Y es que desde los años 90 del siglo anterior se ha venido produciendo un nuevo resurgir del oficio de mercenario. Se les comenzó a ver de nuevo en enfrentamientos civiles o étnicos en países con estados débiles, especialmente en África, en conflictos como los de Angola o Sierra Leona.

Sin embargo su verdadero auge se ha producido especialmente a raíz de las guerras de Afganistán e Irak. Estas compañías normalmente están formadas por antiguos militares y veteranos de las Fuerzas Especiales, con sobrada experiencia en operaciones y normalmente con conocimiento del terreno donde trabajan, lo que las ha convertido en elementos presentes actualmente en todos los conflictos y situaciones posbélicas, siendo sus clientes muy variados: desde países desarrollados, a empresas privadas, personas particulares o incluso la propia ONU. Sus servicios han llegado a convertirse en imprescindibles en muchas operaciones, llevando a cabo numerosas funciones como escolta de personalidades, protección de convoyes o vigilancia de bases o infraestructuras de importancia (como por ejemplo embajadas o plantas petrolíferas).

Es este un mercado muy amplio que mueve muchísimo dinero en todo el mundo a lo largo del año. Numerosas son las empresas que se dedican a esta labor como la anteriormente conocida como Blackwater, G4S, Triple Canopy, DynCorp, Aegis Defense Services,… Si bien es cierto que a menudo estas empresas han sido acusadas de ser de poca confianza y de tener el gatillo fácil, al haber estado envueltas en numerosos tiroteos contra civiles (como por ejemplo en Irak), su actuación es de gran importancia para los gobiernos actuales.

Esto se debe a que actualmente la opinión pública es muy influenciable ante la crudeza de las imágenes de un conflicto y muestra una extrema oposición a poner en riesgo las vidas de los militares, de este modo el empleo de contratistas permite a los gobiernos desplegar fuerzas militares en el exterior y mantener así sus intereses, sin que la opinión pública se vea afectada (ya que normalmente la muerte de este personal no afecta al público igual que la de un militar uniformado). Este tipo de empresas está siendo muy utilizado por ejemplo por países como Estados Unidos, quien después de tantas bajas sufridas en escenarios como Irak o Afganistán ha ido sustituyendo poco a poco su elevado número de tropas y ha ido dejando cada vez más la labor de prestar seguridad en estas zonas en manos de  compañías privadas.

Como podemos ver, la opinión pública tiene cada vez más un mayor peso sobre los gobiernos a la hora de hacer uso de sus fuerzas. Para evitar bajas y poder mantener su presencia en el extranjero los gobiernos se verán cada vez más obligados a hacer uso de estas empresas privadas. También en este aspecto el futuro de la guerra cambiará en cuanto que el peso de esta recaerá cada vez más en la tecnología, salvando así vidas humanas. No cabe duda de que la tecnología siempre ha marcado un factor determinante en el campo de batalla, esto podemos verlo en los últimos tiempos con el desarrollo del armamento nuclear, los satélites militares, los GPS o más actualmente los drones. Estamos ante una revolución militar, donde la recopilación de información y la comunicación de datos en tiempo real en cualquier parte del mundo juegan una parte vital, ya que permiten localizar y destruir un objetivo inmediatamente.

La guerra nunca llegará a unos niveles en los que la tecnología pueda suplir por completo a los hombres evitando que nadie muera. Sin embargo, no cabe duda de que los ejércitos se irán volviendo cada vez más dependientes de la tecnología. A la constante mejora de las comunicaciones y transmisión de información en tiempo real, se irán sumando progresivamente nuevos medios automatizados tanto de transporte como de combate que podrán prestar apoyo a las tropas mientras son operados por control remoto; así mismo podrían desarrollarse exoesqueletos capaces de incrementar la capacidad de las tropas. Aunque es difícil poder predecir cómo evolucionará el armamento en el futuro si podemos afirmar que este será cada vez más inteligente gracias a los avances en sensores y robótica.

