La primera ruptura de la línea de defensa de Naktong en el sector central del perímetro de Pusan se produjo en la madrugada del 6 de agosto de 1950, cuando un millar de tropas enemigas cruzaron el río Naktong y penetraron en la zona de la 34ª Infantería (24ª División de Infantería).
El comandante del regimiento inmediatamente comprometió su reserva y contraatacó, pero los norcoreanos se aferraron a su cabeza de puente en el lado este del río. Durante la noche el enemigo movió suficientes fuerzas a través del Naktong para reponer sus pérdidas y aumentar su fuerza. Cuando el comandante de la división (General de División John H. Church) se enteró de que el enemigo había cruzado la última barrera natural favorable en el sur de Corea, comprometió a su reserva, la 19ª Infantería (24ª División de Infantería), en un esfuerzo por hacer retroceder al enemigo a través del río. Durante los días siguientes el General Church atacó con todas las tropas que pudo reunir desde su propia división con falta de personal y de las unidades adscritas a ella del Octavo Ejército. Los norcoreanos, sin embargo, continuaron aumentando sus fuerzas al este del Naktong.
Ayer salió a la venta mi último libro (Ediciones Salamina), en el que abordan dos grandes hechos de armas de los Tercios Viejos de infantería española en el teatro mediterráneo. Concretamente el sitio de Castelnuovo (1539) y en el Gran Sitio de Malta (1565).
Las décadas centrales del siglo XVI constituyeron una de las épocas de máximo esplendor del Imperio Turco. Tras concluir victoriosamente la guerra con los persas y pacificar las fronteras orientales, el sultán otomano Solimán, llamado por los europeos el Magnífico, se revolvió contra occidente, plantándose en las puertas de Viena por el norte y asentándose en las plazas africanas de Berbería por el sur. Interponiéndose a ese avance inexorable por el Mediterráneo se encontraban Venecia, a ratos, los reinos españoles de Nápoles y Sicilia, y la isla de Malta de los caballeros de San Juan, verdaderas antemurallas, estos tres últimos, de los reinos de Europa occidental. Afortunadamente para la cristiandad, y en particular para las posesiones del emperador Carlos Quinto, en aquellas décadas fue tomando forma también el ejército cuyas bases sentara don Gonzalo Fernández de Córdoba, el Gran Capitán, que con el andar de los años y victorias como Bicoca o Pavía acabaría dando lugar en las ordenanzas de Génova de 1536 a los celebérrimos Tercios Viejos de infantería española, de fama legendaria, que impusieron su dominio en los campos de batalla durante más de 150 años.
Sin duda las fuerzas blindadas son uno de los aspectos de la Segunda Guerra Mundial que más interés ha atraído durante años, tanto a nivel historiográfico como de aficionados, sin embargo, lo que queremos traer hoy a colación es precisamente lo inútiles que pudieron llegar a ser, a nivel operacional, el táctico lo dejaremos para más adelante, cuando faltaba la infantería.
En otoño de 1944, en la llanura Húngara al norte y al oeste del río Tisza, se dio una situación que tuvo pocos paralelos a lo largo de la Segunda Guerra Mundial, las fuerzas defensoras alemanas “disfrutaron” de una casi paridad entre divisiones de infantería y blindadas. Esta situación, sin embargo, no fue positiva, tal y como contó en una entrevista el entonces Generalmajor Ludwig Heinrich Gaedcke, Jefe de Estado Mayor del 6. Armee.
Panzer VI Königstiger en Budapest, la máquina más poderosa de la panzerwaffe alemana.
“Ya he escrito que en Hungría nuestra carencia de infantería fue la causa de nuestra derrota en la región de la puszta (la llanura húngara). En el campo de batalla propiamente dicho, obtuvimos la victoria repetidamente, si se me permite exagerar ligeramente, pero perdimos la campaña.
Déjenme explicarme. Digamos que estábamos sosteniendo una serie de puntos defensivos, como siempre con fuerzas débiles. Digamos que los rusos atacaban en el flanco izquierdo, y que nuestra posición estaba bajo un ataque no demasiado fuerte y aguantaba bien. ¿Qué era lo que podíamos hacer entonces? Durante la noche, podíamos desplazar rápidamente las fuerzas móviles desde las posiciones del flanco derecho a las del flanco izquierdo, dejando detrás dos o tres vehículos blindados. Entonces, por la mañana, podíamos atacar repentinamente, expulsando al enemigo en el flanco izquierdo con las fuerzas que habíamos traído anteriormente, durante la noche. Una vez más, éramos los vencedores.
Pero mientras tanto, los rusos, con sus fuerzas numéricamente muy superiores, podían haberse dado cuenta de la oportunidad que se les ofrecía en el flanco derecho; y en consecuencia era posible que nos viéramos obligados a retirarnos de nuestra débil posición en la derecha, y luego tener que re estabilizar la situación haciendo volver rápidamente a las fuerzas móviles a dicho flanco. De hecho, así fue como fuimos retrocediendo, paso a paso, hasta abandonar las tierras bajas de Hungría y retirarnos hasta la región de Tokay.
Este es un ejemplo típico de lo que sucede cuando se carece de infantería para mantener las posiciones obtenidas por las fuerzas móviles”.
La batalla de carros más dura de la campaña húngara de 1944 tuvo lugar en torno a la localidad de Debrecen.
La entrevista sigue, más adelante:
“Normalmente ella [la infantería] iba a pie. Por supuesto la habríamos perdido muy deprisa si hubiera permanecido a pie. Pero era numéricamente tan escasa que, con camiones conseguidos de los trenes de suministro, de las zonas de retaguardia, etc., siempre eran capaces de retirarse. Por supuesto, también “se organizaban” con cualquier camión civil utilizable que encontraran. Así, estas divisiones, en realidad, estaban parcialmente motorizadas. De otro modo nunca hubieran sido capaces de moverse [en las retiradas] a la misma velocidad que las divisiones acorazadas.
Recuerdo innumerables conversaciones con mandos subordinados de este tenor: se daban órdenes, basadas en sus propias recomendaciones, para enviar elementos de una división panzer (después de todo, estas no eran en absoluto divisiones panzer completas) al flanco derecho. Pero luego venía siempre la misma pregunta: <<¿Qué debemos dejar en el flanco izquierdo?>> La respuesta, normalmente, era. <<¿Por qué no deja allí un par de carros de combate para vigilar el terreno, no?>>. <<No tengo nada>>. <<Lo siendo, nosotros tampoco>>. De ese modo la posición quedaba vacía y, a lo más tardar sobre las 09:00 o las 10:00 de la mañana el enemigo tenía las alturas que habíamos abandonado durante la noche. Así es como, poco a poco, se pierde terreno”.
Al final, todo acababa dependiendo de la sufrida, cansada y heroica infantería (soldados alemanes en Kursk).
Son unas interesantes reflexiones, que parecen devolver, incluso durante la gran era de los blindados, a la infantería, su condición de “reina de las batallas”.
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