está listo. El general Alfred Jodl (Jefe del Estado Mayor del OKW) ordena a Warlimont (su adjunto) el 6 de diciembre escribir la Directiva número 21 para la firma del Führer. Cuando este plasme su rúbrica en el documento, la mayor Blitzkrieg de todos los tiempos verá la luz irremisiblemente.

La Unión Soviética era el objetivo, pero ¿qué era la Unión Soviética en términos militares? ¿A qué había que enfrentarse? ¿Cuales eran sus fuerzas y doctrina? Lo veremos en la próxima entrada.

Viene de El Planeamiento de la Operación “Barbarroja” (I)

Sigue en El Planeamiento de la Operación “Barbarroja” (III) – Objetivo la URSS

Pablo G. Romero es autor de Barbarroja 3:00 – Ediciones Salamina

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