Rommel y las consecuencias de un ataque indebido (y III)

Terminaba el mes de abril de 1941, en el que Rommel había desencadenado un violento ataque contra las posiciones británicas en Cirenaica que lo había llevado a sitiar Tobruk y posicionar sus tropas en la frontera líbico-egipcia, duplicando la extensión de sus líneas de suministro, desgastando la capacidad combativa de sus unidades y poniendo en jaque la posición del eje en el norte de África. Tal vez consciente de ello, los informes que enviaba a Berlín no eran claros, excepto en su reiterada solicitud de refuerzos. Realmente, en ese momento, la suerte de Rommel fue que los británicos, cuyas tropas, enviadas a Grecia, estaban siendo derrotadas, tampoco tenían la fuerza suficiente como para atacarlo.

Messerschmitt 109 en Áfrika. Magnífico avión, fue la columna vertebral de la Luftwaffe en este escenario.

Como hemos explicado en las anteriores entradas de esta serie, las peticiones de refuerzos inicialmente enviadas por Rommel fueron rechazadas, pero finalmente, en parte por intercesión de Hitler y en parte porque el general Halder, jefe del Estado Mayor General, consideraba que, en la situación en la que estaban, el eje no podía permitirse una retirada en el norte de África, se acordó enviar al otro lado del Mediterráneo cinco batallones de tropas, uno de ingenieros de asalto y dos batallones de artillería costera. Además, se ordenó acelerar el transporte por ferrocarril de las fuerzas de la 15.ª División panzer que seguían en tránsito hacia sus puertos de embarque en el sur de Italia.

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Rommel y las consecuencias de un ataque indebido (II)

A mediados de abril de 1941, tras haber conquistado, “gloriosamente”, la Cirenaica excepto Tobruk y haberse plantado en la frontera Egipcia, Rommel, con sus líneas de suministro estiradas al límite y con sus tropas dispersas por todo el este de Libia, se vio metido en un aprieto. Así, mientras la propaganda del régimen nazi empezaba a crear el mito del invencible Rommel y su Deutsches Afrika Korps, el general, sobre el terreno, empezó a temer la posibilidad de un ataque británico en su flanco sur, desde la profundidad del desierto, y solicitó que se le enviaran tropas de refuerzo.

Tras los avances espectaculares, había llegado el momento de atrincherarse en posiciones fijas, una asignatura en la que los alemanes iban a demostrarse también muy capaces.

Esta situación no solo se oponía a la letanía de victorias que cantaba el ministerio de Goebbels, sino que también contradecía rotundamente los motivos alegados en su momento por Rommel para desencadenar una ofensiva que iba mucho más allá de los ataques limitados que se le había autorizado a llevar a cabo, saltándose “a la torera” la misión fundamental de las tropas germano-italianas en Libia: defender Tripolitania.

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Rommel y las consecuencias de un ataque indebido (I)

“En lo que a Rommel se refiere, mi punto de vista es que gracias a la propaganda, primero de Goebbels, luego de Montgomery  y, finalmente, después de que fuera envenado, de todas las antiguas potencias enemigas, se ha convertido en un símbolo de las mejores tradiciones militares. Su liderazgo es glorificado, así como su carácter, especialmente su caballerosidad, bondad y modestia… Cualquier crítica pública de su personalidad, ya legendaria, deñaría la estima en que se tiene al soldado alemán en general” Así hablaba, después de la guerra, el general Kirchheim, sobre el zorro del desierto negándose a criticar al hombre bajo cuyas órdenes había servido cuando era oficial de la 5.ª División ligera.

Erwin Rommel dando órdenes des uno de sus vehículos de mando. Su capacidad para controlar la situación no fue tanta como se cree.

Lo cierto es que la figura de Rommel se ha ido concretando a lo largo de los años, pasando del mito del gran general a ser considerado un buen táctico, pero un mal operador y un fatal estratega. El objetivo de este artículo no es, por otro lado, analizar el mito, sino exponer, a la luz de la historiografía más reciente, como uno de sus supuestos momentos de triunfo lo puso, en realidad, al borde del desastre.

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1925, el desembarco de Alhucemas, en Desperta Ferro Contemporánea.

Alhucemas es un nombre que resuena en nuestra historia militar, un momento especialmente brillante en el que, tal vez, España volvió a ser la gran potencia que antaño había sido. Ciertamente, no fue contra un enemigo europeo, y tampoco después mantendrían nuestras fuerzas armadas, por múltiples razones, el nivel alcanzado en dicha ocasión, pero no se debe olvidar que en aquella nueva jornada de África, innovamos tácticas y medios militares que seguirían estudiándose años después, en guerras muchos más grandes, que no más graves.

