El término conflicto es en sí mismo complejo, ya que si nos atenemos solamente a su propio significado podemos llegar a encontrar hasta seis definiciones diferentes en el Diccionario de la Real Academia Española.

A esto podemos añadir además, que en cuanto a terminología podemos encontrar palabras como: conflicto armado, conflicto, violento, conflicto letal, conflicto contemporáneo,… Pero aún se puede complicar más la comprensión si tenemos en cuenta que a su vez los conflictos se pueden clasificar en numerosos subtipos, de este modo, siguiendo por ejemplo las consideraciones de los expertos de la Universidad de Uppsala de su Department of Peace and Conflict Research podemos encontrar: conflictos armados interestatales, conflictos armados internos, conflictos armados internos internacionalizados,…; a la vez podemos dividirlos de nuevo entre guerras y conflictos de baja intensidad. Todo esto nos da una idea de la complejidad que tiene analizar los conflictos armados y de la evolución que estos han sufrido.

Es apreciable por todos que desde el final de la Guerra Fría la naturaleza de los conflictos ha cambiado. El pasado siglo XX estuvo marcado sin duda alguna por el elevadísimo número de conflictos que se dieron en él, sin embargo, la naturaleza de estos fue variando a lo largo del transcurso del tiempo. Si bien es cierto que el siglo XX estuvo marcado por dos grandes conflictos interestatales que dejarían profunda huella en la historia de la humanidad como la Primera y la Segunda Guerra Mundial, la gran mortandad y destrucción que estas causaron darían pie a que se tratase por todos los medios de evitar conflictos de semejantes dimensiones.

Para evitar recaer en situaciones similares, se creó al finalizar la Segunda Guerra Mundial la Organización de las Naciones Unidas (sustitución de la fallida Sociedad de Naciones). Además, la aparición en el campo de batalla de un nuevo tipo de armamento como la bomba nuclear, suponía que la guerra adquiriese unos nuevos niveles de destrucción que ningún estado estaría dispuesto a aceptar. Estos hechos darían lugar a que con el transcurso del tiempo el número de guerras abiertas entre estados fuese reduciéndose.

De este modo, se produjo durante toda la Guerra Fría una serie de conflictos como la Guerra de Corea, la de Vietnam o la invasión soviética de Afganistán en las que los dos grandes bloques mantuvieron una situación constante de calma tensa, midiendo sus fuerzas indirectamente en conflictos secundarios, en vez de en un enfrentamiento abierto. Esta variación en la naturaleza de los conflictos comenzaría a dar como resultado un tipo de guerra en el que cada vez los ejércitos se enfrentarían menos entre sí y se haría más común una lucha difusa contra elementos guerrilleros armados principalmente con armamento ligero.

Si bien es cierto que ya anteriormente encontramos conflictos en los que empezamos a encontrar combatientes no regulares como los diversos movimientos de Resistencia o los partisanos durante la Segunda Guerra Mundial, a partir de la segunda mitad del siglo XX se multiplicará aún más este fenómeno, con elementos como el Viet Cong o los muyahidines afganos. En este cambio hacia una guerra asimétrica tendrían gran influencia los procesos de descolonización (que darían lugar al surgimiento de conflictos internos en muchas de las antiguas colonias), así como el progresivo desarrollo del radicalismo islámico y de movimientos terroristas.

Podemos afirmar que desde mediados de los años 70 se ha ido produciendo una disminución de los conflictos interestatales y los conflictos han pasado a ser prácticamente internos. Un elemento desestabilizador que causó un aumento de los conflictos armados en el mundo y que tuvo especial repercusión en Europa, sería la desintegración durante la década de los años 90 de la Unión Soviética y de Yugoslavia. Esto daría lugar a la aparición de movimientos secesionistas desafiantes de la autoridad estatal, con ejemplos como los de los Balcanes o Chechenia. Muchos de estos conflictos surgidos en los 90 se alargarían debido a motivos de carácter social interno, a la debilidad de los insurgentes o de las fuerzas gubernamentales (como en los casos de Liberia o Somalia) o a la escasa consistencia de los pactos de paz firmados (lo que también significa que actualmente muchos conflictos están temporalmente inactivos pero no solucionados).

Sin embargo, con la llegada del 2000 podemos apreciar que se ha producido en general un descenso en el número de guerras internas, así como una mayor resolución de conflictos armados importantes. De hecho, se incrementó muy notablemente el número de misiones de mantenimiento de paz en comparación con el siglo pasado, debido a que cada vez es más frecuente que las víctimas de los conflictos armados sean principalmente población civil indefensa. Este es un dato de gran importancia, ya que dichas misiones han contribuido a asegurar la protección de los civiles y a aliviar su sufrimiento durante los enfrentamientos, estabilizando las zonas de conflicto.

Estas misiones tienen gran relevancia ya que el estallido de un conflicto en un mundo globalizado como el nuestro (donde el desarrollo social, económico y militar de las naciones está interrelacionado) no se puede considerar como un mero problema de índole local. Esto se debe a que cualquier conflicto puede dar pie al surgimiento de grupos terroristas que intenten hacerse fuertes gracias a la situación de descontrol y que posteriormente se conviertan a la larga en una amenaza internacional. Ejemplos claros podemos verlos en el surgimiento de grupos terroristas islámicos como Al Qaeda o el Estado Islámico. Así mismo, un conflicto genera siempre masas de refugiados, quienes a la tragedia de abandonar sus hogares deben sumar la complicación que supone el choque cultural de asentarse en otro país. Esto genera dificultades por ambas partes ante las diferencias culturales, como podemos ver actualmente con la masiva llegada de refugiados a Europa.

Como ya hemos dicho, una situación de inseguridad en un territorio puede conducir al surgimiento de luchas internas contra grupos rebeldes o a la aparición de grupos terroristas, sin embargo esto también puede conducir por parte de estados débiles a tomar soluciones drásticas para acabar con estos problemas como la matanza de civiles afectos a estos movimientos. Es por este conjunto de motivos por el que se hace necesaria la cooperación internacional a la hora de acabar con estas situaciones internas de violencia.

Sin embargo, el incremento de grupos terroristas o rebeldes no es el único ejemplo de que a nivel mundial los estados están perdiendo parte del monopolio de la violencia. A estos elementos hemos de sumar otras amenazas como el crimen organizado, el tráfico de drogas, la delincuencia organizada, la aparición de violentas bandas juveniles en las calles,… Un ejemplo muy claro de esta pérdida del monopolio de la violencia es el constante crecimiento de las empresas de seguridad privada, que ofrecen los servicios de mercenarios, constituyendo actualmente auténticos ejércitos privados.

Y es que desde los años 90 del siglo anterior se ha venido produciendo un nuevo resurgir del oficio de mercenario. Asunto que se abordará en la próxima entrada.

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