Aunque son menos conocidas, Japón también creó, en su deseperación, algunas unidades de incursores saboteadores de elite suicidas destinadas a entorpecer el despliegue de bombarderos norteamericanos en el cinturón de islas que rodeaba Japón. Eran los Giretsu Kuteitai.

Bombardero en el que llegaron los comandos japoneses

A finales de 1944 la grave situación por la que atravesaba Japón empujó a sus militares a tomar medidas desesperadas. Además de las unidades de guerreros del viento divino, se crearon también unos grupos de elite a partir de las Teishin Shudan, las unidades de elite de las fuerzas aerotransportadas del ejército. Su misión, ser depositados en aeródromos norteamericanos y destruir todos los aviones que pudieran. No había extracción posterior, se trataba de un ataque suicida.

El primer ataque Giretsu se debía llevar a cabo en el aeródromo de Aslito en Saipán a finales de 1944, donde se desplegaban los bombarderos B-29. La primera unidad Giretsu estaba formada por el capitán Okuyama y poco más de un centenar de hombres procedentes de los Teishin. Finalmente la operación fue cancelada por problemas logísticos.

El capitán Okuyama poco antes de partir para la misión

Las unidades Giretsu debían atacar en la oscuridad de la noche y serían precedidas de ataques llevados a cabo por unidades de bombardeo japonesas para dañar las pistas y crear confusión. Los aviones que transportaban a las unidades Giretsu debían aterrizar a cualquier precio y de cualquier manera, ya que al no estar prevista la evacuación de los comandos japoneses, carecía de importancia que los aviones resultasen dañados.

Tras varias intentonas posteriores en otras localizaciones que también tuvieron que ser canceladas, se presentó una nueva oportunidad con la invasión norteamericana de la isla de Okinawa. El plan fue desigando Gi-Gou, y fue aprobado el 18 de mayo de 1945. La fuerza consistía en 12 aparatos Ki-21 que transportaban a 14 comandos cada uno. De ellos, 8 debían dirigirse al aeródromo de Yontan y 4 al de Kadena. Finalmente, solo pudieron partir 8 aparatos, al quedar 4 en tierra por problemas técnicos.

Otra instantánea del Ki-21 de los comandos

El 24 de mayo de 1945 sería la noche más recordada por los norteamericanos del aeródromo de Yontan. Aproximádamente a las diez y media, tras sufrir un bombardeo llevado a cabo por unas decenas de bombarderos y cazabombarderos japoneses, un bombardero medio japonés Ki-21 (Sally) se a proximó al aeródromo a baja altitud y fue derribado por las baterías antiaéreas que lo protegían. Unos cinco minutos más tarde, otros tres aparatos japoneses intentaron aterrizar en Yontan, siendo todos derribados en sus cercanías. Finalmente, otro Ki-21 logró hacer un aterrizaje de panza en una de las pistas.

Ya en el suelo, unos doce comandos paracaidistas japoneses que habían sobrevivido al impacto salieron del avión en una carga suicida. No se trataba de un ataque kamikaze al uso, sino de un giretsu o acto de heroísmo. Los soldados japoneses incendiaron 300.000 litros de combustible de aviación y volaron todo avión norteamericano que se interpuso en su camino, logrando destruir 9 de ellos (3 Corsairs, 2 PB4Y y 4 R5D) y dañando otros 29 aparatos.

Un panorámica más amplia del anterior

Tras el shock inicial de los soldados estadounidenses, que perdieron esa noche a dos hombres, casi todos los japoneses fueron eliminados. Varios hombres del personal de mantenimiento del VMF (N)-542 de marines fueron heridos también en el ataque. Parece ser que hubo un único superviviente de los giretsu de Yontan, un comando japonés que logró llegar a sus propias líneas el 12 de junio, casi 19 días después del ataque.

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