ENTRADAS ANTERIORES DE ESTA SERIE

Febrero-marzo de 1862 la retirada de Sterling Price

4-7 de marzo de 1862 el contraataque de Van Dorn

7 de marzo por la mañana, ofensiva en Elkhorn Tavern

7 de marzo a medio día. Desastre al norte de Leetown

7 de marzo por la tarde. Victoria en Elkhorn Tavern

Tras la jornada del 7 de marzo, en la que habían sido derrotados en su ala derecha (Leetown) mientras resultaban victoriosos en la izquierda (Elkhorn Tavern), los confederados se enfrentaban a una noche intranquila, pues iban a tener que dormir en el campo de batalla, todavía alineados y listos para el combate. Mientras, el general Earl Van Dorn se instalaba en la taberna, desde donde se preparó para la batalla del día siguiente.

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General de brigada Samuel Ryan Curtis, al mando de las tropas federales

En el lado federal, en cambio, la noche iba a ser bastante más movida, al menos para algunas unidades. El general de brigada Curtis ordenó al coronel Davis que sustituyera con su división a la de Carr, mientras los coroneles Osterhaus y Asboth (división de Sigel) ocupaban el ala izquierda, con el primero al frente y el segundo detrás. Finalmente, el propio Carr colocó sus ya baqueteadas fuerzas en el ala derecha, todo estaba listo para la jornada siguiente. ¿Cómo la enfrentaban ambos jefes? Curtis informó de que había “descansado, seguro de que el día siguiente le traería el éxito final”; mientras que Van Dorn admitiría que “no sin ansiedad, esperé el amanecer del nuevo día”.

El alba del 8 de marzo reveló la posición de Curtis, una fila de tres divisiones ordenadas de oeste a este, con una cuarta en segunda línea. Sin duda no era lo que Van Dorn se esperaba y decidió retirarse. Su primera decisión fue dejar parte de la 3.ª División (2.º y 3.er regimientos de Misuri) para que ejercieran de retaguardia mientras su tren de suministro era enviado hacia Van Buren.

A las 7.00 horas empezaron el cañoneo y el tiroteo “tan densos como el día anterior”, informó el propio Van Dorn. Mientras, las baterías rebeldes castigaban el ala derecha del ejército federal donde, una vez más, eran las tropas de Carr las que cobraban. Sin embargo, en esta ocasión los federales estaban instalados en una llanura plana, donde les resultaba muy fácil maniobrar, mientras que los confederados, posicionados en un sector mucho más quebrado, no tenían tanta facilidad para trasladar sus regimientos de un lado a otro.

Cuando empezó la batalla las líneas federales superaban a las unidades confederadas de retaguardia por ambos lados, y cuando se lanzaron al asalto, la orden de Van Dorn al coronel Little, al mando del sector, fue de esas tan terribles y frías que emiten a veces los oficiales superiores: “aguante su posición todo lo que pueda”. Poco a poco, los confederados se retiraron a Elkhorn Tavern, a las laderas de Pea Ridge y a las hondonadas de Cross Timber Hollow. A las 10.00 horas ambas alas federales habían convergido en torno a los confederados de Little, atrapando a los de Misuri en un terrible fuego cruzado. Entonces, y solo entonces, recibieron permiso para retirarse.

Artillería confederada en una recreación de la batalla

Entonces terminó la batalla. Los confederados se marcharon en distintas direcciones, el grueso hacia el sur, mientras algunos elementos se dirigían al norte, a Keetsville. Van Dorn, junto con el grupo principal, acampó a las 15.00 horas a unos 16 km del campo de batalla, donde le esperaban el tren de suministros y la artillería. Desde allí rodearía las posiciones federales por el este para volver hacia el interior de Arkansas. Los oficiales que le acompañaban no fueron demasiado suaves en sus opiniones sobre la batalla. Algunos llegaron a hablar, incluso, de cobardía inexcusable; otros lo acusaron de no haber empleado a la caballería de McCulloch durante la segunda jornada, “cinco mil hombres, de los mejores que jamás hayan montado a caballo”. En sus escritos, el sargento Watson acabaría refiriéndose a su jefe como “Damn Born” (“nacido maldito”). En sus informes Van Dorn se mostraría satisfecho de haber podido abandonar el campo de batalla sin que su ejército se desintegrara, pero para sus hombres se hizo muy impopular.

  1. Dani says:

    Pues yo creo que tomó la decisión más adecuada, salir corriendo y salvar al ejército. Si se hubiera quedado podía haber dado una batalla a la defensiva y haber causado muchas bajas a los federales. E incluso haber conseguido un «empate», pero a costa de muchas bajas propias y quizás de la pérdida de su ejército. Sobre la crítica por no usar la caballería, pues me parece muy lógica, ya que es misión de esta cubrir las retiradas. Pero siendo una caballería tan poco profesional, no se yo………
    En resumen, gran grupo de artículos, no creo que haya nada en español publicado sobre esta batalla.

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