Una vez mencionadas algunas de las características de la forma de operar de las compañías, vamos a volver a un plano más teórico que real para mencionar las condiciones de actuación de los regimientos y de las divisiones.

Vamos a dedicar nuestras fotos de hoy a los cañones de asalto nipones. Aquí tenemos el Tipo 1, Ho-Ni, armado con un cañón de 75mm, del que se fabricaron 125 ejemplares entre 1941 y 1943.

                Un regimiento de carros de combate desplegado para el ataque ocupaba un frente de aproximadamente 500 m. La vanguardia estaba formada por unidades de tanquetas o de carros ligeros cuya misión era localizar los puntos defensivos más poderosos del dispositivo enemigo, muy probablemente recibiendo una buena dosis de fuego. Según la teoría japonesa, un frente de unos 500 m de ancho debía contener en su línea defensiva 3 piezas anticarro, 6 ametralladoras pesadas, 5 morteros y hasta 12 ametralladoras ligeras; estas eran las armas que debían ser localizadas. Tras esta vanguardia se situaba el cuartel general del regimiento, lo más cerca posible del frente, para poder tomar la decisiones adecuadas sobre la marcha; y tras este llegaba una sección de carros, ligeros o medianos, cuya misión fundamental iba a ser acabar con las defensas anticarro del enemigo.

                Detrás de esta vanguardia se situarían las compañías de carros de combate, habitualmente cuatro, que componían el grueso de la fuerza de combate regimental. Ya hemos comentado en una entrada anterior que la formación más habitual era la “T”, en la que la 4.ª Compañía pasaría a ocupar la retaguardia.

Otro de los modelos empleados fue el Tipo 4, Ho-Ro (los tipos 2 y 3 también fueron Ho-Ni), armado con un obús de 150mm, del que solo se fabricaron unos 13 ejemplares, una rareza.

                Cuando esta formación llegaba a entrar en contacto con el enemigo, tenía que hacerlo en tres oleadas. La primera, bajo el mando directo del comandante del regimiento, debía abrir brecha en las defensas enemigas para permitir el paso de la infantería. La segunda oleada estaba bajo el mando del jefe de la infantería a la que se pretendía apoyar y su misión era liquidar las bolsas de resistencia que quedaran y dar apoyo directo a las tropas de a pie que penetraban por la brecha, empleando fuego de supresión para anular al enemigo. Finalmente, la tercera oleada quedaba en reserva bajo el control del Estado Mayor del regimiento blindado y, si todo iba bien, se encargaba finalmente de explotar la brecha obtenida.

                Las operaciones en que participaba una división blindada completa son bastante parecidas a las que acabamos de narrar, por lo que nos limitaremos a citar sus características específicas.

                Para empezar es importante recordar que estamos hablando del empleo de carros en apoyo de la infantería, por lo que en todo ataque de este tipo la división blindada actuaba junto a una de infantería. En este caso el frente de asalto se extendía hasta los 2500 m, pero se mantenían los tres escalones.

Y puestos a hablar de rarezas, de este solo se fabricaron 4 ejemplares. Se trataba del Tipo 4 Ha-To, armado con un mortero de 300 mm.

                Al frente se posicionaban dos regimientos de infantería precedidos por una compañía de carros cada uno. Esta era la primera oleada, que solía actuar unos 350 a 450 metros por delante del resto de la fuerza y cuya misión era acabar con las armas contracarro y posiciones fortificadas que no hubieran sido destruidas por la preparación artillera previa. En la segunda oleada intervenían otros dos regimientos de infantería y se incrementaba el número de carros, pues en esta ocasión se adjudicaba una compañía blindada a cada batallón. La misión de estas compañías de carros de combate era apoyar el avance de la infantería anulando las armas automáticas del enemigo. Llegado el caso, estaba previsto que esta segunda oleada adelantara a la primera y siguiera progresando. Finalmente, como en los ataques regimentales, el resto de la fuerza blindada, aproximadamente un regimiento, quedaba en reserva a la espera de que se abriera la brecha. Si así sucedía, penetraba en la retaguardia enemiga, y en caso contrario servía como apoyo a las unidades de infantería.

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