Aunque colonial, hay que indicar que el enemigo no era en absoluto desdeñable. Abd el-Krim a la vez que combatía a los españoles, inició el proceso de creación de un estado propio, en el Rif, que supuso un experimento inaudito en la región. Sus objetivos fueron fundamentalmente dos: por un lado, demostrar al Majzén, el poder central marroquí, que existían alternativas políticas a las existentes entonces; y por otro demostrar a las potencias coloniales, Francia y España, y tal vez también al resto del mundo occidental, que el Rif podía ser un Estado pleno.

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Serbia 1914. La segunda derrota austríaca.

                Tras la ofensiva austríaca de primeros de agosto, los serbios decidieron lanzar su propio contragolpe. Los combates por Sabac habían comenzado el 14 y continuarán hasta el 26. Frente a un enemigo que se refuerza constantemente, los serbios atacan una y otra vez, con suma fiereza, para liberarla. Cuando por fin lo consigan, la ciudad estará en ruinas. Ese mismo día, y con el fin de ayudar a sus aliados rusos, el 1.er Ejército Serbio desencadenará un ataque para evitar que el 2.Armee austríaco acabe de trasladarse hacia Galizia.

El cañonero Bodrog, sobre el río Save. Las flotillas fluviales austríacas también jugaron su papel.

                Aproximadamente una semana más tarde, entre el 5 y el 6 de septiembre,  los combates son rabiosos en la región de Sirmia. Todo comienza con el cruce del Save, los serbios avanzan con vigor, pero la munición de las unidades que han cruzado el río se agota, y las tropas austro-húngaras contraatacan antes de que los ingenieros hayan terminado de construir los puentes que reforzarán a los agresores y al final sufren numerosas bajas, entre otras cosas, a causa de los hombres que se ahogan cruzando de nuevo el río en dirección sur. Por mucho que la ofensiva parecía prometer, han sido incapaces de conquistar Surcin, la principal localidad de la zona, aunque si conquistan Zemun. El 13, los serbios contabilizan más de 6000 muertos, frente a 2000 enemigos, y suspenden el ataque.

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Los libertadores de París.

 

« Paris outragé ! Paris brisé ! Paris martyrisé ! Mais Paris libéré! »

Decía el general De Gaulle un 25 de agosto de hace ya 71 años, en el Ayuntamiento de París. París ultrajada por la derrota, rota su población por creencias y fidelidades tan dispares como la colaboración y la resistencia, martirizada por la Gestapo y por los cañones de la guerra, pero finalmente, París liberada.

El semioruga «Guadalajara» con sus tripulantes españoles

La liberación de París sigue siendo uno de esos acontecimientos que provoca enfoques distintos de la historia. Para los anglosajones fue un episodio más de la cruzada por la liberación de Europa, sin duda de cierta importancia, pero en absoluto tan relevante como la operación Cobra (la ruptura del frene Normando) o la batalla de las Ardenas. Es más, para ellos la liberación de París supuso el origen de una larga serie de dificultades, pues se convirtió inmediatamente en la sede del Gobierno Provisional de la República Francesa, presidido por De Gaulle, que en ningún momento dejó de comportarse como el gobernante de una nación libre y soberana, manteniéndose en su negativa a la formación de una AMGOT (Administración Militar Aliada para los Territorios Ocupados), que era el instrumento que habían empleado hasta entonces los aliados anglosajones para administrar los territorios europeos arrebatados al enemigo.

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Serbia 1914, el pequeño país que prendió la mecha.

 

Si, históricamente, Serbia había entrado en escena el 28 de junio de 1914 con ocasión del asesinato del Archiduque Francisco Fernando en Sarajevo, luego, el pequeño país balcánico, encajado entre los grandes gigantes europeos, parece desvanecerse. La batalla de las fronteras, la invasión de Bélgica, el Marne, Tannemberg y los lagos masurianos, incluso la ofensiva de Galizia ganan relevancia, y pocos son los que parecen fijarse de nuevo en el pequeño país balcánico, cuya capital se halla, al otro lado del Danubio, a apenas unos pocos cientos de metros de la frontera Austro-Húngara.

Tropas serbias en la isla de Ada Ciganlija, al oeste de Belgrado. Dado que hubo muchos movimientos en torno a la capital, es difícil decir exactamente cuando se tomó esta imagen, aunque los austríacos no parecen estar muy cerca.

Precisamente por la cercanía de su capital y por sus larguísimas fronteras (tanto con el imperio como con Bulgaria), el Voivoda Radomir Putnik, Jefe de Estado Mayor del príncipe regente Alejandro I y comandante efectivo de los ejércitos serbios, ha decidido no presentar batalla sobre estas, sino desplegar sus fuerzas más hacia el interior, aprovechando los cauces fluviales como línea defensivas, con la intención de contraatacar en caso de ser posible.

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