La historia militar está llena de gloriosas unidades de élite que a menudo suelen ocupar la primera página de libros, artículos y blogs como este, sin embargo también hay unidades desastrosas, de las cuales, a pesar de que de ellas hay mucho que aprender, se suele hablar mucho menos. Una de estas unidades fue el 53er Batallón de la Milicia Australiana <<uno de los episodios más tristes de la historia militar australiana>> (Paul Ham, Kokoda).

Corte de la <> de kokoda, donde se puede ver la ubicación de Isurava.

En noviembre de 1941, ante la cada vez más creciente amenaza japonesa, el ejército australiano decidió organizar un nuevo batallón de milicias, y para ello dio instrucciones a 18 de los batallones ya existentes para que cada uno de ellos enviara una determinada cantidad de efectivos, que serían encuadrados en una nueva unidad que llevaría a cabo una <<misión especial>>.

Esta misión especial, que consistía en ir a guarnecer Port Moresby, estaba basada en una especie de trampa legal, pues a pesar de que las unidades de la milicia no podían ser obligadas a salir del país, iban a ser enviados a Papúa que era un territorio bajo administración australiana.

Soldados del 39º Batallón cruzando un puente, los del 53º iban equipados del mismo modo.

Atentos a la solicitud, y dado que se les había otorgado la capacidad de elegir a los candidatos, los mandos de los 18 batallones decidieron aprovechar la oportunidad para deshacerse de sus peores elementos: borrachos, insubordinados, pendencieros, indisciplinados, inadaptados… el nuevo batallón se ganó inmediatamente una fama terrible, siendo considerado como el menos fiable del ejército australiano.

Para empeorar las cosas, en diciembre de 1941 el batallón fue desplazado a Sidney para embarcar con rumbo a su destino; y tal vez con la intención de evitar que desaparecieran, a sus hombres se les denegó el habitual permiso de navidad. No importó, muchos de ellos decidieron tomárselo por su cuenta y se ausentaron, lo que mermó en gran medida los efectivos de la unidad. Para solucionar el problema y rellenar las vacantes causadas por estas masivas deserciones, se decidió entonces recurrir a un método radical, algo que <<los miembros de las democracias occidentales creen que es habitual en los regímenes totalitarios, pero no en nuestras propias fuerzas armadas>> (Lex McAulay>>).

Esta solución fue enviar a las calles de Sidney grupos de reclutadores forzosos, que emborrachándolos, coaccionándolos o, directamente, secuestrándolos por la fuerza, reclutaron a todos los vagabundos y desempleados que consideraron necesarios para llevarlos directamente a bordo del  HMAS Aquitania  (el barco que debía trasladar al batallón hasta Port Moresby), en muchas casos sin siquiera permitirles avisar a sus familias. Solo se salvaron los que pudieron demostrar que estaban casados, y no fueron muchos. Esa misma noche partieron rumbo al infierno.

Plano del sector de Isurava. El 53º fue desplazado hacia Abuari, al otro lado del río, donde fue aniquilado el día 27

Era evidente que la unidad no iba a ser muy útil en combate, sin embargo cuando, durante la batalla de Isurava, el 39º Batallón de la Milicia Australiana tuvo que retirarse ante la presión japonesa, se convirtieron en la única unidad disponible para reemplazarlos. De inmediato se produjeron incidentes, pues si los soldados no eran buenos, tampoco sus oficiales daban la talla. En una ocasión, cerca de Missima, un oficial decidió internarse en la selva con una patrulla de treinta hombres desarmados. Poco después, en Kaile, cerca de Abuari, sufrió graves bajas otra patrulla, cuando otro oficial, un teniente, la llevó hasta una posición extremadamente vulnerable, donde fue arrollada por los japoneses. Pero lo peor aún estaba por venir.

El gran problema del  Brigadier Arnold Potts, comandante en jefe de las fuerzas australianas en la pista de Kokoda durante la ofensiva japonesa, era que no disponía de fuerzas suficientes y se había visto obligado a desplegar este batallón para cubrir su flanco este. El 27 de agosto los japoneses atacaron cerca de Abuari, y a lo largo de la jornada fueron destrozando, una tras otra, todas las compañías de la unidad, incluida su plana mayor, que fue aniquilada cerca de la catarata en torno a las 15:30. Al final de la jornada toda la posición australiana estaba en jaque, y a pesar de la llegada del 2/16 Batallón de la Fuerza Imperial Australiana, los japoneses obligaron a toda la fuerza a retirarse.

En todo caso, los supervivientes del 53º no se quedaron a ver el final de la batalla. Algunos se perdieron en las colinas, otros se metieron en la jungla, y una cierta cantidad se marchó, sin encomendarse ni a Dios ni al diablo, hacia Port Moresby. Su camino de vuelta resultaría igualmente perjudicial para la campaña, pues muchos de ellos forzaron a los porteadores nativos a tirar los suministros y la munición que cargaban hacia el frente para obligarles llevar sus propios equipos de vuelta hacia Port Moresby.

