La segunda guerra mundial está llena de historias de generales y de sus relaciones con los medios: Patton y el soldado abofeteado, las ruedas de prensa de Eisenhower, o los discursos llenos de autobombo de Montgomery, sin ir más lejos. Sin embargo la vida de los miembros de los equipos de relaciones públicas, entre los que se contaban los corresponsales de guerra oficiales, podía estar llena de complicaciones.

Para hablar un poco sobe ellos vamos a fijarnos en los miembros de relaciones públicas que actuaron en Sicilia, más concretamente formando parte de las tropas canadienses que combatieron en aquella isla.

Tropas canadienses a bordo de un buque de desembarco. Tras el descalabro de Dieppe, que en casa supieran de uno se convirtió en algo muy importante.

La unidad actuó bajo la dirección del Major C.W. Gilchrist, oficial de relaciones públicas, que se unió al Cuartel General de la 1st Canadian Infantry Division. Bajo su mando estuvieron, desde el principio de la campaña, dos equipos de prensa, cada uno formado por un oficial y dos corresponsales, que fueron adjudicados a la división antedicha el primero y a la 1st Canadian Tank Brigade el segundo; así como una unidad de filmación y fotografía. Con el avance de la campaña fueron llegando más equipos, hasta sumar un total de 76 personas, pero diversos motivos retrasaron a la gran mayoría de ellos hasta el 12 de Agosto. Para entonces los combates prácticamente habían terminado.

Los primeros informes fueron emitidos el mismo día del desembarco por los corresponsales Ross Munro, de la prensa, y el locutor Peter Stursberg, de la radio canadiense; y fueron enviados durante la noche del desembarco por el propio Gilchrist desde el HMS “Malta”, aunque no sin haber pasado previamente por la censura. Cuenta la anécdota que por error estos despachos recibieron la calificación de “Inmediate” (inmediato), y gracias a ello fueron estos dos canadienses quienes hicieron conocer al mundo la noticia del desembarco en Sicilia.

Ross Munro, trabajando en su oficina.

Una vez en tierra ambos escribieron una historia mucho más compleja del primer día de la campaña, que sería enviada al “Malta” a bordo de un minador, censurada nuevamente y enviada el día 12 de julio al mundo entero. El relato iba a obtener un inmenso eco en la prensa británica de entonces.

Si la cara de estos equipos de relaciones públicas eran las noticias elaboradas por los corresponsales, la cruz fueron los mensajes oficiales emitidos por los grandes cuarteles generales. La siguiente anécdota muestra muy bien los problemas que podían surgir si las cosas no se hacían con cuidado. Cuando el Cuartel General de Eisenhower preparó el borrador del anuncio oficial del desembarco, se incluyó para la versión en inglés la frase “Fuerzas aliadas bajo el mando del General Eisenhower han empezado operaciones de desembarco en Sicilia esta mañana temprano”. Esta frase, sin embargo, fue modificada para la Francia metropolitana, sustituyendo el inicio por la expresión “Fuerzas anglo-americanas”. Este cambio provocó una inmediata protesta del Primer Ministro Canadiense ante la autoridades militares británicas; quienes declarándose incompetentes lo remitieron al “Combined Chiefs of Staff” (Jefes de Estado Mayor Combinados), con sede en Washington, que era el organismo del que  Eisenhower dependía directamente. La cuestión llegó incluso hasta el Presidente de los Estados Unidos, quien tuvo que mediar a favor del gobierno canadiense. Finalmente, el mensaje para la Francia metropolitana acabó por iniciarse con la frase: “Los canadienses, así como tropas británicas y americanas”.

Montgomery y Patton. Sin duda lo más dificil era no atraerse las quejas de algún «jefe».

En sentido inverso, durante el transcurso de la campaña le tocó a Montgomery “amostazarse”, cuando la prensa y la radio empezaron a referirse a la “Fuerza canadiense” o a los “Canadienses, a la derecha de los americanos” como si estos fueran un ejército independiente y no parte del 8th Army. Sendas cartas del general británico del 26 de julio, a los Generals McNaughton y Alexander, indican no solo el enfado de Montgomery sino también, parece ser, el hecho de que la división canadiense estaba “extremadamente enfadada” por no ser mencionada como parte del ejército británico. Este problema, finalmente, también se solucionó, empleando la expresión: “las tropas canadienses que forman parte del 8th Army”.

¡Y luego hay quien dice que las relaciones públicas eran una tarea fácil!

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