El primer indicio de la presencia alemana llegó por accidente. A las 10:42 de la mañana, un par de Spitfire que perseguían a unos Messerschmitt sobre el Canal de la Mancha, vieron debajo de ellos el asombroso espectáculo de la escuadra del almirante Ciliax.

Unos minutos más tarde, otros dos aviadores británicos, en patrulla de rutina, salieron de las nubles para encontrarse con el mismo espectáculo. Por fin, a últimas horas de la mañana, el sistema defensivo británico se puso en movimiento. Las órdenes fueron transmitidas por teléfono a las bases del Mando de Costas de la RAF, a una flotilla de destructores en Dover, a escuadrones de lanchas torpederas y a las baterías de artillería costera. Pero la reacción fue vacilante y lenta; tal como había previsto Hitler, los ingleses habían sido tomados por sorpresa.

Las primeras en actuar fueron las baterías costeras de Dover, que lanzaron varias andanadas de proyectiles de 230 mm hacia los distantes buques alemanes que, cubiertos por la niebla, navegaban pegados a la costa francesa. Los proyectiles se quedaron cortos por una milla y, tras 33 andanadas inútiles, las baterías de Dover dejaron de disparar.

A mediodía, la flotilla de Ciliax había salvado la extensión más estrecha del canal- entre Dover y Calais- , perdiéndose de vista. Los navíos alemanes habían recorrido 580 km de aguas prohibidas; 320 más y estarían a salvo. Mientras la flota alemana entraba en el estrechas aguas entre Ostende y la la costa suroriental de Inglaterra, dos lanchas cañoneras y un escuadrón de lanchas torpederas salían a toda velocidad del puerto de Dover, botando y ladeándose a 35 nudos en un mar agitado. El Scharnhorst y su escolta de destructores las repelieron con un huracán de fuego de artillería. Las lanchas lograron lanzar un puñado de torpedos, pero ninguno dio en el blanco.

Casi de inmediato, los artilleros alemanes se enfrentaron a otro peligro: media docena de bombarderos torpederos Swordfish. Aunque escoltados por diez Spitfire, los Swordfish fueron presa fácil para los Me 109 y FW 190. Los cazas alemanes se abalanzaron sobre la formación británica. Sus ametralladoras y cañones de 20 mm agujerearon alas, hicieron estallar depósitos de combustible y desgarraron grandes trozos de lona.

Varios FW 190 bajaron sus trenes de aterrizaje y flaps para reducir su velocidad y ponerse a la altura de los Swordfish. Mientras tanto, los artilleros de los barcos disparaban al mar para crear una cortina defensiva de agua y astillas de proyectil. Uno por uno, los aviones torpederos se estrellaron en el canal y se hundieron. Trece de los 18 aviadores a bordo murieron, cinco supervivientes heridos fueron recogidos por barcos británicos. Ni un solo torpedo había dado en el blanco.

El almirante Ciliax, que observaba los ataques desde el puente de mando del Scharnhorst, estaba sorprendido por la ineficacia de la respuesta británica. Su siguiente preocupación eran las minas. Ambos bandos habían plagado el canal de miles de minas. Los barreminas alemanes habían trabajado varios días para despejar una ruta entre los campos, pero en algunos lugares las áreas despejadas apenas tenía 800 metros de ancho, y eran fáciles de pasar por alto.

Viene de Operación Cerbero (II) – Comienza la aventura

Sigue en Operación Cerbero (IV) – El turno de las Minas, los Destructores y los Bombarderos

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