Una vista de la jungla de Papúa. En el pequeño claro en el centro de la foto es donde se alza el memorial de Isurava.

Tras estos acontecimientos la mayoría de los supervivientes fueron empleados como mano de obra en diversas tareas de ingeniería, como la preparación de trincheras y la construcción de aeropuertos y almacenes, y los más válidos acabarían fusionándose con el 55º Batallón de Milicia para combatir de nuevo, pero nunca se les perdonó su pésima actuación en el frente.

Queda, sin embargo, una reflexión pendiente. ¿Realmente se puede culpar a aquellos hombres de haberse comportado como lo hicieron? ¿O tal vez la responsabilidad debería recaer sobre los mandos que permitieron que una unidad creada de semejante manera fuera enviada a uno de los campos de batalla más exigentes de la guerra a enfrentarse con el más terrible de los enemigos?

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  1. dani says:

    Como se suele decir. De donde no hay, no se puede sacar. Lo raro es que una unidad creada de esa forma hubiera llegado a ser una unidad de élite. Pero a veces en la guerra no queda otro remedio que hacer este tipo de cosas. Las películas en las que unidades formadas por los «desheredados» y «ovejas negras» se convierten en unidades de élite, son eso, películas. Sobre todo si se da poco tiempo para la formación.
    En las unidades paracaidistas norteamericanas de la IIGM abundaban los tipos conflictivos pero tuvieron «años» para formarse como unidades y a los recalcitrantes los mandaron a otras partes.

  2. Javier Veramendi B says:

    Supongo que una cosa es que haya cierta proporción de ovejas negras, que tampoco se hace la guerra con monaguillos, y otra cosa es que toda la unidad esté compuesta de ovejas negras.
    Además, a los paracaidistas americanos, por utilizar tu ejemplo, se les ofrecían una serie de ventajas a cambio de la disciplina estricta a la que se veían sometidos: prestigio, una paga especial por salto, buen armamento, consideración… y además eran voluntarios. En el caso del 53, nada de nada. A algunos los habían enrolado por la fuerza, los consideraban la hez del ejército (véase la entrada sobre los <>, el armamento era de la primera guerra mundial, la paga era la más básica y en cuanto al prestigio ¡Eran la milicia! Y si además te has preguntado que pasó entre noviembre y agosto, pues la verdad es que los tuvieron cavando zanjas casi constantemente, y, si no recuerdo mal, parte de la unidad ni siquiera llegó a hacer ejercicio de tiro.

    Saludos.

  3. dani says:

    Además hay gente conflictiva y gente conflictiva. Los paracaidistas o los rangers norteamericanos en la IIGM eran en cierto porcentaje gente conflictiva, pero por ser peleones. Digamos que eran gente que necesitaba ser domada. Mientras que los miembros de este batallón parecen ser otro tipo de gente conflictiva.

  4. Diego says:

    El error comienza ya en la creacion de la unidad, lo que obliga a que esta sea de baja calidad (en el mejor de los casos), y si a esto le agregamos ese reclutamiento forzoso, el resultado salta a la vista. La culpa de los mandos es mas que obvio, y encima tenian que pelear contra los japoneses, veteranos, tambien era logico lo que iba a pasar. Si ponemos esto en el coctel, la capacidad combativa de dicha unidad tenia que ser pobre, baja moral, mala predisposicion, mal equipamiento, mandos mediocres (una patrulla desarmada es un chiste tragico).
    Ahora, si no me equivoco, las mejores tropas australianas no estaban en otros frentes con los britanicos??, pusieron mano a lo que tenian, y era eso por lo visto.
    Tambien estoy escribiendo con el diario del lunes, los resultados estan a la vista, pero enfrentar milicianos con tropa profesional, generalmente no termina bien (para los milicianos).
    Otro gran articulo, felicitaciones!!

  5. Javier Veramendi B says:

    Buenos días Diego.

    Las divisiones australianas de élite: 6ª, 7ª y 9ª, estaban en camino, pero Churchill se resistía a soltarlas.

    En realidad, yo creo que lo que faltó fue preparación, tanto de soldados como de mandos. Pero por otro lado, desde un punto de vista superior, cualquiero cosa que retrasara a los japoneses ya era buena. Estos entraron en la pista de Kokoda con una logística que no admitía retraso alguno, y cuando llegaron al final, se morían de hambre gracias a los retrasos que habían tenido que sufrir combatiendo contra los batallones de milicias y contra las divisiones de élite.

    Estas últimas, por su lado, también llegaron al otro lado de la pista (durante el contraataque) completamente destrozadas.

    En resumen, las Owen Stanley no eran sitio para luchar, pero a veces no se tiene elección.

    Un saludo.

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