Bert Chaney, un señalizador de diecinueve años con el 7 El Batallón Territorial de Londres, al ver los primeros blindados lo describió como: «Tres enormes monstruos mecánicos como nunca había visto antes»

Como vimos en la anterior entrega, la carrera armamentística previa a la Primera Guerra Mundial era imparable. Todos los países buscaban un nuevo vehículo para mostrar su poder. Con el inicio del conflicto, la necesidad de un nuevo arma se hizo más acuciante debido al malgasto de recursos y material que suponía la lucha estática en el frente y la dificultad de avance.

En 1915, el coronel de ingenieros Ernest D. Swinton diseñó y construyó el primer tranque de guerra de la historia basándose en diseños anteriores como el Little Willie. Tanto gustó este proyecto que el Primer Lord del Almirantazgo, sir Winston Churchill, apoyó al Landships Committee.  Este vehículo era lento (4,5 km/h) y presentaba poco blindaje (6-12 mm). Para compensar estos defectos, se optó por armarlo con dos cañones  Hotchkiss QF de 6 libras y tres ametralladoras  tres ametralladora Hotchkiss de 8 mm en su versión macho y cuatro ametralladoras Vickers de 7,70 mm, una Hotchkiss de 8 mm en su versión hembra. Esta bestia de 28 toneladas fue llevada a Francia camuflados como tanques portátiles de agua potable, de ahí su nombre.

Fue en la batalla del Somme (15 de septiembre de 1916) cuando el Mark I entró en combate por primera vez. Llegaron a Francia 50 vehículos, pero salieron de la base al campo de batalla 31 debido a las averías. Los blindados cruzaron la tierra de nadie y abrieron camino a la infantería entre las alambradas para romper el frente alemán. Al principio, los alemanes no podían hacer otra cosa que huir pero, con el avance de la guerra, los alemanes desarrollaron sus propios blindados o se apropiaron de los británicos que quedaban detenidos en el campo de batalla. Quizá la primera contramedida más destacada es la bala K (Patrone SmK Kurz 7,92 mm) disparada desde un Mauser 98. Esta munición se caracterizaba por su forma invertida y su gran carga de pólvora. Aunque potente, ésta no era infalible y sólo una de cada tres conseguía atravesar el blindaje a 100 metros.

Por otro lado, cuenta el piloto William T. Dawson, que estar dentro de un tanque era algo ensordecedor. El motor desprendía mucho calor y se incendiaba con facilidad, por este motivo los soldados los llamaban “tumbas ardientes”. Cuenta también este joven que el fino blindaje permitía entrar algunas balas y estas rebotaban en el interior causando heridas a la tripulación. Curioso es el caso del comandante Basil Henriques que fue herido por un pedazo de cristal que saltó al impactar una bala en el blindado. Cuando los médicos se lo extrajeron, decidió hacer un anillo con el mismo a su esposa.

Sea como fuere, los Mark, en todas sus variantes, se convirtieron en un arma que cambiará el rumbo de la guerra y de la historia. Poco a poco se desarrollarán las técnicas de combate mecanizado y nuevas armas más potentes y mortíferas para los mismos. Este blindado trajo consigo diseños en casi todos los países beligerantes. En las próximas entregas analizaremos cada uno de ellos.

Viene de Uso de vehículos de combate en la historia (VII) – África

Sigue en Uso de vehículos de combate en la historia (IX) – Guerra sobre orugas

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