En su informe del 11 de junio de 1944, cuya primera parte daba una visión un tanto optimista de las posibilidades de la Wehrmacht en Normandía, y cuya segunda parte se centraba más bien en las dificultades que provocaba la fuerza aérea aliada, Erwin Rommel definió también otras dificultades a las que tuvieron que enfrentarse sus soldados.

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  1. El efecto de la artillería pesada naval.

Se han utilizado hasta 640 piezas de grueso calibre. El efecto es tan poderoso que es imposible operar con infantería o con carros de combate en la zona dominada por esta artillería de fuego rápido. Pero a pesar de ello, las tropas que guarnecen la costa y las que han sido enviadas a contraatacar en la zona de Montebourg [en la península de Cotentin, a los norteamericanos que avanzan hacia Cherburgo] han aguantado tenazmente sus posiciones. Debemos esperar, en todo caso, que los buques de guerra enemigos seguirán interviniendo en los combates terrestres, especialmente en la península de Cotentin, si la Luftwaffe o nuestra marina no son capaces de destruirlos.

  1. El equipamiento de los anglo-norteamericanos.

Con numerosas armas nuevas y material de guerra muy superior al equipo de nuestras propias divisiones. Tal y como me ha informado el Obergruppenführer Sepp Dietrich, las formaciones acorazadas enemigas pueden combatir a distancias de hasta 3500 m, gastando munición al máximo y espléndidamente apoyadas por la fuerza aérea enemiga. Lo mismo sucedió en El Alamein. Peor aún. Aparentemente, su gran superioridad en artillería y sus inmensos depósitos de munición siguen incrementándose.

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  1. Las tropas paracaidistas y aerotransportadas.

Están siendo utilizadas en tan gran cantidad y con tal eficacia que las tropas atacadas tienen dificultades para defenderse. Si las tropas aerotransportadas aterrizan en un territorio que no tenemos ocupado, enseguida se preparan para defenderse y solo pueden ser derrotadas, con dificultades, por la infantería, con apoyo artillero. Debemos esperar más operaciones de este tipo, especialmente en zonas no ocupadas por nuestras tropas. Desafortunadamente, la Luftwaffe no ha sido capaz de actuar contra estas formaciones, tal y como se había planeado originalmente. Dado que el enemigo puede incapacitar nuestras formaciones móviles con sus fuerzas aéreas durante el día, mientras que a su vez opera con unidades que se desplazan con rapidez y con formaciones aerotransportadas, nuestra posición se está volviendo extraordinariamente difícil.

Solicito que el Führer sea informado de todo esto.

Pasando al análisis, sin duda Rommel tenía ciertas razones para preocuparse del bombardeo naval aliado, y afirma, más con objetividad que con deseo, que ni las fuerzas aéreas ni la marina propias serán capaces de acabar con los barcos aliados. En lo que se refiere a los medios materiales de los anglo-norteamericanos, también acierta el alemán, quien se permite además recordar su derrota en África, justificándola en parte a pesar de que en aquel momento la superioridad británica tuvo mucho que ver con la inferioridad logística del eje, y con la intervención del propio Rommel, aunque no fue el único, en la cancelación de la operación contra Malta, cuyo éxito habría permitido que sus recursos cruzaran el Mediterráneo con mucha más seguridad, efectividad y regularidad.

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También es interesante recalcar la preocupación de Rommel por las fuerzas paracaidistas aliadas, a pesar de que no volverán a ser empleadas durante la campaña. De hecho, cabe preguntarse el porqué de la preocupación del alemán si tenemos en cuenta que las tres divisiones empleadas: 6.ª británica y 101.ª y 82.ª estadounidenses, seguían en el campo de batalla. Cuestión distinta sería que estas hubieran sido retiradas del mismo, lo que podría dar a pensar en un nuevo ataque por el aire. Por ello, es plausible pensar que conocía la existencia de la 1.ª aerotransportada británica y la 17.ª norteamericana, y temía que estas fueran utilizadas para aislar a las tropas germanas que combatían cerca de la costa.

Finalmente, es especialmente interesante la frase final, en la que solicita que Hitler sea informado de lo que dice. Tal vez Rommel ya fuera conocedor del ambiente, cada vez más disociado de la realidad que reinaba en el Cuartel General de Führer, de los enfados cada vez más habituales de este cuando las noticias no se amoldaban a sus deseos, y de lo difícil que estaba resultando obtener más recursos, sobre todo del Decimoquinto Ejército, que seguía en la zona de Calais esperando el que debía ser el auténtico desembarco.

  1. Dani says:

    En Libia el cuello de botella logístico eran los puertos. Tenían tan poca capacidad de trabajo, que se dieron casos en los que buques llegados con muchas dificultades fueron destruidos antes de poder ser descargados.

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