No todo el mundo acaba convirtiéndose en una anécdota de la historia como lo hizo el joven alférez japonés Kasuo Sakamaki el día del ataque a Pearl Harbour.

Y ciertamente no comenzó la jornada de la infamia en los cielos, sino debajo del agua, a los mandos de uno de los cinco minisubmarinos que había lazando la Armada Imperial contra la flota norteamericana del Pacífico el 7 de diciembre de 1941 en conjunción con el ataque aéreo sorpresa sobre la base naval.

Los minisubmarinos no llegaron a alcanzar el éxito de las formaciones aéreas que hicieron tan célebre este ataque sorpresa. Las cinco naves de dos tripulantes cada una se perdieron antes de que ninguna de ellas lograra atacar con éxito blanco alguno con los dos torpedos que llevaban abordo.

Sakamaki fue el único de los diez tripulantes que sobrevivió al malhadado ataque. Fue una experiencia que nunca olvidaría. Su submarino nodriza, el I-24, había emergido frente a la boca de Pearl Harbor en la tarde del 6 de diciembre. «Podíamos ver el cielo estrellado«, diría Sakamaki muchos años después. «Había muchísimas luces en la costa y podíamos oír música hawaiana en la emisora de radio de Honolulu«.

Submarino japonés de la clase del I-24

Sobre la cubierta del submarino se hallaba preparada aquella pequeña nave de 24 metros de eslora con dos torpedos de 18 pulgadas en su interior. Se suponía que Sakamaki y su contramaestre Kiyoshi Inagaki debían meterse en su interior poco después de medianoche, dirigirse a Pearl Harbor, a unos 12 kilómetros de distancia, y hundir al acorazado Pennsylvania en su punto de amarre.

El plan empezó a salir mal desde el comienzo. El timón no funcionaba bien, y según el testimonio de Sakamaki el minisubmarino navegaba «como un caballo desbocado«. «Cada vez que ponía en marcha los motores la proa asomaba en la superficie, así que durante tres horas Inagaki y yo tuvimos que trasbasar lastre de popa a proa. Estábamos agotados«.

Los nueve tripulantes fallecidos en el ataque. Japón intentó ocultar que Sakamaki había sido hecho prisionero, pese a haber sido anunciado por la radio norteamericana.

Por fin, logrando que la nave se mantuviera debajo del agua, Sakamaki alzó el periscopio para echar un vistazo rápido a la costa. Lo que vio fue a dos patrulleros norteamericanos peligrosamente cerca. «Podía ver a los marineros yendo y viniendo por las cubiertas«. A continuación se produjo un ataque con cargas de profundidad. El mecanismo de lanzamiento de los torpedos quedó fuera de servicio y los dos tripulantes sufrieron heridas de poca importancia.

A pesar de todo lograron pasar. «Decidí entrar en el puerto y estrellarme en el primer acorazado que viera, provocando la explosión de los torpedos«. Sin embargo, aquel no era su día de suerte y el submarino chocó contra un  arrecife de coral, quedando completamente a la vista a pocos cientos de metros de un destructor norteamericano y cayendo posteriormente a aguas más profundas. Esperarían allí a que anocheciera de nuevo (7 de diciembre) y tratarían de entrar una vez más en el puerto. «Para entonces, el aire viciado y los gases del interior del submarino estaban acabando con nosotros«.

Recuperación del minisubmarino

Pese a que lo itnentaron repetidas veces, no lograron penetrar en el puerto esa noche. Así que decidieron preservar su diminuta nave para ataques futuros. Se pusieron en marcha rumbo al punto de encuentro con el submarino nodriza en las inmediaciones de la Isla de Lanai, al sureste de Pearl Harbor. «Al amanecer del 8 de diciembre emergimos en los alrededores de lo que pensamos que era la isla de Lanai, pero resultó que en realidad estábamos cerca de la nosta noreste de la isla de Oahu, muy alejados de dicho punto«.

Entonces encallaron en otro arrecife de coral. Ya no hubo manera de mover el minisubmarino de allí. «Prendimos fuego a la nave y saltamos por la borda. Estaba tan agotado que era incapaz de nadar, así que me dejé flotar sobre mi espalda. Inagaki trató de nadar hasta la orilla y según me dijeron después se ahogó«.

Sakamaki reencontrándose con su minisubmarino medio siglo más tarde

El agotado Sakamaki quedó insconsciente pese a estar flotando en el agua. «Y lo siguiente de que me acuerdo es de ser recogido en la playa por un sargento del ejército norteamericano«. Debió ser en las inmediaciones de Bellows Field. El sargento David Abuki había hecho al primer prisionero japonés de la guerra. Internado en un campo de prisioneros y sintiéndose humillado, intentó suicidarse. Posteriormente cambió de opinión y colaboró con los norteamericanos como traductor. Eso hizo que tras la guerra no tuviera una buena acogida en Japón.

«Una guerra muy corta«, diría Sakamaki más tarde, ya convertido en el director general de exportaciones de la Toyota Motor Co. Ltd, el mayor fabricante de automóviles de Japón. «Para mí«, remató, «la Segunda Guerra Mundial empezó y acabó en el ataque a Pearl Harbor».

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