Paracaidistas en El Alamein (III)

Volvemos hoy al extremo sur de la línea de frente de El Alamein, estamos en la madrugada del 24 de octubre y las fuerzas británicas se están preparando para desencadenar un ataque contra la Agrupación Ruspoli, cuyo despliegue narramos en la entrada anterior. Sin embargo, mientras los cañones de Montgomery bombardean las posiciones italianas, los de las divisiones defensoras hacen otro tanto sobre las concentraciones del 7.º Queen’s Royal Lancers. Así lo narró el jefe de una posición de morteros italiana, son los primeros combates por los puestos avanzados de la división Folgore.

“Los cañones de la División Pavía, posicionados tras el puesto de mando del batallón, ya han abierto fuego, mientras que nuestras tropas situadas en las posiciones de vanguardia indican, disparando bengalas moradas, que han sido rodeadas. El enemigo ha abierto una brecha en el campo de minas [Enero, tal y como se explicaba en la entrada anterior] y ha penetrado en nuestras posiciones, mientras los carros de combate aprovechan también el hecho para atacar nuestras posiciones.

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Paracaidistas en El Alamein (II)

Volvamos a la noche del 24, cuando los británicos desencadenaron su primer ataque, y tras haber narrado, de forma general, en la entrada anterior de esta serie, como fueron los primeros asaltos británicos en el extremo sur de la línea del eje en El Alamein, vamos a centrarnos en un solo lugar, los puestos 115, 105 y 103, defendidos por la Agrupación Ruspoli.

Es importante puntualizar que, bien entrenada y dotada del mejor material humano del que podían disponer las fuerzas armadas italianas en aquel momento, la división paracaidista “Folgore” podía ser considerada como una unidad bastante buena, y sus combatientes lucharán bien frente a la superioridad aliada. Con respecto a la Agrupación Ruspoli, nuestra protagonista, tenía tres compañías en vanguardia: la 22.ª orientada hacia el norte (con el 8.º de Guastatori a su izquierda; la 6.ª orientada hacia el este y la 19.ª orientada hacia el sureste. En total, eran unos 450 hombres que, además de morteros y otras armas pesadas, disponían también de 12 piezas de 47/32. Todos ellos formaban un arco y se hallaban metidos dentro de un perímetro minado. El campo de minas situado por delante de las posiciones defensivas se llamaba Enero, y el que corría por detrás era Febrero. Más al oeste se despegaba el resto de la agrupación, de norte a sur, las compañías 24.ª, 20.ª y 21.ª.

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Paracaidistas en El Alamein

El 23 de octubre de 1942, cuando la ilusión egipcia de Rommel estaba a punto de desmoronarse definitivamente con ocasión de la ofensiva británica en El Alamein, el extremo sur –la zona más peligrosa y aislada, aunque la menos importante– del despliegue del eje, había sido confiado, a las tropas italianas. En concreto, al X Cuerpo de Ejército, compuesto a la sazón por dos divisiones con gran solera en el frente desértico: la 27.ª División de Infantería, “Brescia”, al norte, y la 17.ª División de Infantería “Pavía”, al sur. En el centro se desplegaba una recién llegada, la 185.ª División, de Paracaidistas, “Folgore”, enviada a África tras suspenderse el asalto a Malta. Por la misma razón estaban allí los paracaidistas alemanes de la Brigada Ramcke.

Esta unidad alemana, reunida a primeros de 1942, había sido organizada específicamente para el ataque al bastión británico en el Mediterráneo central y constaba de cuatro batallones de paracaidistas: I/2.º Regimiento, I/3.er Regimiento, II/5.º Regimiento y batallón de entrenamiento del XI Cuerpo de Ejército del aire. Además, contaba con el II/7.º Regimiento de Artillería Paracaidista, una compañía de ingenieros y una compañía cazacarros equipada con 12 piezas de 37 mm.

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Sherman, el carro de combate estadounidense de la Segunda Guerra Mundial (y XII)

Terminamos hoy nuestra serie de entradas (larga ya) sobre el empleo táctico básico del carro de combate Sherman con uno de los elementos fundamentales de la formación de sus tripulantes. Aunque siempre con el deseo de no tener que ejecutar jamás la maniobra, los carristas tenían que saber qué hacer si, llegado el momento, tenían que evacuar el carro de combate, porque no cabe duda que mientras ellos maniobraban y ejecutaban muchas de las acciones que hemos ido desgranando, el enemigo hacía otro tanto y, a veces, con más éxito.

