La mecha prendió el 17 de agosto, cuando cuatro jóvenes Mdewakanton del pueblo de Rice Creek volvían de una expedición de caza al norte del Minnesota con las manos vacías. Al pasar junto a una de las granjas de Acton, uno de ellos cogió varios huevos del nido de una gallina que tenía dueño. Al principio, parece que sus propios compañeros se opusieron, avisándole de que tendrían problemas; al final, los cuatro decidieron ir a buscar pelea contra el dueño de la gallina, al que siguieron a una cabaña de troncos donde se reunía con su familia. Sin embargo, una vez allí todo fueron buenas palabras y los indios incluso decidieron retar a los colonos a un concurso de tiro. En un acto de lo que luego se llamaría perfidia india, aunque tal vez fuera simplemente perfidia humana, los cuatro nativos giraron sus armas contra sus anfitriones y dispararon, matando a cinco de ellos, dos de ellos mujeres, que no estaban armadas. Todo había sido atrevimiento y odio, un estallido repentino que acabó cuando los cuatro asesinos robaron otros tantos caballos para marchar a todo galope de vuelta a su poblado.

warriors
Una partida de guerra Dakota.

Toda acción de este tipo exige cierto grado de alarde, pero tal vez fue excesivo que, cuando llegaron a su poblado al anochecer, los cuatro jóvenes anunciaran a voz en grito lo que habían hecho. Para los más ancianos eran malas noticias. Aprovechando la excusa los blancos se negarían a entregar la comida y el dinero, enviarían soldados para castigar a todo el mundo y exigirían la entrega de los cuatro protagonistas de la historia. Sin embargo, los guerreros de la tribu no estaban de acuerdo. Se reunieron de inmediato y, aunque hubo mucha discusión, al final aprobaron la acción y decidieron que había llegado el momento de hacer la guerra al hombre blanco y recuperar las tierras.

Todo esto estaba muy bien, avisó entonces Shakopee, jefe del pueblo, a la logia de los guerreros, pero solo eran uno de los pueblos de la tribu y, solos, tenían muy pocas posibilidades de vencer a los colonos. Para que la iniciativa tuviera éxito había que convencer al resto de los Mdewakanton, y para ello lo mejor era convencer a Pequeño Cuervo. Durante la noche, los guerreros de Rice Creek enviaron emisarios a guerreros de confianza en otros poblados, para convocar un gran consejo en casa del gran jefe. Llegaron antes del amanecer y su anfitrión los recibió sentado en el suelo, sobre su cama de mantas. “¿Por qué venís a mí en busca de consejo? –les dijo– […] “Id al hombre al que habéis elegido como portavoz y dejad que él os diga qué hacer”. No era, desde luego, la respuesta que los jóvenes guerreros esperaban, y trataron de convencerle con una larga lista de agravios. “Estáis llenos del agua diabólica del hombre blanco –los amonestó–. Sois como perros en la luna de celo, cuando corren como locos y muerden sus propias sombras. Somos pequeños rebaños de búfalos dispersos […] los hombres blancos son como las langostas cuando vuelan tan densas que todo el cielo es como una tormenta de nieve […] Matad a uno, dos, diez, y diez veces diez vendrán a mataros”. Hicieron falta dos cosas para cambiar la actitud de Pequeño Cuervo, un poco de vanidad al decirle que era el único que podía liderarlos, y un poco de insulto al llamarlo cobarde si no lo hacía. Así decayó el sensato consejo del jefe indio, que entonces decidió encabezar la partida de guerra.

Mapa de la región, se puede ver Acton, en el centro de la curva del río, así como la sede de la Agencia inferior, junto a Redwood Ferry, y Fort Ridgely.

Al alba del 18 de agosto, mientras Mary Schwandt veía el amanecer rojo del principio de esta historia, Pequeño Cuervo y los guerreros entraron a saco en la agencia inferior. ¡Matad a todos los blancos! Fue el grito de guerra, en Dakota, que profirieron los asaltantes. La violencia se extendió, solo los indios granjeros y los mestizos, tan sorprendidos como los colonos, se negaron a sumarse al ataque, e incluso se jugaron la vida tratando de proteger a sus convecinos. En apenas unas horas la rebelión se extendió a la agencia superior, para delicia de los guerreros Sisseton y Wahpeton, que se unieron a la matanza. A las 10.00 horas de aquel día de sangre, los dos oficiales y parte de los setenta y seis soldados de la Compañía B del 5.º de Minnesota que guarnecían Fort Ridgely vieron llegar a los primeros grupos de colonos, sangrando, con quemaduras, mudos de horror. Poco después era atacada la caravana de Henry Behnke cerca de New Ulm.

Una caravana de refugiados

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