Brest, 22 de marzo de 1781, una gran armada abandona el puerto para adentrarse en el Atlántico. El grueso de esta fuerza lo comanda el almirante De Grasse, y su destino es la costa americana; pero hay otro destacamento, una fuerza menor que ha zarpado junto con la gran flota para engañar a los observadores enemigos, y que se separa una vez llegados a mar abierto. Se trata de la escuadra comandada por el aún capitán de navío Suffren, formada por cinco buques de guerra: Héros, Annibal, Artésien, Vengeur y Sphinx  y una corbeta (356 cañones en total), y ocho buques de transporte. Su misión es marchar hacia Sudáfrica y el índico, pues pocos meses antes (el 24 de diciembre de 1780) el Reino Unido ha declarado la guerra a Holanda y ahora sus colonias están en peligro, sobre todo la de Ciudad del Cabo, escala vital en la ruta de los mares de oriente.

Escena de la batalla, en la que se pueden ver los navíos combatiendo.

                Se sabe que los británicos han enviado una fuerza para tomar esta colonia, y la misión fundamental de Suffren es llegar primero para desembarcar a los 1200 hombres que transporta antes de seguir hacia Île de France, en el índico, donde se pondrá a las órdenes del almirante D’Orves. Su competidor, que le lleva una semana de ventaja, es el comodoro Johnstone, que comanda una fuerza compuesta por cinco navíos: Romney, Hero, Monmouth, Jupiter e Isis; tres fragatas: Diana, Active y Jason: y tres buques más ligeros: Terror, Infernal y Rattlesnake. Todos ellos forman la fuerza que escolta a 14 “indiamen” (los barcos de la compañía de las indias orientales, que solían ir artillados con unos 20-30 cañones cada uno) y 11 buques de transporte. En total, la escuadra británica cuenta con un millar de piezas de artillería.

                Sin embargo, a pesar de esta ventaja inicial, Suffren va a tener suerte, pues localiza a la escuadra enemiga anclada en el puerto de La Praya, en las islas de Cabo Verde; y arrojo, pues decide atacarlas con sus cinco navíos en una acción desproporcionada. La batalla que tuvo lugar aquel 16 de abril de 1781 fue un combate descoordinado, pues ni los propios capitanes franceses se esperaban que Suffren llevara a cabo aquel audaz, o descabellado, ataque contra una flota tan superior. Así, los buques galos irán entrando en la bahía para enfrentarse a los británicos, echando el ancla para no ser expulsados de ella por la corriente y el viento, pero al hacerlo de uno en uno, su acción carecerá del peso suficiente como para obtener la superioridad táctica, y al final Suffren se verá obligado a retirase arrastrando al Annibal, que ha quedado prácticamente desarbolado. La escuadra de Johnstone iniciará una tímida persecución, pero sin insistir.

Esquema táctico del combate, que nos permite hacernos una idea del arrojo de los capitanes galos, al meterse en medio de semejante avispero.

                El balance es duro para los franceses: 105 muertos, 218 heridos y 30 prisioneros, contra 36, 130 y 15 por parte británica, y el Annibal tendrá que ser remolcado hasta Ciudad del Cabo; pero la victoria es clara. Ahora Suffren lleva la delantera en la carrera, pues los británicos, vapuleados, no zarparán hasta el día 2 de mayo.

                Mes y medio después, el 20 de junio, la flota francesa avista su primera escala, la colonia holandesa de Ciudad del Cabo, donde puede anclar con tranquilidad, ya que los británicos están lejos, y desembarcar las tropas de refuerzo que trae. Hecho esto, empieza la siempre compleja operación de reparar los barcos dañados, en especial el Annibal, un proceso en que Suffren se quejará duramente de la falta de colaboración de sus anfitriones y aliados. No zarpará de nuevo, esta vez hacia Île de France, hasta el 25 de agosto, arribando a su destino dos meses exactos después, era el 25 de octubre, y las noticias no son buenas.

El comodoro Johnstone fracasó en su misión de tomar Ciudad del Cabo, pero interceptó y capturó una importante flota mercante holandesa, por lo que en Londres no se lo tuvieron en cuenta; o tal vez si, acabó dedicándose a la política.

                Para empezar, la base naval francesa no ha sido bien pertrechada, faltan sobre todo cordajes, y los barcos allí destacados no están listos para navegar y entrar en combate; y en segundo lugar, el almirante D’Orves está enfermo, lleva así dos años, medio incapacitado, mientras su base se desmorona en un ambiente “muy poco militar”, como dirá el propio Suffren. Así pues, tras las dificultades de Ciudad del Cabo, Suffren tiene que enfrentarse ahora a las propias, de modo que la escuadra no estará lista para zarpar hasta el 7 de diciembre. Los espera la India, donde los británicos están a punto de tomar la base holandesa de Trinquemalay (Trincomalee), pero esa es una historia que abordaremos más adelante.

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