Una vez que la Fuerza Aérea estadounidense en las islas Filipinas hubo quedado gravemente disminuida en su capacidad de ataque y defensa, los japoneses empezaron a pensar en su siguiente objetivo: la flota del almirante Hart. Cavite es un nombre que tiene importantes resonancias en la historia española. La batalla naval librada cerca de dicho lugar el 1 de mayo de 1898, y la derrota de nuestra marina, supuso a la postre la pérdida de esta colonia asiática a manos de los norteamericanos; irónicamente, la destrucción de la base situada en este mismo lugar el 10 de diciembre de 1941 –ni tan siquiera cincuenta años más tarde– fue uno de los acontecimientos que llevó a los estadounidenses a abandonar, a su vez, el archipiélago.

Fires at Cavite Navy Yard resulting from the Japanese air raid on December 10, 1941. Fifty-four bombers of the 11th Air Fleet were detailed from Formosa and attacked at 1300 hours. Twenty-seven attacked ships and small craft in the bay and the remainder went on toward Cavite, dropping their bombs from a height of 20,000 feet, above the range of the nine 3-inch anti-aircraft guns protecting the base. Almost every bomb fell within the Navy Yard. After the first run, the first flight of twenty-seven withdrew and the other twenty-seven bombers, having completed their attack against ships in the bay, flew in to strike the targets. The attack lasted for two hours. The entire yard was set ablaze; the power plant, dispensary, repair ships, warehouses, barracks, and radio station received direct hits. Greatest damage was done by the fire which spread rapidly and was soon out of control. Admiral Rockwell estimated that five hundred men were killed or seriously wounded. The covered self-propelled lighter YF-181 - perhaps visible in the right center - is loaded with almost 200 burning torpedos, which will be consumed in the flames, crippling the offensive capability of the United States Navy Asiatic Fleet's submarines. At the time this photograph was taken, small arms ammunition was exploding in the center of the heavy blaze on the left. The submarine whose bow is visible at the far right is probably USS Sealion (SS-195), hit by bombs and had settled by the stern. Sealion, a 1450-ton Sargo class submarine, was commissioned in late November 1939 and, in the spring of 1940, deployed to the Far East to strengthen the defenses of the Philippines as relations with Japan deteriorated. Sealion was nested at Machina Wharf with USS Seadragon (SS-194) inboard and minesweeper USS Bittern (AM-36) outboard. Most Sealion personnel were below decks. The first stick of bombs landed from 100 to 200 yards (90 to 180 meters) astern of Sealion; all hands were ordered all hands below. On the second

La base naval de Cavite en llamas, después del ataque japonés.

                La fecha, ya la hemos indicado, fue sin duda un día negro para los aliados en el pacífico pues, mientras el Prince of Wales y el Repulse caían y se hundían bajo un potente ataque aéreo japonés frente a las costas de Malasia, otra escuadra de aviones, igualmente poderosa, lanzaba el ataque destinado a acabar con la presencia naval aliada en las islas Filipinas, no destruyendo los barcos, como en Pearl Harbor, los atacantes eran conscientes que esto había sido en parte un error, sino las instalaciones portuarias, vitales para que estos pudieran operar.

                Todo comenzó en torno a las 12.40 horas, cuando llegó un mensaje radio que decía: “Muchos aviones enemigos acercándose desde el norte, hora estimada de llegada a Manila, las 12.55”. 26 de ellos, “Nell” del 1.er Grupo Aéreo de la Marina Japonesa dirigidos por Ozaki Takeo, cada uno de ellos armado con una docena de bombas de 60 kg, se destacaron del grupo para atacar la base naval de Cavite. Llegaron en torno a las 13.00, volando a más de 7300 m de altitud, y mientras las sirenas sonaban y los barcos, entre ellos el destructor John D. Ford, trataban de maniobrar para alejarse del peligro, los cañones antiaéreos de la base abrieron fuego.

                Desgraciadamente, ni las cuatro piezas de 3 pulgadas, manejadas por tropas del 1.er Batallón independiente de los marines, situadas en Sangley point, ni los cañones de la propia base, tenían alcance suficiente para alcanzar la altura a la que volaban los japoneses, y el único derribo que lograrían iba a ser un P-40 propio que había intentado proteger a los hidroaviones Catalina que trataban de abandonar la base.

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El submarino USS Seadragon, una de las unidades navales que consiguió escapar.

                Los japoneses no tenían prisa pues, con el dominio del aire adquirido dos días antes, podían esperar a posicionarse del mejor modo posible para atacar. Las primeras bombas empezaron a caer en torno a las 13.14 horas, muchas de ellas sobre la bahía de Canacao, cerca del muelle de Machina, sin embargo fue la que cayó sobre la propia base, destruyendo la planta eléctrica, la que hizo más daño, pues sin energía eléctrica no iban a poder funcionar las bombas de agua que alimentaban las mangueras contra incendios, dejando a los bomberos desarmados.

                De entre los buques que estaban amarrados a los muelles podemos citar al buque nodriza para submarinos Otus, que conseguiría escapar; los submarinos Sealion, que recibió dos impactos , y Seadragon, amarrado junto a él, que fue rescatado por el remolcador Pigeon; o los destructores Peary, sobre el que cayó una bomba y Pillsbury, que también escapó. Sin embargo, el daño más grave lo sufrieron las propias instalaciones, especialmente los depósitos de combustible, que acabaron estallando a causa de los impactos recibidos.

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El almirante Thomas C. Hart. Tras abandonar Filipinas se convertiría en el comandante en jefe de las fuerzas navales del ABDACOM, actuando con eficacia pero sin saber enfrentarse a las maniobras políticas que llevaron a su cese.

                Entretanto, desde lo alto del edificio Marsman, el almirante Hart, que se había negado a bajar a un refugio, lo observaba todo y maldecía la ausencia de la derrotada fuerza aérea. “¿Dónde demonios está nuestra protección de cazas?” “Al menos hay un grupo de pilotos que están haciendo las cosa bien”, añadió refiriéndose a los japoneses. La destrucción de Cavite, según el autor John Gordon, analista de defensa y oficial del Ejército retirado fue “el ataque más devastador contra una instalación naval estadounidense desde la quema del astillero de Washington por los británicos en 1814”; el resultado final sería que la flota iba a tener que marcharse de las filipinas, para acabar hundiéndose en el mar de Java, pero esta es otra historia.

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