Para empezar, el reglamento indicaba que solo el jefe de carro podía tomar la decisión de abandonar el vehículo, siempre en función de la situación táctica. Para este tipo de situaciones, las ordenanzas indicaban que: “si un carro de combate es alcanzado o dañado hasta el punto de no poder continuar hasta el objetivo, el jefe de carro emitirá la señal ‘ignorad mis movimientos’ y si es posible el carro se pondrá a cubierto’”. El objetivo de esta señal radiada era evitar que los demás carros de la sección siguieran al que abandonaba el combate, o ajustaran su formación en torno al mismo, en vez de seguir hacia el objetivo.

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Congreso Internacional RENOVAR Y DIFUNDIR LA HISTORIA MILITAR LA MOVILIZACIÓN DE RECURSOS MILITARES Y NAVALES EN LA MONARQUÍA IMPERIAL HISPÁNICA (SIGLOS XVII Y XVIII)

Os dejamos a continuación la información sobre el interesantísimo congreso internacional que se celebrará la semana que viene en Madrid. Esperamos que sea de interés.

 

La Historia Militar está viviendo un interesante momento de renovación historiográfica internacional. Esta realidad contrasta con el tradicional recelo del mundo académico español hacia este campo de estudio, en parte por el éxito que viene alcanzando los temas militares en medios de difusión más amplios. La Historia Militar académica española se enfrenta al reto de atender con mayor sensibilidad esa renovación historiográfica internacional, al tiempo que se plantea abiertamente cómo difundir el resultado de sus investigaciones entre un público más general y dispuesto a recibirlo. Desde el equipo internacional “Red Imperial. Contractor State Group” queremos abordar este problema, analizar las posibilidades y hacer propuestas, y hacerlo desde casos concretos como es la investigación en la movilización de recursos para las Fuerzas Armadas de la Monarquía Imperial Hispánica en los siglos XVII y XVIII.

(Página web: unav.edu/csg-red-imperial)

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Sherman, el carro de combate estadounidense de la Segunda Guerra Mundial (XI)

Comentamos en la entrada anterior de esta serie, larga ya, dedicada al carro de combate Sherman –que junto al T-34 soviético fue, sin duda, uno de los protagonistas más numerosos de los campos de batalla de la Segunda Guerra Mundial–, cómo era, a grandes rasgos, el proceso de disparo de su cañón principal, y poníamos como ejemplo de blanco un tanque alemán Panther. Hoy, precisamente, vamos a dedicar la entrada sobre el Sherman a explicar cómo era el combate entre blindados desde este vehículo.

Llegados a este punto, la primera misión de la tripulación del carro era identificar al enemigo. Huelga decir que no era lo mismo enfrentarse a un PzKpfw que a un Tigre. Una vez identificado el adversario, los carristas, aunque sobre todo su jefe, debían de comparar, en apenas un instante, las ventajas y puntos débiles del enemigo con los propios. Esto puede parecer baladí, ya que sin duda todo el mundo sabía que la parte más vulnerable de un carro de combate era la trasera, pero era importante conocer el calibre y la capacidad de penetración del cañón del contrario y, por ejemplo, si se trataba de un cañón de asalto, carente de torreta y, en consecuencia, incapaz de defenderse sin girar por completo si era atacado por cualquier lado que no fuera el frontal.

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Sherman, el carro de combate estadounidense de la Segunda Guerra Mundial (X)

Tras haber rememorado, someramente, el proceso de puntería y disparo a bordo de un Sherman, y sin dejar de recalcar como ya nos adelantaba Dani en la entrada anterior, la dificultad intrínseca de lleva a cabo todas estas acciones durante una situación de vida o muerte, es importante fijarnos ahora en los demás componentes de la tripulación, pues mientras el tirador efectúa sus cálculos, ellos también tienen tareas que cumplir.

El conductor, ya lo hemos adelantado, tratar de colocar el carro en una posición que cumpla un doble requisito: estar desenfilada del fuego enemigo pero siendo idónea para disparar contra el contrario, y el ametrallador del casco tratar de defender el blindado de un ataque a corta distancia (en este caso sin duda una tarea de menor importancia, en realidad debía de estar listo para ocupar cualquiera de las otras plazas o solucionar cualquier problema que se le ordenara resolver). Entretanto, el jefe de carro debe de elegir qué tipo de munición se va a emplear: fundamentalmente perforante o de alto explosivo, en función del blanco. La cuestión no es baladí: si el objetivo es un carro de combate se utilizarán los primeros, pero si se trata de una pieza contracarro, entonces estos son prácticamente inútiles, lo que hace falta es uno de los segundos. Teniendo en cuenta que el cargador no tiene por qué saber cuál es el objetivo, un error de concentración del comandante del vehículo puede alcanzar una importancia enorme.

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