En las entradas anteriores asistimos al último contraataque alemán para reabrir el pasillo que comunicaba la fortaleza de Küstrin con los maltrechos restos de la Alemania nazi. También a la retirada de la pequeña guarnición de Neu Bleyen y a los intensos bombardeos artilleros y aéreos desencadenados sobre la población sitiada, mientras el general Chuikov planeaba cómo ejecutar el asalto definitivo contra la ciudadela.

En esta imagen se puede ver muy bien el punto por el que atacaron los soviéticos, contra la línea de ferrocarril que se ve a la derecha, y de ahí a la puerta de Kietz, que está tras la defensa pentagonal rodeada de agua en el lado derecho de la ciudad, según se ve en la imagen.

Entretanto, el 27 de marzo los soviéticos consiguieron salvar un obstáculo fundamental. Por medio de lanchones y barcazas, los soviéticos consiguieron por fin cruzar los prados inundados de la orilla del río Wartha y posicionarse sobre el tendido de ferrocarril que llevaba a la ciudad desde el sudeste. A continuación, seguirían intensos combates por la puerta de Kietz, en el lado sur de la fortaleza, y la cercana estación de ferrocarril, que iba a cambiar de manos en varias ocasiones.

El gran problema al que tuvo que enfrentarse la guarnición de Küstrin el 28 de marzo fue que el asalto del día anterior al extremo sur de la ciudad vieja no había sido más que un “reconocimiento en fuerza”. Aquel día sí que iban a empeñarse los soviéticos, con intensísimo asalto que los llevó al interior de la fortaleza hasta llegar, en torno a las 18.00 horas, al castillo central de la fortaleza. Para entonces, a los defensores solo les quedaba un cañón de 150 mm con seis disparos y dos de 75 mm con treinta entre ambos. Así, no resulta raro que, al caer la tarde, el SS Gruppenführer Reinefarth ordenara la retirada de las fuerzas defensoras a la isla, que aún no había sido asaltada pues, según los planes soviéticos, no debía lanzarse el asalto definitivo hasta el día siguiente. Como suele suceder en estos casos, la operación salió “casi” bien, pues, aunque se pudo llevar a cabo, parte de los combatientes de Volkssturm quedaron atrás cuando fueron volados los puentes. A la vista de los combates que aún quedaban, cabe preguntarse si no sería un alivio. Eran entre las 21.00 y las 22.00 horas.

Heinz Reinefarth. Sobrevivió a la guerra y se denegó su extradicción a Polonia, primero para que sirviera de testigo en Núremberg y luego por falta de pruebas. Llegó a ser alcalde y a ocupar un puesto en el parlamento de Schleswig Holstein. Sus acciones no fueron oficialmente condenadas hasta 2014.

Aquella misma noche, Reinefarth tomó una decisión rara en un oficial de las SS al mando de una “Festung”, solicitó permiso, por radio, para retirarse con lo que quedaba de la guarnición, y el general Busse, al mando del Noveno Ejército, se lo concedió. Las consideraciones habituales sobre este asunto suelen oponer el tiempo ganado al mantener ocupadas a una cantidad importante de fuerzas soviéticas contra las vidas de los defensores. En el caso de Küstrin, no cabe duda de que la localidad tenía la importancia que le daba estar sobre el camino directo a Berlín, y que era muy improbable que la operación sobre Berlín comenzara antes de que fuera conquistada esta ciudadela. Sin embargo, ¿merecía la pena mantener la carnicería para retrasar un poco más el derrumbe de aquella Alemania en descomposición?

Parece que, como era de esperar, la solicitud y el permiso no tuvieron buena acogida en el Führerbunker, donde Hitler, que aún trataba de enderezar el inevitable destino de sus fuerzas armadas, montó en cólera. A la idea de retirada se unía el fracaso del general Busse y del Noveno Ejército en la operación de reapertura del corredor que llevaba a Küstrin. El dictador se embarcó entonces en uno de sus ataques de rabia, contra Busse y contra los combatientes en general, que fue interrumpida por el propio Guderian quien, según sus memorias, afirmó: “Permítame usted que le interrumpa. Ayer por la tarde expuse a usted detalladamente, de palabra y por escrito, que el general Busse no es culpable del fracaso del ataque a Küstrin. El Noveno Ejército empleó en el ataque las municiones que se le habían enviado. La tropa ha cumplido con su deber. Lo demuestra el número desacostumbrado de bajas”.

La ciudad vieja en la actualidad. Solo quedan las ruinas.

Inmediatamente después Hitler ordenó despejar la sala e indicó a Guderian que necesitaba un descanso para mejorar su salud. Era el cese. En medio de la crisis, salía por bambalinas uno de los protagonistas fundamentales de la Segunda Guerra Mundial. En cuanto a Reinefarth, ordenó que fuera arrestado y llevado ante un consejo de guerra, pero no sucedería así, pues seguiría al mando de un cuerpo de ejército. Pero no adelantemos acontecimientos, pues la isla todavía no ha sido conquistada.

  1. kelm says:

    Creo que hay una errata en el título, pues es indica 27 y 28 de abril/1945, cuando debería ser de marzo como luego se indica en el texto…

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