A las 10.18 de la mañana del 26 de agosto la batalla parecía agotada. Los aviones embarcados de ambas flotas habían atacado al enemigo, quedando herido el portaaviones japonés Shokaku en el bando imperial, y muy gravemente dañado el Hornet y con un par de agujeros el Enterprise en el caso estadounidense. Entonces, el vicealmirante Kondo, que por lo que sabía de los ataques aéreos propios creía que el enemigo se había quedado sin portaaviones, anunció que iba a atacar con los buques de superficie. Para ello, ordenó al portaaviones Junyo que, escoltado por dos destructores, fuera a reunirse con los portaaviones de Nagumo.

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El Junyo, fotografiado en 1945.

El refuerzo es bienvenido pues el Shokaku estaba en llamas, aunque al menos no había perdido propulsión y se estaba dirigiendo hacia el noroeste a 31 nudos, secuestrando de paso al jefe de la escuadra. Debieron de ser momentos amargos para el vicealmirante Nagumo, que sin duda debió de acordarse como había tenido que abandonar su buque insignia, el Akagi, durante la batalla de Midway. Aun así, pero no sin dudas, decidió, finalmente, trasladar de nuevo su pabellón. Era la segunda vez que se veía obligado a abandonar su navío de mando durante aquella infausta guerra.

Entretanto, los estadounidenses estaban intentando salvar el Hornet. Ya en torno a las 10.00 horas, poco después de que el portaaviones hubiera recibido el ataque, se había iniciado una maniobra de remolque, que tenía que llevar a cabo el crucero Northampton. Dos acontecimientos la harían fracasar. Primero, el violento amerizaje de un torpedero propio, cuyo torpedo, activado, empezó a navegar en busca de un blanco, obligado a los barcos a desplazarse para evitarlo hasta que impactó en el destructor Porter, rompiendo el mamparo que protegía las salas de calderas y dejando el barco parado sobre el mar con quince bajas mortales a bordo.

Battle of the Santa Cruz Islands
El crucero Northampton, intentando tomar a remolque el Hornet.

El segundo acontecimiento fue la sorpresiva aparición de un bombardero en picado Val del Shokaku, justo cuando el Northampton estaba colocando el cabo de arrastre. La bomba cayó a unos 20 m por detrás del destructor Morris, y si bien no causó daños, obligó a que toda la flota se dispersara de nuevo. La maniobra no se reinició hasta las 10.34 horas, un minuto antes de que llegara la mitad que faltaba de la segunda oleada de ataque del Zuikaku.

Los dieciséis Kate del Zuikaku –catorce según algunas fuentes– que habían despegado con media hora de retraso se dividieron en dos grupos para atacar a los norteamericanos por los ambos costados, evitando ser detectados visualmente por los barcos hasta que se hallaban a 8000 m del objetivo, y gracias a que uno de los Kate estalló repentinamente en llamas, derribado por el Wildcat del teniente Stanley W. Vejtasa, que hará blanco en otros cuatro, uno de los cuales cayó sobre el destructor Smith. Mientras, el segundo grupo de Kates consiguió, tras haber perdido también algunos aparatos, lanzar cuatro torpedos, ninguno de los cuales consigue hacer blanco en el Enterprise. La escuadrilla nipona volverá a casa con diez aparatos menos.

Photo #: 80-G-30054  Battle of the Santa Cruz Islands, October 1942
El acorazado South Dakota, bajo ataque aéreo.

Aun así, el ataque no había sido infructuoso. A bordo del Smith, alcanzado, literalmente, por uno de los Kate, como ya hemos indicado, el torpedo que seguía enganchado al avión, estalló provocando un grave incendio y causando 57 bajas mortales. Para apagarlo, el capitán del barco ligero tendrá que acercarse a la espumeante estela del acorazado South Dakota. Mientras tanto, los torpedos siguieron su curso hasta que tres de ellos impactaron en el casco del crucero Portland, cuyo timón se había averiado. Ninguno de ellos estalló, de lo contrario el buque norteamericano se habría convertido, sin duda, en una baja más de la batalla.

En torno a las 11.21 el Enterprise se hallaba de nuevo al borde de una borrasca, justo cuando llegó el que sería el último ataque japonés, un grupo de bombarderos en picado Val enviados por el Junyo. El ataque, efectuado desde debajo de las nubes, se hizo en un ángulo muy llano y no en un verdadero picado, y con un resultado igualmente llano, una bomba que pasó rozando el casco, estalló bajo el mar y provocó dos pequeñas vías de agua y atascó el ascensor de proa. Otro grupo de Val se lanzaría sobre el crucero San Juan, que iba a resultar alcanzado, precisamente en el timón; y los últimos eligieron por blanco al propio South Dakota, alcanzando la torre uno sin que llegaran a darse cuenta los artilleros que estaban dentro, pero quedando heridos cincuenta marineros en el exterior. El resultado de este último ataque serían once Val perdidos, de diecisiete, a cambio, según informaron, exagerando bastante, los pilotos nipones, de tres blancos en un portaaviones y daños a dos cruceros. Los daños hubieran podido ser mucho más graves porque entre los heridos del acorazado estaba el capitán y el buque, sin control, estuvo a punto de impactar contra el Enterprise.

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