No cabe duda de que en esta evolución continua del armamento tiene gran importancia el poder económico de una nación, y por supuesto la inversión que esta hace en la industria militar. Esto supone que actualmente Estados Unidos tiene a nivel militar la hegemonía mundial, siendo hasta cierto punto contrastado únicamente por Rusia y China, ya que la Unión Europea a pesar de contar con potencial económico apenas tiene fuerza militar. Sin embargo, es interesante resaltar que, a pesar del poder tecnológico y económico que hoy poseen las grandes potencias, las principales guerras que se están produciendo actualmente no son contra poderosos ejércitos si no contra pequeños grupos de escaso poder militar, cuya verdadera fuerza radica más bien en sus convicciones religiosas o políticas.

Podemos afirmar en este sentido que la naturaleza de los conflictos ha cambiado y el antiguo enfrentamiento de la Guerra Fría entre el eje Este-Oeste ha variado y a dado lugar a nuevas guerras donde el eje ha pasado a ser Norte-Sur. Como hemos dicho anteriormente los conflictos entre estados se irán reduciendo cada vez más gracias a la progresiva expansión a nivel mundial de los sistemas democráticos y a la globalización (que hace que todos los mercados estén interconectados, lo que supondrá que a la larga se confiará más en imponer restricciones y embargos económicos antes que en acciones militares). Las guerras cada vez más se irán limitando a los países más pobres e inseguros, de este modo (como podemos ir ya apreciando) el Sur se volverá cada vez más peligroso e inestable. Esto conllevará inevitablemente una mayor tendencia de los países occidentales de intervenir en el exterior para solucionar estos conflictos locales, con lo que los conflictos serán cada vez más contra agentes sub-estatales y marcarán más la diferencia cultural entre los países del Norte y del Sur.

La actuación militar de los países desarrollados se convertirá así en una labor policial, al mantener el orden y perseguir a los grupos terroristas que amenazan a Occidente. Pero estas intervenciones pueden crear un sentimiento de rechazo y oposición por parte de la población de estos países, que pueden sentirse invadidos y dirigidos por extranjeros ajenos a sus costumbres o religión, aumentando así aún más su general descontento y engrosando las filas del terrorismo. Junto a estos problemas de choque cultural con los países más pobres, habremos de sumar en un futuro tal vez no muy lejano los efectos que tendrá el cambio climático sobre los países menos favorecidos, con los consiguientes enfrentamientos por lograr recursos y movimientos masivos de población hacia los países más ricos en busca de unas mejores condiciones.

En conclusión, podemos afirmar que la guerra es algo inherente al ser humano y por lo tanto siempre existirá y será siempre cruel, sin embargo al igual que este ha evolucionado con el tiempo la guerra también lo ha hecho. El desarrollo constante de la tecnología ha dado lugar a la creación de unas armas cada vez más eficientes y destructivas, que llevan actualmente a plantearse muy en serio un conflicto abierto con otra nación. De este modo los conflictos entre estados serán cada vez menos frecuentes.

Esta tecnología irá teniendo cada vez más importancia e irá haciéndose gradualmente cargo de las tradicionales funciones de las tropas, especialmente en las nuevas guerras en las que los combatientes se camuflan entre la población civil y suponen un grave riesgo para los soldados. De este modo los países occidentales podrán intervenir en el exterior sin tener que temer las bajas sufridas entre sus tropas.

Esto tiene especial relevancia puesto que los países occidentales se encontrarán cada vez más amenazados por el terrorismo internacional y grupos paramilitares y tendrán que responder inmediatamente ante las situaciones de caos local. Los países occidentales deberán ser conscientes de la permanente labor policial que habrán de realizar para mantener la seguridad internacional y alejar las amenazas de sus fronteras. Se verán sometidos a una constante presión por parte del terrorismo que hará que la vida sea cada vez más complicada y bajo la influencia del terror. Está claro que esta amenaza no podrá destruir la economía mundial ni acabar con los grandes estados, pero la larga y dificultosa guerra que habrá que mantener para neutralizar las acciones de estos elementos conlleva el riesgo de que los estados puedan llegar a adoptar medidas que recorten parte de nuestras libertades para poder proteger a sus ciudadanos. En ese momento deberemos ser conscientes del precio a pagar por nuestra seguridad.

Viene de La Evolución de la Guerra y la Violencia Organizada (I)

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